De seguro conoces acerca de la renombrada Universidad de Yale. Pues aquí tienes la oportunidad de asistir a una clase en esa institución, impartida por el profesor W. Mark Saltzman, acerca de la biomecánica del movimiento de los organismos:
Utilizando lenguaje fácil de entender, el profesor Saltzman habla sobre el movimiento y las diferentes fuerzas que participan en él, ya sea a favor o en contra de éste, mencionando ejemplos de movimientos de microorganismos, de animales (principalmente de aves) y del ser humano, en medios como el aire, el agua y la tierra, y cómo la forma, la estructura, el peso y el tamaño de los organismos (y sus segmentos) influyen en su movimiento. Una buena proporción de la clase, que dura 52 minutos, está dedicada a la marcha humana; el trote, la natación y el ciclismo también son descritos, pero de una forma mucho más abreviada. Lastimosamente, el video no muestra el pizarrón o pantalla donde el profesor Saltzman proyecta sus diapositivas, pero la explicación verbal y las demostraciones que realiza con su cuerpo son bastante explícitas y compensan esa ausencia.
Este video corresponde a la clase número 19 de una serie dedicada a la ingeniería biomédica. Todos los videos de la serie se pueden observar de forma gratuita mediante el sitio web de Open Yale Courses. En el caso de que tengas curiosidad, más información sobre los programas de ingeniería biomédica en la Universidad de Yale se puede encontrar en el sitio web de la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas.
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lunes, diciembre 27, 2010
domingo, julio 04, 2010
La terapia física y la ingeniería, ¿compatibles? (Parte II)
Ahora que he reanudado mi práctica profesional de informática, y me he vuelto a involucrar en la realidad del ejercicio de una profesión, lo que escribí hace algún tiempo en la entrada "La terapia física y la ingeniería, ¿compatibles?" resuena intensamente en mi mente. En la entrada mencionada, yo manifestaba el hecho de que en las ingenierías (informática o cualquier otra), el profesional es quien tiene la responsabilidad de efectuar las cosas exactamente como deben funcionar u operar. Esto es, el profesional es quien diseña, planifica y ejecuta un trabajo según los requerimientos, constreñimientos y recursos disponibles. El profesional debe mantener un nivel de minuciosidad tal que cualquier falta, sea por ignorancia, descuido o negligencia, se manifestará siempre, sin excepción, tarde o temprano, con consecuencias negativas que se ubican en cualquier punto del espectro, de leves a catastróficas.
En la entrada anterior yo resaltaba estos puntos como diferencias entre lo que yo he constatado en la práctica de la ingeniería y la práctica de la terapia física. En la terapia física he notado la propensión de los profesionales a confiar en su criterio, experiencia, preferencias y conocimiento propios, y en la transmisión verbal del conocimiento, más que en lo que proponen otros profesionales, asociaciones e investigadores, y también el rechazo que oponen a la "rigidez" impuesta por la teoría y el conocimiento escrito. Así es como, por ejemplo, al asistir a una persona que se presenta con una necesidad específica, cada terapeuta físico buscará la libertad de emplear la intervención de su predilección, trátese esta de una intervención "ortodoxa", "complementaria", "alternativa", "holística" o "integral" (masaje, ejercicio, medios físicos, relajación, etc.), y tenga o no respaldo en el que se conoce sobre el cuerpo humano. Lo curioso es que los terapeutas físicos reportarán haber tenido éxito con sus diferentes elecciones: parecería, entonces, que cualquier cosa funciona en la terapia física.
¿En realidad cualquier cosa funciona en la terapia física? ¿O es acaso que las cosas funcionan porque, a diferencia de la ingeniería, en la terapia física entra en juego otro participante, la persona (en cuerpo, mente y espíritu), que es capaz de acoger los beneficios de las intervenciones plausibles, enmascarar las intervenciones inútiles y contrarrestrar los efectos de intervenciones inadecuadas? Un éxito en la intervención probablemente se atribuya a la pericia del terapeuta físico, cuando en realidad podría ser causado por otros factores, incluyendo aquellos generados por la propia persona; en contraste, en la ingeniería, lo que no haga el profesional simplemente no ocurrirá, y por tanto el profesional debe conocer, a ciencia cierta, qué es lo que hace y no hace, o atenerse a encontrar problemas más adelante, con toda seguridad. Por otro lado, al enfrentarse a un problema, es facilísimo achacarle al ingeniero las fallas o imperfecciones de su trabajo, mientras que al terapeuta físico se le concede la posibilidad de que el fracaso de su intervención se debe más a la falta de respuesta del paciente que a la inefectividad de la intervención en sí misma. En conjunto, esto podría explicar en parte por qué en la terapia física aparentemente funcionan tantas cosas, y da lugar a que los profesionales puedan seguir haciendo lo que quieran hacer, según sus inclinaciones.
