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viernes, agosto 26, 2011

Nos estamos perdiendo los últimos 50 años de evolución de la terapia física

La historia y la evolución de la profesión de la terapia física en los países desarrollados actualmente ubica a esta profesión en una era en la que ha dejado de ser un emprendimiento empírico para empezar a transformarse, paulatinamente, en una ciencia aplicada. Es decir, la terapia física en los países desarrollados actualmente se sitúa en una época en la que la ciencia y la investigación se están empleando, de una forma cada vez más rigurosa, para comprender más acerca del cuerpo humano, y para idear y emplear intervenciones que aprovechen ese conocimiento teórico y práctico. Como una señal de esto, es cada vez más frecuente encontrar, en esas regiones del mundo, a profesionales de la terapia física con títulos académicos avanzados como el doctorado académico* (Ph. D.).

En el Ecuador, la terapia física continúa en una era previa, aquella del conocimiento empírico y de la tradición; de hecho, en esencia se podría equiparar la práctica actual de la terapia física con la artesanía, por el hecho de que el conocimiento, obtenido de forma ancestral mediante la experiencia y el criterio personal individual, se transmite de generación a generación, del venerado "maestro artesano" al dependiente "aprendiz", sin mucha consideración del conocimiento moderno obtenido mediante la investigación científica. En el caso más grave de atraso que yo haya constatado personalmente, desfase que frecuentemente supera los 50 años, se nos solicitaba estudiar un texto cuyas referencias bibliográficas no eran más recientes que 1955, en el cual una parte nuclear de la exposición estaba sustentada en conocimiento publicado en 1911**.

La ciencia de la biomecánica, la cual en mi opinión es uno de los pilares de la terapia física moderna, es una ciencia joven, que surgió formalmente en la década de 1970. Es decir que nuestro atraso de 40 o 50 años implica que recién nos estamos enterando de la biomecánica en nuestro país; esto es precisamente lo que se puede evidenciar con su reciente inclusión, como una materia con peso propio, en los programas de terapia física. En peor situación están la fisiología del ejercicio y el comportamiento motor, otros dos pilares de esta profesión, que aún no se incluyen como tales en casi ningún programa de estudio de terapia física en este país***. En el caso particular del comportamiento motor, los descubrimientos efectuados en décadas recientes obligarían a todo profesional a buscar y explorar alternativas más sintonizadas con el conocimiento actual que las técnicas que se utilizan desde hace cincuenta años como si fueran "lo último"; lo curioso es que incluso esas técnicas (como Bobath y FNP) se han replanteando y modernizando con el paso de los años, pero pocos conocen esos cambios o los aplican, como expliqué anteriormente en este blog.

Afortunadamente, con la ayuda del Internet, que es una herramienta que está ampliamente difundida desde hace por lo menos 10 años en nuestro país, el mismo conocimiento que utilizan los estudiantes y profesionales de países y regiones científicamente desarrollados, como E.U.A., Canadá, Europa y Australia, ahora está disponible para cualquier persona que quiera aprovecharlo, en casi cualquier parte del mundo (en Latinoamérica estamos en una posición favorable en este sentido, ya que no es difícil realizar pedidos internacionales; basta una tarjeta de crédito y un poco de paciencia con el cartero). Por este hecho, pienso que ya no hay pretextos: ya no se puede aludir que nuestro atraso se debe a que no tenemos acceso a la información; en realidad, escapar de nuestro atraso de 40 o 50 años es ahora únicamente una cuestión de compromiso y voluntad personales.

(* En E.U.A., como hemos dicho antes, el terapeuta físico ahora empieza su práctica profesional con el doctorado clínico [DPT], lo que involucra, en total, siete años de estudios, como se explica en esta entrada.)
(** ¿O era 1914? ¿O 1917? Para los propósitos de esta entrada, evidentemente da lo mismo. Personalmente, me llama la atención saber que aún haya gente que cree que no ha pasado nada nuevo en los últimos cien años.)
(*** Hay una sola excepción, hasta donde yo sé.)

martes, junio 07, 2011

¿Te identificas como un profesional de la medicina, o no?

No hay duda de que la imagen y el rostro de la medicina es el médico: es decir, el "doctor" al que acude la gente cuando tiene algún problema de salud. Esa figura está tan presente en la mente de las personas que, en lo personal, me ha resultado muy difícil conseguir que la gente que me conoce recuerde que estudio fisioterapia, y no medicina (por ahí alguien pensaba que yo estudiaba fisiología). Por ejemplo, me he cruzado con profesores de la facultad de ingeniería donde me gradué que me reconocen como "el estudiante que se cambió de ingeniería a medicina"; me he reencontrado con amigos que me preguntan cómo van mis estudios de medicina; en un centro de práctica de fisioterapia me topé con una vecina que se sorprendió al saber que estudiantes de medicina hacían prácticas allí (según ella, yo era uno de ellos); y a diario me veo involucrado en situaciones en las que las personas se acercan a mí con preguntas que esperarían que alguien que estudia medicina sería capaz de responder.

Mi pregunta para ti en esta oportunidad, como estudiante o profesional de la terapia física, sería la siguiente: Ubicándote en las situaciones que describo hoy, ¿qué tan identificado o desafiliado, cómodo o incómodo, halagado o insultado, te sentirías con el hecho de que la gente crea que estudias medicina, y ni se acuerden de (o ni se imaginen) la existencia de la terapia física? Como parte de esto, ¿te gusta o te disgusta la imagen que tiene la medicina en la mente de la gente, y te consideras a ti mismo un profesional de la medicina a pesar de que no eres médico?

Te pregunto esto porque conozco a estudiantes y profesionales de la terapia física que no se sentirían muy orgullosos al decir que se desenvuelven en el campo de la "medicina" como se la concibe convencionalmente, y que reclaman una identidad fuerte e independiente para la terapia física, y un rol más definido y prominente para los terapeutas físicos dentro del equipo de salud y en la percepción del público. Algunos fisioterapeutas ven a la terapia física como una especie de puente que une lo "convencional" con lo "alternativo", como una profesión que, a diferencia de la medicina "convencional", se preocupa por la persona en su totalidad y no solo por su cuerpo (o sus partes); así, ven a la fisioterapia como una profesión de la salud en la cual tienen la oportunidad para explorar una variedad de conocimientos, tendencias, inclinaciones y filosofías, estén o no ligadas con la medicina "convencional".

Como le comenté a uno de mis profesores más estimados de terapia física en uno de los primeros semestres de la carrera, personalmente me gustaría que la terapia física fuera un poco más como la medicina, en el sentido de que sea considerada una aplicación de la ciencia al cuidado de la salud, basada en un estudio exhaustivo del cuerpo humano. De esta forma, como he dicho reiteradamente en este blog, me gustaría que en las aulas de terapia física el énfasis estuviera concentrado en las ciencias que estudian y explican el movimiento humano, viéndolas como un requisito absolutamente imprescindible para sustentar las intervenciones que se emplean con el objetivo de recuperarlo u optimizarlo.

