En contraste, ¿llegará alguna vez el día en el que se arraigue la noción de que saber inglés es bueno para todos los profesionales que se desenvuelven en ramas relacionadas con la ciencia, como es el caso de la terapia física? A diferencia de lo que ocurre con el consumo de frutas y vegetales, se me hace difícil pensar que entre los pobladores de los países a los que va dirigido este blog haya problemas de acceso al inglés, y tampoco se me ocurre alguna contraindicación para saber inglés; el no hacerlo es, en estas circunstancias, netamente un tema de elección personal.
Ya son algunas las ocasiones en las que he recibido comentarios de este tipo (la más reciente aquí; no puedo saber si estos comentarios provienen de la misma persona o más de una):
Buena la información que presentas, pero no ayudas a la gente.En primer lugar, estos comentarios me parecen contradictorios. Por un lado, los comentarios reconocen que la información es valiosa, pero al mismo tiempo sostienen que es inútil. En esta situación, yo me pregunto, ¿qué está fallando, la información o el que la lee? Si es buena información, ¿no conviene buscar la forma de aprovecharla? En segundo lugar, varias personas me han dicho lo contrario, que han podido utilizar efectivamente algunas cosas en inglés que he presentado, y eso me anima. Previamente he expuesto una buena cantidad de argumentos para presentar información en inglés en este blog: aquí, allá y acullá. Pienso que yo ya no tengo mucho más que decir sobre este asunto.
Seguiré presentando información que considero valiosa, ya sea en inglés o en español (quien sabe, talvez en otros idiomas en el futuro, como planteaba un lector en los comentarios de esta entrada). No desistiré en mi recomendación: ¡Vamos, aprende inglés! ¡Es bueno para ti!
(* Se entiende que hablo de aquellas en buen estado, debidamente aseadas, sin contaminantes.)