jueves, agosto 20, 2009

Estudiantes atendiendo pacientes particulares: Introducción

Un tema que siempre he tenido en la mente pero que nunca he topado en este blog es:
¿Deberían los estudiantes atender pacientes particulares, por cuenta propia, sin supervisión?
Ahora que mis compañeros y yo estamos estudiando los aspectos éticos de la práctica profesional de la terapia física, me parece que éste es un momento oportuno para discutir algunas ideas en este blog en torno a este asunto, por lo que hoy inicio una serie de entradas sobre esto. Empezaré la serie con dos declaraciones. En primer lugar, la declaración de mi postura en relación con esto:
Los estudiantes no deben atender pacientes particulares.
En segundo lugar, declaro que yo, de hecho, atendí independientemente a un paciente hace unos meses. Se trataba de una persona próxima a mí, y era una situación en la cual yo estaba comprometido. Con toda honestidad diría que, a pesar de que todo salió bien en este caso, si yo hubiera tenido la posibilidad de hacerlo, habría preferido que esta persona sea atendida por un profesional con experiencia. En una ocasión posterior, una segunda persona, con la cual yo no tenía ningún tipo de vínculo, solicitó mi ayuda, y en esta oportunidad tuve libertad para declinar su solicitud inmediatamente. En su lugar, escogí mencionarle el caso a un profesional de confianza, quien se contactó con esta persona para ofrecerle sus servicios. Recalco en este momento que yo no tengo la intención de atender a ningún paciente más por cuenta propia hasta graduarme y obtener mi licencia profesional.

Naturalmente, en esta discusión hay que distinguir entre el escenario en el cual el estudiante trabaja independientemente, sin la supervisión de un profesional calificado, y el escenario en el cual el estudiante trabaja bajo la tutela de un profesional, con la supervisión presencial y constante de éste, como sucede en las prácticas pre-profesionales. No son pocas las historias que se escuchan de estudiantes que atienden por cuenta propia a paciente tras paciente, en los domicilios de estos o incluso en sus propios consultorios (sí, leíste bien: estudiantes con consultorios propios). Estos estudiantes, efectivamente, se están poniendo al mismo nivel que los profesionales licenciados, de una forma insólitamente precoz y atrevida, y compitiendo con ellos profesionalmente. Esto es evidentemente incorrecto desde cualquier punto de vista.

Con esos antecedentes, empiezo esta serie. Espera la primera entrada en los próximos días.

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