No es un secreto que mi involucramiento con la terapia física no se inició precisamente de un interés por la profesión en sí misma, sino por la curiosidad que tenía (y conservo) acerca del organismo humano, en particular sobre cómo se mueve. En este sentido, el empleo que hace la medicina de la ciencia para entender el cuerpo humano, y para encontrar formas de aplicar la ciencia para contribuir a la salud y bienestar de las personas, es lo que me llamó la atención en primer lugar. Así, personalmente, me gustaría sentir y decir que soy un profesional de la "medicina", a pesar de que no soy médico.

¿Qué me dices tú?

miércoles, mayo 25, 2011

Urgente: se requiere una gran dosis de teoría

Desde que tomé mi primera clase de terapia física, hace más de cinco años, pero principalmente desde que arranqué con este blog, hace casi tres, mi opinión personal ha sido que los terapeutas físicos deben restarle tiempo a la aplicación de pomadas "calientes", masajes y ultrasonido, y dedicarlo en su lugar al estudio de la "teoría" de la terapia física. Es decir, mi opinión es que la nueva generación de terapeutas físicos debe reorientar totalmente su formación y su labor, de tal forma que el hacer lo que visto o lo que me han dicho pierda su sitio definitivamente ante el evaluar y pensar por qué hago lo que hago en primer lugar; para lograr esto, considero que la terapia física debe utilizar a la teoría como su asiento. En otras palabras, la terapia física, desde mi punto de vista, debe iniciar su migración --hasta hoy postergada pero absolutamente necesaria-- de lo técnico a lo profesional, y la teoría es la nave que debe abordar para llegar a su destino.

No han faltado comentarios verbales y escritos que me cuestionan y me critican por mi concentrado empeño en la teoría. Sin embargo, nadie ha conseguido, hasta hoy, lograr que yo cambie de parecer: se requiere una gran dosis de teoría para revitalizar y rejuvenecer a la terapia física. ¿Cómo es que, al parecer, casi nadie ha considerado este tratamiento?

Así como un vehículo cuyo volante está trabado en un solo sentido requiere un fuerte giro en el sentido contrario para centrarse, o una balanza inclinada totalmente hacia un lado necesita un gran contrapeso para nivelarse, mi marcado énfasis en la teoría busca alterar el rumbo que se ha mantenido durante décadas en la práctica de la terapia física en nuestro país, práctica que ha estado basada casi enteramente en el criterio personal y frecuentemente desvinculada de la ciencia y la evidencia, una labor que aún tiene más similitudes con una artesanía que con una ciencia aplicada. Con este objetivo en mente, es claro que un leve empujón (un pequeño giro, un liviano contrapeso) no lograría absolutamente nada.

He exprimido mi cerebro intentando encontrar el sentido de lo que se hace en la terapia física, pero no lo he conseguido; cómo las cosas han permanecido inalteradas por décadas incluso ante la emergencia de toneladas de información nueva que nos urge a reconsiderar lo que hacemos, continúa siendo desconcertante para mí. Simultáneamente, buscar el fundamento que siento que hace falta a esta profesión me significa diariamente un gran y --generalmente-- solitario esfuerzo, y la verdad es que aún estoy muy lejos de donde quiero estar. Sin embargo, la alternativa, seguir la corriente, representa una posibilidad que, aunque muy seductora, cómoda y fácil, sería una gran traición para conmigo mismo (y para la gente a la que pretendo algún día servir). La teoría es la boya que me mantiene a flote al ir contracorriente.

¿Alguien por ahí comparte mis sentimientos sobre esto?

domingo, mayo 15, 2011

Luis Antonio Valencia y la importancia de la Terapia Física

Luis Antonio "El Toño" Valencia es uno de los mejores jugadores ecuatorianos de fútbol de todos los tiempos. Su habilidad, fuerza, velocidad y garra le han permitido ganarse el reconocimiento de los aficionados y de la prensa de todo el mundo. En 2010, su brillante y prometedora partipación en el Manchester United fue interrumpida abruptamente por una lesión muy grave que lo alejó de las canchas por alrededor de seis meses. Tras su recuperación y su reciente reintegración progresiva al juego profesional, Valencia ha desempeñado un rol importante en la consecución del campeonato del Manchester United en la liga inglesa.

En la reciente entrevista que verás a continuación, Luis Antonio Valencia narra la historia de su lesión y el proceso que le condujo a su recuperación. Lo que quisiera destacar de este video es la explicación que el Toño Valencia efectúa sobre sus vivencias durante el proceso, una experiencia de angustia, dolor, esfuerzo y esperanza que es compartida por toda persona cuya vida cotidiana ha sido alterada significativamente por una lesión. El apoyo de su familia y de sus compañeros fueron vitales durante el proceso, cuenta Valencia, pero, cómo él mismo lo dice repetidamente, el trabajo de su equipo médico, pero particularmente de su fisioterapeuta (su "fisio"), fue transcendental.



Los ecuatorianos estamos orgullosos de Valencia y contentos por su retorno a las canchas, y le deseamos una larga y exitosa carrera en el fútbol internacional. En lo personal, este video ha conseguido ampliar grandemente mi noción de la importante influencia que los terapeutas físicos podemos tener en la vida de las personas; una posibilidad, y a la vez un privilegio, que acarrea muchísima responsabilidad profesional.

jueves, diciembre 30, 2010

Compartir con compañeros y aprender de ellos

En los años en los que estudiaba ingeniería en la universidad, las conversaciones que tenía con mis compañeros en los tiempos libres con frecuencia eran más productivas que las clases en sí mismas. Personalmente, puedo decir que de esos intercambios, que eran casuales e informales más que planeados y estructurados, obtuve información valiosísima sobre herramientas, técnicas y recursos en ingeniería que sin duda me ayudó a ubicarme en esa profesión; espero haber aportado para que otros saquen provecho también. De especial significación, las conversaciones que mantuve con un compañero, que era el más joven de la clase pero que evidentemente sabía mucho más que yo y que el resto de compañeros --y con seguridad mucho más que la mayoría de profesores--, eran particularmente esclarecedoras y tremendamente interesantes (tú sabes quién eres... ¡Muchísimas gracias y feliz cumpleaños!)

Me hubiera encantado que una situación similar se hubiera producido cuando estudiaba terapia física en la universidad. A fin de cuentas, uno va a la universidad con el objetivo primordial de aprender acerca de una profesión, por lo que se esperaría que existiera la disposición de los estudiantes para generar un ambiente favorable y amigable para discutir y compartir temas relacionados específicamente con la profesión. Aparte de unas cuantas conversaciones que tuve con compañeros y compañeras de forma individual o en grupos pequeños, y en un par de ocasiones con toda el aula, no hubo la oportunidad de establecer un hábito de discusión o de intercambio de información de terapia física con los compañeros.

