Nota: Por favor lee la introducción de esta serie para que te enteres del contexto.Yo diría que apenas inicié el segundo año de estudios de terapia física --momento en el cual empezamos a estudiar materias específicas de la carrera-- empecé a notar, gracias a lo que había leído por iniciativa propia en libros y otros recursos, que un
montón de cosas
esenciales no se discutían en el aula de clases; se trata de una cantidad importantísima de información que haría mucho más
compleja a la práctica de la terapia física, pero a la vez más
profesional. He llegado ya al último semestre de estudios y ya no tengo esperanzas de que esas cosas se discutan alguna vez en el aula, principalmente para el beneficio de mis compañeros, ya que yo me he enterado de esas cosas por mí mismo y lo continuaré haciendo.
Constantemente se escucha que los profesionales de la terapia física quieren dejar de ser vistos como meros
técnicos,
"enchufadores" de aparatos,
subordinados de otros. Al mismo tiempo,
la formación de los terapeutas físicos en Ecuador tradicionalmente ha sido, y actualmente sigue siendo, deficiente en muchos aspectos, por lo que se me hace muy difícil pensar que realmente estemos preparados para asumir un rol profesional independiente de una forma verdaderamente
responsable, que nos permita garantizar la
efectividad,
eficiencia y
seguridad de las intervenciones que realizamos con nuestros pacientes/clientes. A continuación algunas de las cosas que he notado como estudiante durante las prácticas en centros de rehabilitación física de mi ciudad.
Si los terapeutas físicos empleamos agentes físicos (frío, calor, electricidad, ultrasonido, etc.), deberíamos entender la física del agente y cómo ésta afecta a la fisiología del cuerpo. Deberíamos entender qué propósito y efecto tiene hasta el
último parámetro del aparato que usamos, y qué valores se utilizan en qué casos. Incluso si nos vamos por el camino fácil y escogemos uno de los programas predefinidos que vienen con el dispositivo (en el caso de la electroterapia, por ejemplo), deberíamos ser capaces de interpretar los valores del programa y entender por qué son utilizados. De otra forma, aunque suene feo, somos meros "enchufadores".
Si empleamos ejercicio terapéutico, cada sesión, ejercicio, nivel de carga o resistencia, serie, repetición y periodo de descanso
debería tener un propósito específico; no bastan las prescripciones genéricas de "tres series de 10", "cuatro series de 20" o "15 minutos en la caminadora". En efecto, deberíamos
diseñar los programas de ejercicio o acondicionamiento físico, no simplemente
improvisar una rutina cada día. ¡Se supone que somos
expertos en el ejercicio! Este punto, y también el anterior, se podría extender para cubrir otros tipos de intervenciones (por ejemplo, las terapias manuales) que realizan los terapeutas físicos.
Deberíamos llevar un registro
detallado de
todo lo que se le hace al paciente; generalmente dependemos de nuestra memoria o, peor aún, de la memoria del paciente (actualmente es muy común escuchar, "
¿Qué estábamos trabajando con usted?" o "
¿Qué le hizo mi compañero a usted la última vez?"). Agentes físicos, terapias manuales, ejercicio terapéutico, todo debería estar anotado, minuciosamente, sesión por sesión. Y no sólo qué se hizo y cómo, sino qué se logró con ello: si se obtienen buenos desenlaces, estos registros podrían constituir un sustento para seguir haciendo lo que hacemos, dado que la evidencia científica aún es escasa en nuestra profesión.
Deberíamos adoptar la costumbre de autoformarnos, mediante la lectura de libros, artículos, revistas profesionales, y al mismo tiempo dejar de ver a los cursos y seminarios como la
única o la
mejor forma de aprender algo nuevo. ¡Basta ya de depender totalmente del aprendizaje
de boca en boca! Aunque esta educación autodirigida haga que la formación del terapeuta físico sea un poco más difícil, a medida que el profesional va ganando experiencia debería adquirir concomitantemente la capacidad para buscar, entender y usar el nuevo conocimiento por cuenta propia (a menos que se trate de técnicas que requieran adiestramiento de parte de una persona experimentada, por supuesto). Nuestra formación personal y el interés de nuestros clientes/pacientes deberían pesar infinitamente más que la posibilidad de adjuntar un nuevo diploma a nuestro currículum vítae.
Se supone que cuando una persona acude a un profesional (de cualquier campo) lo hace confiando en que el profesional tiene conocimiento y destrezas que ella misma no posee. Es difícil de creer que, con toda esa discusión de la independización de la terapia física, aún estén ausentes tantas cosas que, como profesionales, se supone que los terapeutas físicos hacen o saben.
Como estudiante de una carrera que tiene que ver con el cuidado de la salud de las personas, me asusta la idea de que rutinariamente se dejen tantas cosas al azar en la práctica de la terapia física.
Debe reconocerse que de la mano de la
independización de una profesión viene la
complejidad, y que la
responsabilidad acompaña a la
profesionalización. Si rechazamos la complejidad perpetuamos nuestro estatus de técnicos, enchufadores, subordinados a otros.