Entiendo bien que cada persona es individual y única, a diferencia de las máquinas y materiales con los que los ingenieros trabajan. Sin embargo, eso no exonera al profesional de la terapia física de la obligación de conocer profundamente sobre el cuerpo humano antes de plantearse cualquier intervención con cada paciente individual, en lugar de simplemente lanzarse a hacer lo que tradicionalmente se ha hecho (la alternativa más cómoda, sin duda). Esto no quiere decir que el terapeuta físico deba prescindir de su criterio, creatividad, ingenio y destrezas individuales, sino que debería existir una plaforma sobre la cual el terapeuta físico pueda basar sus decisiones acerca de lo que es útil y lo que no lo es, así como existe en la ingeniería* (y en otras profesiones). Personalmente, con la búsqueda de información que hago constantemente, me complace y me otorga seguridad el saber que tal plataforma ya se está conformando, pieza a pieza, en la terapia física; queda por ver si los profesionales de la terapia física, guiados por el objetivo primordial de ayudar a las personas, están interesados en asentarse sobre ella, o si continuarán trabajando fuera de sus márgenes.
(* Quien sostenga que la creatividad, la originalidad y el ingenio no existen en la "rígida", "lógica" y "matemática" ingeniería, que explique la existencia de cosas como un automóvil, un iPod, una prótesis articular o un puente de varios kilómetros de longitud sobre el mar.)
En la entrada anterior yo resaltaba estos puntos como diferencias entre lo que yo he constatado en la práctica de la ingeniería y la práctica de la terapia física. En la terapia física he notado la propensión de los profesionales a confiar en su criterio, experiencia, preferencias y conocimiento propios, y en la transmisión verbal del conocimiento, más que en lo que proponen otros profesionales, asociaciones e investigadores, y también el rechazo que oponen a la "rigidez" impuesta por la teoría y el conocimiento escrito. Así es como, por ejemplo, al asistir a una persona que se presenta con una necesidad específica, cada terapeuta físico buscará la libertad de emplear la intervención de su predilección, trátese esta de una intervención "ortodoxa", "complementaria", "alternativa", "holística" o "integral" (masaje, ejercicio, medios físicos, relajación, etc.), y tenga o no respaldo en el que se conoce sobre el cuerpo humano. Lo curioso es que los terapeutas físicos reportarán haber tenido éxito con sus diferentes elecciones: parecería, entonces, que cualquier cosa funciona en la terapia física.
¿En realidad cualquier cosa funciona en la terapia física? ¿O es acaso que las cosas funcionan porque, a diferencia de la ingeniería, en la terapia física entra en juego otro participante, la persona (en cuerpo, mente y espíritu), que es capaz de acoger los beneficios de las intervenciones plausibles, enmascarar las intervenciones inútiles y contrarrestrar los efectos de intervenciones inadecuadas? Un éxito en la intervención probablemente se atribuya a la pericia del terapeuta físico, cuando en realidad podría ser causado por otros factores, incluyendo aquellos generados por la propia persona; en contraste, en la ingeniería, lo que no haga el profesional simplemente no ocurrirá, y por tanto el profesional debe conocer, a ciencia cierta, qué es lo que hace y no hace, o atenerse a encontrar problemas más adelante, con toda seguridad. Por otro lado, al enfrentarse a un problema, es facilísimo achacarle al ingeniero las fallas o imperfecciones de su trabajo, mientras que al terapeuta físico se le concede la posibilidad de que el fracaso de su intervención se debe más a la falta de respuesta del paciente que a la inefectividad de la intervención en sí misma. En conjunto, esto podría explicar en parte por qué en la terapia física aparentemente funcionan tantas cosas, y da lugar a que los profesionales puedan seguir haciendo lo que quieran hacer, según sus inclinaciones.