En mi caso particular, el lanzamiento de este blog a mediados de 2008 constituyó un intento por satisfacer esa necesidad de comunicación y por propiciar conversaciones con mis compañeros, ya sea que concordaran o no conmigo en relación con lo expuesto. En más de dos años de existencia de este blog, he tenido la suerte de recibir bastantes respuestas y opiniones de profesores (¡gracias, profes!); recibir igual o mayor cantidad de contestaciones de mis compañeros me hubiera encantado cuando todavía asistía a la U, francamente (¡aunque no me quejo si empieza a ocurrir!).

A los estudiantes que aún tienen contacto diario con sus compañeros en las aulas, una recomendación: Empéñense por buscar oportunidades de conversación con sus compañeros, ya que de ellos también se puede aprender mucho, en especial porque los compañeros probablemente se encuentran en la misma situación que uno y pueden tener las mismas dudas, inquietudes, preocupaciones, motivaciones e intereses en torno a la profesión en particular, pero también sobre la vida en general.

sábado, noviembre 13, 2010

La autoformación como una posibilidad de educarse

Durante el tiempo que he pasado en las aulas, he tenido la oportunidad de conversar con muchísimos estudiantes de terapia física sobre la educación que hemos recibido. Para la mayoría de ellos, los estudios de terapia física son los primeros que han emprendido; para otros, en menor número y generalmente de mayor edad, éste es su segundo paso por las aulas. Muchas de las cosas que me han expresado todos estos estudiantes coinciden con lo que yo pienso sobre la educación (y sobre la profesión), pero hay una noción en la que diferimos consistentemente y que es casi una regla entre todos ellos: la idea de que para que uno aprenda algo es absolutamente necesario que alguien se lo enseñe.

Cuando hablamos sobre la educación que han recibido y la que buscarán en el futuro, todos los estudiantes con los que he conversado han expresado un fuerte deseo de saber más. Al tratar el tema de qué medios emplean o emplearán ellos para educarse, todos, casi sin excepción, me hablan de medios que involucran (como en el caso de las aulas de clases) el contar con una persona que les enseñe lo que quieren, o deben, saber.

Me pregunto por qué está vigente la idea de que dependemos de otros para aprender, en una época en la que la información está disponible para quien la busque. Tras identificar deficiencias en su formación, al encontrarse conformes con la educación recibida pero queriendo complementarla, o bien al tener un interés personal que no se satisface en las aulas, pareciera que las personas se topan con un gran muro, en apariencia ineludible, que les niega el avance sin ayuda externa. Se percibe una gran impotencia entre las personas para saltar esta barrera, y la posibilidad de formarse por sus propios medios generalmente no se menciona ni se considera; pareciera que la gente en general ha asumido que la educación es inconcebible, imposible, infructuosa o ineficiente si no hay siempre una tercera persona de por medio.

Al mismo tiempo que apoyo la noción de que un profesional debe buscar educación formal en las aulas de universidades e instituciones educativas, soy un proponente de la autoformación. Estoy convencido de que uno puede, por iniciativa y acción propias, aprender un montón de cosas. Como digo, la posibilidad de acceder al conocimiento es prácticamente ilimitada en la actualidad; si uno se lo plantea, puede conseguir información en libros impresos (que uno recibe en la puerta de su casa en unas pocas semanas) o libros digitales (a los que uno accede inmediatamente); cursos, certificaciones y seminarios en línea; videos en CD, en DVD o en línea; revistas profesionales y membresías en asociaciones internacionales; sitios web y blogs gratuitos o con suscripción pagada; aplicaciones de computadora para escritorio o por Internet, entre muchísimas otras posibilidades (en este blog he mencionado varios ejemplos concretos de recursos que están esperando ser explotados).

Siempre me pregunto, ¿que la gente no se incline por la autoformación será un asunto de costo? Lo dudo, porque los recursos que menciono muchísimas veces tienen un precio que es apenas una fracción de aquel de los cursos en universidades o institutos. ¿Será por el idioma? Aunque en inglés se encuentra un mayor número de recursos, también existen en español (o en el idioma que sea de tu preferencia). ¿Será porque no tenemos el hábito de la lectura, de la consulta y de la investigación? ¿Será porque la formación que recibimos en nuestras familias y en la escuela, en el colegio y en la universidad no cultiva la curiosidad y no incentiva la autosuficiencia en la educación? ¿Qué me dices tú?

martes, octubre 19, 2010

La Terapia Física, una de las mejores carreras en E.U.A. (Parte III)

CNNMoney.com ha escogido nuevamente a la terapia física como una de las mejores carreras en Estados Unidos de América en el año 2010 (acá y allá reporto lo que CNNMoney.com y otros dijeron en el 2009). Para este año, la terapia física asciende al cuarto puesto; en el 2009 estaba en una --también honorable-- séptima ubicación.

En la página que describe a la terapia fisica, CNNMoney.com menciona el salario anual (en promedio USD75,000 para un terapeuta físico experimentado), el crecimiento esperado en los próximos 10 años (30%) y las calificaciones de "calidad de vida" de los terapeutas físicos (la satisfacción personal, el crecimiento futuro y el aporte a la sociedad se llevan todos una "A").

Curiosamente, entre las 10 mejores carreras (aquí la lista de las 100 primeras), dos tienen que ver con la tecnología de la información y tres con el cuidado de la salud; la arquitectura de software se lleva el primer puesto de la clasificación general. El resumen por "sector" (o "industria") muestra las mismas tendencias: combinadas, la tecnología de la información (information technology) y el cuidado de la salud (health care) se llevan una gran tajada de todos los puestos (se podría decir que, si viviera en E.U.A., yo estaría "medio bien" perfilado con mis dos profesiones). En orden de mejores salarios, los médicos siguen al tope de las listas, ubicándose en los seis primeros lugares; sin embargo, la primera de las especialidades médicas incluidas aparece recién en el puesto 25 de la clasificación general (otras aparecen en los puestos 29, 34, 65, 78 y 100).

viernes, octubre 01, 2010

¿Ser un profesional o ser un técnico?

El siguiente texto que encontré en el libro Therapeutic Exercise for Musculoskeletal Injuries(Peggy Houglum; 3ra. ed, 2010) refuerza el principal punto que he intentado exponer en este blog: El terapeuta físico, como profesional de la salud, debe conocer y entender, no solo hacer. Como señal de la importancia que quiere otorga a esta noción, la autora expresa lo siguiente en la primerísima página de su libro (la cual puedes ojear en Google Books, o bien conseguir el libro completo en su versión impresa en Amazon o su versión electrónica en Human Kinetics):
Qué, por qué, cuándo, cómo, dónde y quién son preguntas que se formulan frecuentemente en la medicina. Conocer sus respuestas no siempre es fácil o incluso posible. Entenderlas puede ser aún más difícil. Intentar conocer y entender las respuestas, sin embargo, es la meta de los profesionales del cuidado de la salud. Conocer y entender estos cómo, por qué, cuándo, cómo, dónde y quién del cuidado de la salud define las diferencias entre técnicos y profesionales.

