martes, junio 15, 2010

Tener, y ser, un mentor

Cuando compro un libro de terapia física, la página de agradecimientos es una de las primeras cosas que leo, y en realidad me resulta inspirador hacerlo. Aparte de los comprensibles agradecimientos a cónyuges, hijos o padres, quienes han acompañado al autor durante su vida y tolerado amorosamente dos, tres o cuatro años de reclusión del autor mientras éste preparaba su obra, me emociono inmensamente al leer algo como lo siguiente:
A Rodrigo Rodríguez: mi amigo, mentor y maestro, quien me ayudó a iniciar mi carrera, y me guió con sabiduría, paciencia y generosidad durante los últimos 30 años.
La idea de que una persona pueda enriquecer a otra profundamente compartiendo con ella su conocimiento, tanto de una profesión como de la vida en general, me parece sublime y poderosa. Mi admiración va para todas aquellas personas nobles que dedican su vida a la enseñanza y guía de otras personas, para ayudarles a ser tan buenas como puedan ser.

Me encantaría tener un mentor y, de igual forma, espero algún día convertirme en uno.

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