Entiendo bien que cada persona es individual y única, a diferencia de las máquinas y materiales con los que los ingenieros trabajan. Sin embargo, eso no exonera al profesional de la terapia física de la obligación de conocer profundamente sobre el cuerpo humano antes de plantearse cualquier intervención con cada paciente individual, en lugar de simplemente lanzarse a hacer lo que tradicionalmente se ha hecho (la alternativa más cómoda, sin duda). Esto no quiere decir que el terapeuta físico deba prescindir de su criterio, creatividad, ingenio y destrezas individuales, sino que debería existir una plaforma sobre la cual el terapeuta físico pueda basar sus decisiones acerca de lo que es útil y lo que no lo es, así como existe en la ingeniería* (y en otras profesiones). Personalmente, con la búsqueda de información que hago constantemente, me complace y me otorga seguridad el saber que tal plataforma ya se está conformando, pieza a pieza, en la terapia física; queda por ver si los profesionales de la terapia física, guiados por el objetivo primordial de ayudar a las personas, están interesados en asentarse sobre ella, o si continuarán trabajando fuera de sus márgenes.
(* Quien sostenga que la creatividad, la originalidad y el ingenio no existen en la "rígida", "lógica" y "matemática" ingeniería, que explique la existencia de cosas como un automóvil, un iPod, una prótesis articular o un puente de varios kilómetros de longitud sobre el mar.)
lunes, noviembre 02, 2009
La terapia física y la ingeniería, ¿compatibles? (Reflexiones en Octavo, Parte VI)
Cuando he contado a las personas que estoy dando un salto profesional de la ingeniería informática a la terapia física, muchos de ellos han reaccionado con asombro y me han dado a entender que no se imaginan qué relación podría encontrar yo entre las dos profesiones.
Hasta hace pocos días, yo me aferraba a la idea de que entre la ingeniería y la terapia física podrían, de hecho, existir algunos nexos, pero ahora veo que la insinuación de la gente de que estas dos profesiones están en extremos opuestos en el espectro de ocupaciones parece tener más peso que el que yo le quería conceder: la terapia física, ahora entiendo, requiere un conjunto diferente de asunciones, creencias, filosofías, tendencias, inclinaciones, disposiciones y actitudes; ahora comprendo también que mi intento de abordar la terapia física desde un punto de vista ingenieril me ha traído más problemas y conflictos que claridad y seguridad.
En la ingeniería informática, como en otras ingenierías, uno diseña de antemano las cosas y luego las construye: cualquier error u omisión en el plan o en su ejecución casi con seguridad se hará patente en algún momento, ya sea inmediatamente o cierto tiempo después, resultando en pequeñas inconveniencias en el mejor de los casos, o bien causando auténticos estragos en el peor de ellos. En las ingenierías, uno trabaja directamente con objetos o máquinas e indirectamente, a través de ellos, con personas. La tecnología y el conocimiento avanzan a tal ritmo, que descuidarse un momento puede significar que uno caiga en la obsolescencia rápidamente. En las ingenierías, uno es quien hace que las cosas funcionen de la forma que uno desea que funcionen, y lo que uno no hace, simplemente no ocurre.
Las suposiciones que yo tenía sobre la terapia física, basándome en mi formación previa en una ingeniería, han resultado ser incorrectas en su mayor parte. De alguna forma, yo me imaginaba que la terapia física (y otras ocupaciones en el sector de la salud, incluyendo a la medicina) era una profesión más definida, clara y certera de lo que veo que es. Al poner a la terapia física y a la ingeniería una al lado de la otra, hay muchísimas cosas de la primera que me desconciertan y desubican; entre ellas puedo mencionar las siguientes (los puntos que menciono no necesariamente implican que la terapia física como se la practica actualmente tenga fallas; lo que me propongo en este momento es resaltar las diferencias):
A pesar de que un enfoque inspirado en la ingeniería en realidad no me ha dado resultado en la terapia física, aún así me propongo acercarme a ella desde otro flanco, uno que me permita fundamentar la mayor parte de las cosas que hago, restándoles cierto grado de incertidumbre, y así elevar mi nivel de confianza. El conocimiento necesario para lograr mi propósito sí existe, sé dónde encontrarlo y planeo explotarlo. Con toda seguridad me tomará más tiempo que al resto de personas el sentirme cómodo sabiendo que tengo la salud de las personas en mis manos, pero este es el camino que deseo seguir, ya que la terapia física que conozco es, en muchos aspectos, incompatible con mi forma personal y habitual de concebir las cosas.