Una cosa es meramente hacer algo y otra es entender por qué se hace algo. Para ser un verdadero profesional del cuidado de la salud, tú no solo debes saber cómo ejecutar las técnicas y destrezas que son parte de la profesión, sino aún más importante, tú debes tener el conocimiento para apreciar por qué una técnica o destreza es utilizada y entender el impacto de su aplicación. El desafío no consiste en poner un peso en un tobillo sino en entender por qué se lo hace, cuándo debe ser hecho y qué impacto tiene esta acción en el cuerpo. En un discurso impartido en 1985, Diane Ravitch* dijo, "La persona que sabe 'cómo' siempre tendrá un trabajo. La persona que sabe 'por qué' siempre será su jefe". El técnico sabe cómo; el profesional del cuidado de la salud sabe por qué. Un técnico puede aplicar la técnica, pero un profesional conoce, aprecia y entiende la técnica.
Como he intentado demostrar en este blog, el conocimiento que existe en el campo de la terapia física es vasto; aunque encontrarlo es cada vez más fácil, conocerlo y entenderlo puede ser difícil, como nos dice la autora, pero es algo en lo que todo profesional debe empeñarse. En Ecuador, con el salto de la tecnología médica a la licenciatura como punto de entrada a la profesión, la nueva generación de terapeutas físicos debe identificar a esta noción como una de las fuerzas principales que impulsan este progreso.

(* Según Wikipedia, Diane Ravitch es una figura en el campo de la educación en Estados Unidos de América. La frase que menciona la cita que hago hoy se puede encontrar en este artículo de la revista TIME, entre otros lugares.)

domingo, agosto 29, 2010

Cuerpos desnudos

Durante las clases en la universidad, en ocasiones convenía que los estudiantes nos quitemos la ropa durante ejercicios como el examen físico, la observación de la postura o la práctica de alguna técnica. El recelo de todos nosotros para desnudarnos frente al resto de compañeros era palpable, particularmente en el caso de las mujeres. Yo tuve que mostrar mi humanidad en varias ocasiones* --en una de ellas no tenía puesto nada más que el calzoncillo frente a veinte personas, durante un lapso que, dadas las condiciones, me pareció bastante extendido--, y puedo atestiguar que se trata de una situación ciertamente incómoda.

En las prácticas en hospitales, en muchísimas ocasiones vi pacientes --varones y mujeres de todas las edades-- parcial o totalmente desnudos. Algunos de ellos estaban en una condición de salud delicada y no tenían la posibilidad de exteriorizar su aceptación o rechazo a ser observados por ojos extraños; otras personas, a pesar de estar conscientes (pero aún así en una posición vulnerable o de dependencia), tampoco se expresaban en uno u otro sentido, posiblemente porque asumían que los estudiantes y profesionales de la salud deben observar sus cuerpos como parte de su trabajo, y que lo hacen con seriedad y con el objetivo de brindarles una atención adecuada. En una ocasión una paciente solicitó explícitamente ser atendida por mis compañeras mujeres, y que los estudiantes varones nos alejáramos de ella, algo que era absolutamente comprensible. Igualmente, no fueron raras las ocasiones en las que un paciente desnudo estaba expuesto a la mirada de decenas de personas, entre profesionales (médicos, enfermeras, terapeutas), estudiantes, trabajadores sociales, familiares y compañeros de habitación (y hasta los visitantes de estos últimos).

Como expresé anteriormente, deberíamos preguntarnos si los deseos, las necesidades y las aspiraciones del paciente deberían guiar las intervenciones de terapia física y tener más peso que la conveniencia del profesional. En este sentido, si para realizar alguna intervención de terapia física es necesario exponer alguna parte del cuerpo de una persona, se debería solicitar explicítamente su autorización (claro, siempre que esté en la capacidad de responder), y asimismo efectuar todos los procedimientos necesarios, por laboriosos que sean, para mantener cubiertas aquellas regiones sobre las cuales no sea necesario trabajar.

He visto libros sobre masaje y terapias manuales que dedican capítulos enteros al tema de la exposición y cobertura del cuerpo del paciente según la intervención a realizar. Los procedimientos, que involucran sábanas, toallas, paños, almohadas y otros implementos para cubrir el cuerpo del paciente, al igual que formas específicas de instruirle que coloque o gire su cuerpo y técnicas para evitar el contacto con zonas consideradas delicadas (como el tejido mamario, en el caso de las mujeres), muchas veces no son tan inmediatamente obvios que el estudiante pueda idearlos espontáneamente al momento que le toque intervenir, incluso en el caso de un "simple" masaje. Por tal motivo, cómo respetar la intimidad y el pudor de los pacientes debe ser parte del conocimiento del profesional, y por tanto es un tema que debería enseñarse formalmente en los programas de estudio de terapia física, en lugar de dejar que sea un aspecto que el estudiante deba descubrir por cuenta propia, casualmente, a medida que gane experiencia.

(* Teníamos un compañero que era el modelo designado y que tuvo que ofrecer su cuerpo, "voluntariamente", la mayor parte de las ocasiones.)

viernes, agosto 13, 2010

El paciente y el "experto"

Probablemente hayas visto el programa de televisión Extreme Makeover o algún otro programa acerca de individuos que se someten a intervenciones de cirugía plástica estética. En esos programas quizás hayas notado que, en su primera entrevista con el paciente, el cirujano inicia la interacción con una simple pregunta, que rara vez es diferente de alguna de las siguientes (u otras de similar índole):
¿Qué puedo hacer por usted hoy?
¿Qué le trae a usted hoy aquí?
El cirujano formula estas preguntas de esa manera específica para conseguir que el paciente sea quien tome la iniciativa y describa sus percepciones propias acerca de su físico, y manifieste cuáles son sus necesidades y aspiraciones. El médico luego explica qué intervenciones están disponibles en el caso del paciente y qué resultados se podrían esperar de cada una. En estos programas, nunca he visto que el cirujano modifique este guión.

En contraste, hace unos años un canal ecuatoriano produjo su propia versión del programa Extreme Makeover. Recuerdo haber visto un episodio en el cual el cirujano, tras presentarse al paciente, se lanzó a decir lo siguiente:
Yo veo que su nariz es W, y podría ser X. Usted tiene demasiadas arrugas en la zona de los ojos y de la frente; eso también lo podemos corregir. Y de paso, su quijada es Y y podríamos mejorarla para que sea Z.
¿Notas la diferencia? En el primer caso, las necesidades y aspiraciones son delineadas por el paciente; en el segundo, el cirujano es el "experto" que define, según su criterio, qué está "mal" en el cuerpo del paciente y por tanto qué es necesario "corregir".

En la terapia física, estas dos situaciones también se pueden presentar. Cuando una persona busca los servicios de un terapeuta físico (particularmente una que busque asistencia de largo plazo, por ejemplo, para una condición neurológica), ¿quién debe tomar la iniciativa en esa interacción? ¿El paciente, explicando cuáles son sus molestias, necesidades y aspiraciones (información que guiará las intervenciones a realizar), o el profesional (el "experto"), que determina por criterio propio qué está "mal" en el cuerpo del paciente, qué se debe "corregir", qué hay que hacer y a dónde se debe llegar? ¿Cómo evitar intervenciones innecesarias que se alinean más con los deseos del profesional que con los del paciente?

lunes, julio 19, 2010

El respeto a los pioneros

En una ocasión mostré fuertemente mi desacuerdo con lo que sostenía una profesora en clases cuando ella hablaba acerca de la biomecánica de la articulación glenohumeral en relación con las técnicas de Kaltenborn. Algunos meses antes de esa clase, y nuevamente unos pocos días antes de ella, yo había leído que numerosos estudios realizados en épocas recientes sugerían que los movimientos de translación de la cabeza humeral in vivo en realidad son diferentes a aquellos predichos por la regla "convexo-cóncavo". Con la finalidad de plantear que lo que yo decía debía ser considerado a pesar de que contradecía creencias enraizadas profundamente, algunos días después yo presenté esa información a la profesora y a mis compañeros.

En varias ocasiones he constatado la adherencia y fidelidad que profesan algunas personas a lo que propuso alguna personalidad de la terapia física en algún momento de la historia; el suceso relatado es apenas un ejemplo. En unas cuantas oportunidades de discutir productivamente sobre algún tema, no he recibido más argumentos que contestaciones del tipo, "¡Eso es así porque así lo dijo el famosísimo Sr. X!".

Sin ningún afán de menospreciar a los primeros exploradores de esta profesión --al contrario, expresándoles mi admiración y reconociendo que su genialidad, su trabajo, su conocimiento y sus descubrimientos nos han colocado donde estamos en el momento presente--, quiero hacer notar que en la terapia física, que se dice que es una "ciencia aplicada", no hay lugar para la adoración de personajes y sus ideas, particularmente si otras personas --autores, investigadores y profesionales menos famosos pero quizá igual o mejor preparados y experimentados-- han descubierto cosas que desafían lo que se tenía por cierto.

Para ilustrar mi idea de cómo las cosas cambian y de lo extraño que suena aferrarse al pasado, un par de ejemplos. Primero, si yo manifestara un respeto y fidelidad ciegos a los ingeniosos creadores de las primeras televisiones a color, tendría que distanciarme de toda posibilidad de disfrutar la imagen de las modernas televisiones de alta definición en 3D. Asimismo, un respeto y una fidelidad de similar índole no me darían otra opción que guiarme mediante mapas elaborados por los cartógrafos de la época de Colón, en lugar de ubicarme empleando mapas satelitales y GPS.

En la ciencia y en la tecnología las cosas avanzan, se complementan, se modifican, se reconsideran, se desechan, se rediseñan; asimismo, nadie, por prominente que sea, está exento de que alguien le contradiga si tiene fundamento para hacerlo. Así, en la "ciencia aplicada" de la terapia física, francamente no hay justificación para aferrarse, obstinadamente, al conocimiento pasado, simplemente por respeto a los pioneros.

domingo, julio 04, 2010

La terapia física y la ingeniería, ¿compatibles? (Parte II)

Ahora que he reanudado mi práctica profesional de informática, y me he vuelto a involucrar en la realidad del ejercicio de una profesión, lo que escribí hace algún tiempo en la entrada "La terapia física y la ingeniería, ¿compatibles?" resuena intensamente en mi mente. En la entrada mencionada, yo manifestaba el hecho de que en las ingenierías (informática o cualquier otra), el profesional es quien tiene la responsabilidad de efectuar las cosas exactamente como deben funcionar u operar. Esto es, el profesional es quien diseña, planifica y ejecuta un trabajo según los requerimientos, constreñimientos y recursos disponibles. El profesional debe mantener un nivel de minuciosidad tal que cualquier falta, sea por ignorancia, descuido o negligencia, se manifestará siempre, sin excepción, tarde o temprano, con consecuencias negativas que se ubican en cualquier punto del espectro, de leves a catastróficas.

En la entrada anterior yo resaltaba estos puntos como diferencias entre lo que yo he constatado en la práctica de la ingeniería y la práctica de la terapia física. En la terapia física he notado la propensión de los profesionales a confiar en su criterio, experiencia, preferencias y conocimiento propios, y en la transmisión verbal del conocimiento, más que en lo que proponen otros profesionales, asociaciones e investigadores, y también el rechazo que oponen a la "rigidez" impuesta por la teoría y el conocimiento escrito. Así es como, por ejemplo, al asistir a una persona que se presenta con una necesidad específica, cada terapeuta físico buscará la libertad de emplear la intervención de su predilección, trátese esta de una intervención "ortodoxa", "complementaria", "alternativa", "holística" o "integral" (masaje, ejercicio, medios físicos, relajación, etc.), y tenga o no respaldo en el que se conoce sobre el cuerpo humano. Lo curioso es que los terapeutas físicos reportarán haber tenido éxito con sus diferentes elecciones: parecería, entonces, que cualquier cosa funciona en la terapia física.

¿En realidad cualquier cosa funciona en la terapia física? ¿O es acaso que las cosas funcionan porque, a diferencia de la ingeniería, en la terapia física entra en juego otro participante, la persona (en cuerpo, mente y espíritu), que es capaz de acoger los beneficios de las intervenciones plausibles, enmascarar las intervenciones inútiles y contrarrestrar los efectos de intervenciones inadecuadas? Un éxito en la intervención probablemente se atribuya a la pericia del terapeuta físico, cuando en realidad podría ser causado por otros factores, incluyendo aquellos generados por la propia persona; en contraste, en la ingeniería, lo que no haga el profesional simplemente no ocurrirá, y por tanto el profesional debe conocer, a ciencia cierta, qué es lo que hace y no hace, o atenerse a encontrar problemas más adelante, con toda seguridad. Por otro lado, al enfrentarse a un problema, es facilísimo achacarle al ingeniero las fallas o imperfecciones de su trabajo, mientras que al terapeuta físico se le concede la posibilidad de que el fracaso de su intervención se debe más a la falta de respuesta del paciente que a la inefectividad de la intervención en sí misma. En conjunto, esto podría explicar en parte por qué en la terapia física aparentemente funcionan tantas cosas, y da lugar a que los profesionales puedan seguir haciendo lo que quieran hacer, según sus inclinaciones.