Hasta hace pocos días, yo me aferraba a la idea de que entre la ingeniería y la terapia física podrían, de hecho, existir algunos nexos, pero ahora veo que la insinuación de la gente de que estas dos profesiones están en extremos opuestos en el espectro de ocupaciones parece tener más peso que el que yo le quería conceder: la terapia física, ahora entiendo, requiere un conjunto diferente de asunciones, creencias, filosofías, tendencias, inclinaciones, disposiciones y actitudes; ahora comprendo también que mi intento de abordar la terapia física desde un punto de vista ingenieril me ha traído más problemas y conflictos que claridad y seguridad.
En la ingeniería informática, como en otras ingenierías, uno diseña de antemano las cosas y luego las construye: cualquier error u omisión en el plan o en su ejecución casi con seguridad se hará patente en algún momento, ya sea inmediatamente o cierto tiempo después, resultando en pequeñas inconveniencias en el mejor de los casos, o bien causando auténticos estragos en el peor de ellos. En las ingenierías, uno trabaja directamente con objetos o máquinas e indirectamente, a través de ellos, con personas. La tecnología y el conocimiento avanzan a tal ritmo, que descuidarse un momento puede significar que uno caiga en la obsolescencia rápidamente. En las ingenierías, uno es quien hace que las cosas funcionen de la forma que uno desea que funcionen, y lo que uno no hace, simplemente no ocurre.
Las suposiciones que yo tenía sobre la terapia física, basándome en mi formación previa en una ingeniería, han resultado ser incorrectas en su mayor parte. De alguna forma, yo me imaginaba que la terapia física (y otras ocupaciones en el sector de la salud, incluyendo a la medicina) era una profesión más definida, clara y certera de lo que veo que es. Al poner a la terapia física y a la ingeniería una al lado de la otra, hay muchísimas cosas de la primera que me desconciertan y desubican; entre ellas puedo mencionar las siguientes (los puntos que menciono no necesariamente implican que la terapia física como se la practica actualmente tenga fallas; lo que me propongo en este momento es resaltar las diferencias):
- En la terapia física, la confianza absoluta en lo que uno ha constatado con sus propios ojos gracias a su experiencia y la de aquellos que le rodean, frente a reconocer el valor y aprovechar lo que conocen y hacen otras personas en otros lugares del mundo, fundamentándose en la investigación y en la ciencia.
- La fe que uno tiene que tener en que las cosas funcionarán en la terapia física, frente a realizarlas con el conocimiento de que hay un determinado nivel de probabilidad de que funcionen.
- El énfasis que se pone en que el terapeuta físico idee sus propias intervenciones, frente a ceñirse a lo que tiene respaldo en el conocimiento científico actual de la anatomía funcional, la fisiología, la biomecánica, el comportamiento motor, etc.
- En la terapia física, la confianza en el criterio individual de cada terapeuta a la hora de seleccionar intervenciones, frente a una práctica fundamentada en guías, directrices, patrones y protocolos.
- En la terapia física, la comprobación subjetiva de que las intervenciones han dado resultados, frente al empleo de medidas estandarizadas, confiables, específicas, sensibles, objetivas.
- El sustento de la práctica de la terapia física sobre conocimiento que tiene varias décadas de antigüedad, frente a la constante preocupación de la ingeniería para modificar lo que se hace para adaptarlo continuamente a lo que se descubre cada día.
- El rechazo de la tecnología debido a la creencia de que ella descuenta el trato cálido y humano que dan los terapeutas físicos, frente al interés de incorporarla para mejorar el servicio que se provee y ampliar las posibilidades de obtener nueva información y conocimiento.
A pesar de que un enfoque inspirado en la ingeniería en realidad no me ha dado resultado en la terapia física, aún así me propongo acercarme a ella desde otro flanco, uno que me permita fundamentar la mayor parte de las cosas que hago, restándoles cierto grado de incertidumbre, y así elevar mi nivel de confianza. El conocimiento necesario para lograr mi propósito sí existe, sé dónde encontrarlo y planeo explotarlo. Con toda seguridad me tomará más tiempo que al resto de personas el sentirme cómodo sabiendo que tengo la salud de las personas en mis manos, pero este es el camino que deseo seguir, ya que la terapia física que conozco es, en muchos aspectos, incompatible con mi forma personal y habitual de concebir las cosas.
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