Entiendo bien que cada persona es individual y única, a diferencia de las máquinas y materiales con los que los ingenieros trabajan. Sin embargo, eso no exonera al profesional de la terapia física de la obligación de conocer profundamente sobre el cuerpo humano antes de plantearse cualquier intervención con cada paciente individual, en lugar de simplemente lanzarse a hacer lo que tradicionalmente se ha hecho (la alternativa más cómoda, sin duda). Esto no quiere decir que el terapeuta físico deba prescindir de su criterio, creatividad, ingenio y destrezas individuales, sino que debería existir una plaforma sobre la cual el terapeuta físico pueda basar sus decisiones acerca de lo que es útil y lo que no lo es, así como existe en la ingeniería* (y en otras profesiones). Personalmente, con la búsqueda de información que hago constantemente, me complace y me otorga seguridad el saber que tal plataforma ya se está conformando, pieza a pieza, en la terapia física; queda por ver si los profesionales de la terapia física, guiados por el objetivo primordial de ayudar a las personas, están interesados en asentarse sobre ella, o si continuarán trabajando fuera de sus márgenes.

(* Quien sostenga que la creatividad, la originalidad y el ingenio no existen en la "rígida", "lógica" y "matemática" ingeniería, que explique la existencia de cosas como un automóvil, un iPod, una prótesis articular o un puente de varios kilómetros de longitud sobre el mar.)

martes, junio 15, 2010

Tener, y ser, un mentor

Cuando compro un libro de terapia física, la página de agradecimientos es una de las primeras cosas que leo, y en realidad me resulta inspirador hacerlo. Aparte de los comprensibles agradecimientos a cónyuges, hijos o padres, quienes han acompañado al autor durante su vida y tolerado amorosamente dos, tres o cuatro años de reclusión del autor mientras éste preparaba su obra, me emociono inmensamente al leer algo como lo siguiente:
A Rodrigo Rodríguez: mi amigo, mentor y maestro, quien me ayudó a iniciar mi carrera, y me guió con sabiduría, paciencia y generosidad durante los últimos 30 años.
La idea de que una persona pueda enriquecer a otra profundamente compartiendo con ella su conocimiento, tanto de una profesión como de la vida en general, me parece sublime y poderosa. Mi admiración va para todas aquellas personas nobles que dedican su vida a la enseñanza y guía de otras personas, para ayudarles a ser tan buenas como puedan ser.

Me encantaría tener un mentor y, de igual forma, espero algún día convertirme en uno.

jueves, junio 03, 2010

Ya no soy un estudiante, ¿o sí?

Hace pocos días, un profesor me contó en persona que él ojea mi blog con cierta regularidad, y aunque no comentó nada específico sobre algo que yo haya escrito, con su forma honesta y directa de decir las cosas el profesor me planteó la siguiente sugerencia (bueno, viniendo de él, en realidad fue casi una exigencia):
Ya es hora de que cambies el nombre de tu blog; ya no eres un "estudiante", eres un "egresado".
Desde ese momento he estado pensando en lo que me digo el profesor: Habiendo egresado, ¿debería cambiar el nombre de este blog o no? Entiendo que cambiar la alusión a "estudiante" por otra a "egresado" de alguna forma podría elevar mi estatus y el de este blog, pero entre los argumentos a favor y en contra del cambio de nombre hay otros que me apoyan con mayor fuerza para conservar el nombre actual.

La verdad es que no soy (y nunca he sido) una persona que busque siempre que alguien más le enseñe lo que quiere o debe saber; al contrario, gran parte de lo (poco) que sé y que planeo poner en práctica (llegado el momento de poner en mis manos la salud de una persona con responsabilidad), en realidad no fue obtenido en el aula de clases, sino que proviene de otros lugares. En ese sentido, yo era un "estudiante de terapia física" antes de sentarme por primera vez en un aula, y el salir de la última de ellas no ha marcado el final de mi aprendizaje, el término de mi época de "estudiante", sino que constituye la ansiada oportunidad para centrarme en las cosas que realmente me interesan, con la filosofía y el enfoque que quiero imprimir en lo que haré en la práctica. Los cuatro años de estudios, para mis gustos y fines, deberán ser complementados por bastante tiempo adicional para aprender cosas que sé que son esenciales para mi práctica profesional pero que todavía desconozco, sin cuyo conocimiento mi práctica se sentiría realmente vacía, incierta, insegura y hasta irresponsable.

Me considero un "estudiante" aún porque mi curiosidad y mi empeño por descubrir, por cuenta propia, cosas totalmente nuevas, incluso si desafían o contradicen lo aprendido anteriormente (por cualquier medio), no han hecho otra cosa que incrementarse al dejar de asistir a clases. De hecho, ese interés es lo que originalmente me impulsó para empezar a estudiar terapia física y es lo que me mantiene comprometido para seguir formándome; francamente, el instante en que la novedad se desvanezca será el momento en el cual yo pierda totalmente mi interés por la teoría y la práctica de la terapia física.

Principalmente por estos estos motivos, como yo lo percibo y no tengo reparos en admitirlo, yo considero que continúo siendo un "estudiante" de terapia física.

lunes, mayo 24, 2010

Trabajo, estudio, familia, vida personal: ¿Cómo conjugarlas?

Durante los cuatro años de estudios en el programa de terapia física (del cual egresé a finales del 2009) prácticamente no trabajé. Fueron cuatro años de no tener dinero en los bolsillos y de acumular deudas, y un periodo dedicado casi en su totalidad a los estudios, tanto de lo visto en la universidad como de otras cosas que atraían mi interés; de todo eso he podido derivar gran parte de lo que he escrito en este blog. Recientemente, la situación cambió, como ya te había contado.

Desde hace algunos meses estoy trabajando en informática (mi primera profesión), y esa es una actividad que se lleva la mayor parte de mi día, tanto en mi lugar de trabajo como al regresar a mi casa. Aparte de eso, tengo otros trabajos a los cuales dedico unas cuantas horas a la semana, y en los días que vienen planeo empezar el desarrollo de mi disertación de tesis. Todo esto, como se podría esperar, ha ocupado el tiempo que antes empleaba en la lectura y búsqueda de información en terapia física, y ha reducido marcadamente el tiempo que tengo para sentarme a redactar entradas en este espacio; tú probablemente hayas notado este hecho al constatar una disminución en la frecuencia de publicación en este blog.

Al conversar sobre cómo uno se las arregla para balancear las diferentes actividades de la vida diaria, un profesor, quien está siempre mil veces más ocupado que yo, me hacía caer en la cuenta, "Y eso que no tienes hijos y una familia que cuidar". Con los trabajos que tengo ahora, y con aquellos que pueda ejercer en el campo de la terapia física una vez que me gradúe, me pregunto cómo me las arreglaré para organizar mi vida y no descuidar nada importante. Ciertamente, con más responsabilidades profesionales, no podré continuar con el ritmo de lectura y consulta de información que tuve cuando era estudiante, a menos que enfoque mi profesión hacia lo académico (lo cual es, francamente, una posibilidad que me atrae).

Hoy quiero únicamente destacar dos cosas. Primero, al estudiante le sugiero que aproveche todo el tiempo que tiene durante su carrera a estudiar: lee, consulta, busca, investiga, conversa con compañeros y profesores; en definitiva, entérate bien en qué consiste la terapia física y procura ensamblar un conocimiento redondeado sobre la profesión, sobre el cual puedas sustentar tu ejercicio cuando te gradúes; más tarde, ya con obligaciones profesionales y familiares, será más difícil hacerlo. Segundo, quiero preguntar a los lectores del blog, particularmente a aquellos que ya trabajan y tienen una familia que cuidar, ¿cómo hacen para mantenerse al día en la profesión, en medio de sus responsabilidades profesionales, familiares y comunitarias, y de otras actividades que forman parte de la vida personal cotidiana? ¿Cómo organizan su día, su semana, su mes, su año?

sábado, mayo 15, 2010

Bioética y profesionalismo en las series médicas televisivas

Esto es algo que no pensaba que encontraría. Se trata de un estudio titulado "Bioethics and professionalism in popular television medical dramas", el cual fue publicado en Journal of Medical Ethics en el 2010. En este estudio, los autores (todos afiliados de una u otra forma a la prestigiosa Universidad John Hopkins) analizaron una temporada completa de las populares series de televisión Grey's Anatomy y House para cuantificar la ocurrencia de situaciones que involucraban decisiones bioéticas y de profesionalismo (entre colegas, y entre profesionales y pacientes), y el tratamiento que recibían estos asuntos en los entornos médicos representados en estas series. El estudio encontró que las desviaciones del profesionalismo en estas series eran en ocasiones flagrantes, y que ocurrían con mucha mayor frecuencia que la demostración de comportamientos ejemplares de parte de los profesionales.

A la vez que reconoce que estas series televisivas están diseñadas para el entretenimiento más que para representar situaciones y decisiones reales, el estudio sugiere que los casos presentados en estas series podrían emplearse en las aulas de los programas de educación en las ramas médicas para plantear discusiones y críticas en torno a asuntos bioéticos y de profesionalismo, que son temas que muchas veces no son bien recibidos por los estudiantes en el formato tradicional de clases.

Se trata de una lectura interesante; te recomiendo que le dediques un poco de tiempo.

domingo, mayo 02, 2010

La licenciatura en terapia física: apenas el inicio

Durante el último semestre de clases, hubo la oportunidad de conversar y discutir sobre la percepción individual que mis compañeros y yo teníamos sobre la educación que habíamos recibido, y acerca de lo que podíamos esperar de nuestra profesión en el futuro, basándonos en lo que habíamos vivido y presenciado hasta ese momento. En esas ocasiones, mi opinión de que necesitamos un mayor sustento teórico para lo que hacemos y de que tras obtener la licenciatura tendremos que buscar un nivel mayor de formación profesional, no fue bien recibida por muchos; talvez mis argumentos no fueron suficientemente claros y convincentes en ese momento. Sin embargo, apenas unos días atrás (varios meses después de haber egresado), conversé largamente con una compañera nuevamente sobre esto, y ella me dijo, "Recién ahora entiendo a lo que te referías cuando hablábamos de esto en clases; siento que no tengo otra opción que buscar más educación para atender con responsabilidad a mis pacientes".

En la universidad, yo sentía que había una urgencia de parte de muchos compañeros de salir a atender a pacientes; otros, en menor número, tenían como objetivo el procurarse más educación después de graduarse. Mi opinión personal, como digo, es que nuestro enfoque, dado que pertenecemos a una nueva generación de terapeutas físicos que inician su ejercicio profesional con el título de licenciatura, debería centrarse en buscar formación más profunda y especializada.

La transición a los programas de licenciatura en terapia física en el Ecuador, como yo la concibo, no es simplemente una oportunidad para agregar más créditos y asignaturas a los programas de educación existentes; al contrario, es el momento para rediseñar y reestructurar completamente los programas de terapia física para impartir una educación más global que permita a los estudiantes tener más opciones cuando se gradúen. En efecto, esto último es precisamente lo que están haciendo muchos pioneros de la profesión en este país que se dedican a la docencia.

Anteriormente se esperaba que los graduados en terapia física sean personas que hagan cosas; ahora, con la licenciatura, se espera que ellas sean profesionales capaces de tomar, por cuenta propia, decisiones conscientes e informadas. En el pasado, la educación en terapia física culminaba en un punto en el cual los profesionales no tenían otra opción que trabajar; ahora, con la licenciatura, los profesionales pueden aspirar a una infinidad de posibilidades de formación, entre ellas, las certificaciones nacionales e internacionales; los posgrados como los diplomados, las maestrías y las especializaciones; y los doctorados profesionales (como el título de DPT, para aquellos que decidan vivir en Estados Unidos de Norteamérica) y doctorados académicos (el Ph.D., para quienes estén interesados en la investigación científica o en la docencia universitaria). Las membresías en organizaciones profesionales internacionales ahora también son una posibilidad. Como se puede ver, ya no existe un límite en la educación que el terapeuta físico puede conseguir; yo pienso que este nivel de educación podría ser un factor que ayude a la terapia física a obtener el reconocimiento que se merece dentro del ámbito de las profesiones de la salud.

Naturalmente, hay que mencionar que, en la actualidad, para obtener educación avanzada específicamente en terapia física hay que buscar educación en el exterior; sin embargo, en Ecuador ya tenemos profesionales que se dedican a la docencia que han venido del exterior con títulos de posgrado, y otros que están realizando estudios de cuarto nivel en ramas afines en universidades locales. Con suerte, estos profesionales luego instaurarán programas de posgrado de terapia física en Ecuador, para el beneficio de los que vendremos después que ellos.

Para nosotros, compañeros, quiero reiterar mi opinión de que la licenciatura es apenas el inicio. Mi reconocimiento y mi agradecimiento a los profesionales pioneros que han trabajado (y luchado) con empeño para que la terapia física pueda dar este, tan necesario e importante, cambio de dirección.

sábado, marzo 20, 2010

Planeando un curso... y fallando

A poquísimas personas conté --y en este blog nunca mencioné-- que hace algún tiempo yo planeé traer a una profesional extranjera para que impartiera un curso sobre un tópico que yo pensaba sería de mucho interés para los estudiantes y profesionales de la terapia física. Se trataba de una oportunidad, en mi opinión, formidable: la profesional en cuestión es experta en su rama y autora de algunos de mis libros favoritos de esta profesión, y ella estaba muy interesada en venir a Ecuador; como manifestación de eso, estaba dispuesta a cobrar un monto mínimo para dar este curso.

Yo hice el contacto con la profesional por iniciativa propia; intercambié decenas de e-mails con ella; hablé con diferentes personas para conseguir ayuda y financiamiento para el curso; busqué auditorios para la exposición; pedí cotizaciones de servicios y equipamiento de traducción; averigüé el costo de los pasajes aéreos; busqué lugares donde alojarla e identifiqué lugares donde ella podría alimentarse; planeé por dónde la llevaría de paseo en los tiempos libres; entre varias cosas más. Con todo eso en mente, hice una propuesta que presenté a diferentes personas. Al final entendí que el entusiasmo que yo tenía no era compartido por las personas que, con cuyo peso y autoridad, podían hacer que el curso se concrete. Así que, tras varios intentos y después de notificar a la profesional que el curso, lamentablemente, no podría llevarse a cabo, simplemente ahí lo dejé.

Pero no pienso que esta experiencia haya sido un fracaso completo, ya que aprendí varias cosas en esta ocasión que me ayudarán a tener más éxito en el próximo intento. Entre ellas, las siguientes:
  1. Que la máxima del mercadeo que sostiene que "no hay que vender lo que uno quiere, sino lo que el consumidor quiere", es cierta.
  2. Se reforzó mi idea de que nos conviene saber inglés para aprovechar las oportunidades educativas. Sin los costos de la traducción, los cuales triplicaban el monto que la expositora pedía, para los asistentes el curso hubiera tenido "precio de huevo", como se dice. En ese momento comprendí que el hecho de que la gente no conozca inglés no solo tiene repercusiones individuales, sino también colectivas: las oportunidades de realización de cursos como estos, con expositores de clase mundial, se reducen para todos si la gente en general no maneja el idioma inglés.
  3. Identifiqué a las personas que están más dispuestas a colaborar para que este tipo de eventos se lleven a cabo (a la vez, me llevé una sorpresa al descubrir quiénes no lo están).
  4. Ya tengo una idea del trabajo, de los trámites, de los procedimientos y de los costos involucrados en la realización de cursos de este tipo. Para la segunda ocasión ya no seré tan novato.
Afortunadamente, el vínculo con la profesional no se ha perdido, por lo que no descarto que podré, con la ayuda de otras personas, retomar esta iniciativa en el futuro próximo. Por lo pronto, fisioterapeutas del Ecuador, ¡aprendan inglés!

sábado, marzo 06, 2010

Shirley Sahrmann y el futuro de la terapia física

Shirley Sahrmann es una leyenda viviente de la terapia física, considerada uno de los personajes más influyentes de la historia de la profesión. Cuando personas como ella hablan, yo pienso que el resto de nosotros debe guardar silencio y escuchar. Así, cuando Shirley Sahrmann propone su visión del futuro de la terapia física, tras 50 años de experiencia como profesional, educadora, autora e investigadora, pienso que nos conviene prestar mucha atención.

Por este motivo, te sugiero que reserves una hora y diez minutos para ver y escuchar un video de una exposición que hizo Sahrmann hace un par de años, donde habla sobre la historia y evolución de la profesión de la terapia física, y cuál es, en su opinión, la dirección que debe tomar la profesión. Algunos de los puntos nucleares de su exposición son los siguientes:
  • Los terapeutas físicos deben posicionarse como los especialistas responsables del sistema de movimiento humano, así como otros profesionales son considerados expertos del sistema nervioso, del sistema respiratorio o del sistema cardiovascular, por ejemplo.
  • Los terapeutas físicos deben empeñarse en que la gente no los conozca únicamente como los "expertos del ultrasonido" (por mencionar una de las herramientas que realizan), sino como profesionales que conocen profundamente sobre las condiciones de salud. Los terapeutas físicos de esta época ya no se caracterizan solo por sus destrezas, sino por su conocimiento.
  • Al terapeuta físico moderno no le interesa saber qué es lo que duele, sino qué es lo que está causando el dolor. Sin este entendimiento, lo que sea que se haga no tiene fundamento.
  • Como experto del movimiento, el terapeuta físico debe entender los procesos del control motor humano y la biomecánica.
  • El terapeuta físico no solamente trata, sino que educa a las personas sobre el movimiento de sus cuerpos.
Yo --como diría graciosamente una profesora-- soy una ameba si me pongo al lado de gente como Sahrmann. Sin embargo, me complace saber que la exposición de Sahrmann confirma muchas de mis opiniones sobre la profesión, visión que he formado como un mero estudiante durante estos cuatro años. En resumen, la terapia física debe ser mucho más de lo que es actualmente.

Aquí el video de la exposición de Shirley Sahrmann.

sábado, febrero 20, 2010

El amor y el conocimiento en la terapia física

Yo he estado buscando la complejidad en la terapia física, complejidad que haga de ella una profesión que para mí sea llamativa, estimulante, fundamentada y, más que nada, apasionante, en lugar de ser meramente un oficio. Mi aspiración es, como debe serlo para muchos, ayudar a otras personas pero a la vez alcanzar la satisfacción personal (naturalmente, conseguirlo ya depende de mí en este punto, y aún ni me aproximo a ese objetivo). Algo que dijo una persona en estos días tiene relación con esto, por lo que quiero topar este tema hoy.

En uno de los cursos que seguí (hoy se acabaron todos), el instructor nos dio su impresión sobre la docencia, actividad a la que se ha dedicado durante más de 30 años. Según él, el profesor exitoso es aquel que combina un conocimiento profundo del tema que imparte con una habilidad para relacionarse cordialmente con sus estudiantes ("hay que ponerle el corazón a la docencia", decía él). De esa forma, la complejidad de los temas que se tratan en un aula universitaria puede abordarse de una forma que, además de interesante, resulte trascendente y personal para el estudiante, en lugar de ser aburrida, fría y perecedera. Se procura, entonces, que la educación se materialice con "calidad y calidez" (por trillada que resulte esa descripción en la actualidad); en otras palabras, se habla de "dar amor sobre la base del conocimiento".

Aunque no se refería precisamente a la docencia sino a la práctica de la terapia física, hace algún tiempo una tutora de prácticas parecía tener una opinión que yo pienso que se contrapone a lo dicho por el instructor del curso. Ella decía algo por el estilo:
La terapia física no es para nada difícil; no hay por qué complicarse la vida. Solo se trata de poner mucho amor en lo que se hace.
Las personas, con todo derecho, tienen diferentes formas de ver la vida, siendo la profesión que han escogido un componente de ella. Sin embargo, que la tutora haya dicho que la terapia física no es compleja francamente me llamó la atención, porque yo he constatado --y he sentido, muchas veces con impotencia-- que sin duda lo es. De igual forma, su criterio de que basta el amor para dar una buena atención a los pacientes, es decir, que "dando amor, el resto fluye" y que "el amor prima sobre el conocimiento", no me cuadra, ya que yo no planeo enamorarme de mis pacientes sino utilizar el conocimiento disponible, y mis destrezas para aplicarlo, con el objetivo de ayudarles a recuperar su salud, sin descontar, obviamente, que pueda hacerlo cordialmente, con dedicación, respeto y seriedad.

Cuéntame, ¿qué opinas tú sobre esto? ¿"Dar amor sobre la base del conocimiento", o "el amor como el principal sustento de lo que se hace"?