Anteriormente te hablé de un artículo publicado en The New York Times que resultó muy controversial entre los terapeutas físicos en Estados Unidos de Norteamérica, y cuyo título, traducido al español, era "Trátame, pero sin trucos, por favor". En este artículo, la autora demandaba una atención de terapia física que sea basada en la evidencia, no en la magia ni en el "vudú".
En otro artículo que me pareció interesante también, la referencia a los "trucos de magia" se emplea con una connotación diferente, explicando cómo la magia ha resultado ser útil durante la terapia física. Según el artículo "Using Magic Tricks To Treat Children With Locomotor Disabilities", una investigadora en Israel está empleando trucos de magia como ejercicio terapéutico para niños y adultos jóvenes con discapacidad motriz, y esta intervención ha demostrado ser eficaz, a la vez que es llamativa y entretenida para los pacientes de estas edades.
Así que, por lo visto, desde ahora hay que ser más específico cuando se pida excluir la "magia" de la terapia física.
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viernes, abril 02, 2010
viernes, enero 08, 2010
Artículo: "Trátame, pero sin trucos, por favor"
Mediante el blog MyPhysicalTherapySpace.com me entero de un artículo publicado hace un par de días en The New York Times, titulado Treat Me, but No Tricks Please, el cual replica algunos de mis sentimientos sobre lo que he observado en la profesión de la terapia física, y que he expresado recurrentemente en este blog y en conversaciones personales con un sinnúmero de profesores, profesionales y compañeros.
Este artículo, escrito desde la perspectiva de una consumidora de la terapia física, plantea la siguiente pregunta: ¿Cuánto de lo que se hace en la terapia física realmente funciona, y cuánto no es más que un truco de magia (de "vudú", como se dice en el artículo)?
Yo ya sé que la evidencia no lo es todo (uno, dos, tres, etc.); eso ya entiendo. Sin embargo, lo que me muero por saber es: ¿Por qué no se actualiza la práctica de la terapia física para incluir aquello que tiene un respaldo fuerte en la evidencia disponible, y para abandonar aquello que contradice a la evidencia contundente o bien a la física, la anatomía y la fisiología? ¿Por qué se siguen haciendo cosas que se hacían 20, 30 o 50 años atrás y que ahora se han quedado sin fundamento (algunas de las cuales han sido abandonadas incluso por sus mismos proponentes)?
Hay consumidores, como la autora del artículo, que están empezando a caer en la cuenta de estas falencias en la terapia física y que, sin llegar a negar la utilidad de la terapia física, se inquietan por la calidad de los tratamientos y de la información que están recibiendo y animan a otros a escoger cuidadosamente a qué profesionales acuden. Yo, como consumidor, tendría la misma preocupación. Como estudiante, esto representa una advertencia que deberé tomar como un desafío a enfrentar diariamente.
Este artículo, escrito desde la perspectiva de una consumidora de la terapia física, plantea la siguiente pregunta: ¿Cuánto de lo que se hace en la terapia física realmente funciona, y cuánto no es más que un truco de magia (de "vudú", como se dice en el artículo)?
Yo ya sé que la evidencia no lo es todo (uno, dos, tres, etc.); eso ya entiendo. Sin embargo, lo que me muero por saber es: ¿Por qué no se actualiza la práctica de la terapia física para incluir aquello que tiene un respaldo fuerte en la evidencia disponible, y para abandonar aquello que contradice a la evidencia contundente o bien a la física, la anatomía y la fisiología? ¿Por qué se siguen haciendo cosas que se hacían 20, 30 o 50 años atrás y que ahora se han quedado sin fundamento (algunas de las cuales han sido abandonadas incluso por sus mismos proponentes)?
Hay consumidores, como la autora del artículo, que están empezando a caer en la cuenta de estas falencias en la terapia física y que, sin llegar a negar la utilidad de la terapia física, se inquietan por la calidad de los tratamientos y de la información que están recibiendo y animan a otros a escoger cuidadosamente a qué profesionales acuden. Yo, como consumidor, tendría la misma preocupación. Como estudiante, esto representa una advertencia que deberé tomar como un desafío a enfrentar diariamente.
domingo, febrero 22, 2009
Artículo: La Terapia Física, ¿un mal necesario?
El artículo del New York Times titulado Physical Therapy and the Camaderie of Healing, narra las experiencias que la autora ha tenido con la terapia física después de sufrir múltiples lesiones y someterse a varias operaciones quirúrgicas a lo largo de su vida.
Mientras leía este artículo, en mi mente se recreaban las experiencias que yo he tenido como practicante en centros de rehabilitación. Es interesante tener un recuento de la experiencia de la rehabilitación desde el punto de vista de un paciente, vivencia que, según nos cuenta el artículo, involucra mucho tiempo, dolor y tedio, pero también progreso y mejoría.
Me parece particularmente curioso lo que dice el artículo de que uno de los pocos puntos positivos de pasar tanto tiempo en rehabilitación --semanas, meses o incluso años-- puede ser la relación (la "camaradería") que se forma entre los pacientes que asisten simultáneamente al centro de rehabilitación, pero especialmente aquella relación que se establece entre el paciente y el terapeuta: cómo uno se entera de la vida personal del otro y cómo se forma una especie de "intimidad", la cual no es buscada ni deseada por el paciente, sino que es accidental. Como dice el artículo, el terapeuta físico pasa muchísimo más tiempo con el paciente que el médico, y por tanto se crea esa oportunidad de comunicación y vinculación.
Saliéndome un poco del tema del artículo, pienso que los terapeutas físicos (al igual que otros profesionales como los médicos, los abogados, y los psicólogos, entre otros) tenemos que saber cómo manejar adecuadamente esa "intimidad" que desarrollamos con los pacientes/clientes, particularmente si ellos pasan por momentos vulnerables o delicados de sus vidas. Es un asunto ético que hay que tener en cuenta en todo momento, especialmente cuando la relación paciente-terapeuta involucra a personas de distinto sexo y pudiera transformarse en una relación sentimental.
Mientras leía este artículo, en mi mente se recreaban las experiencias que yo he tenido como practicante en centros de rehabilitación. Es interesante tener un recuento de la experiencia de la rehabilitación desde el punto de vista de un paciente, vivencia que, según nos cuenta el artículo, involucra mucho tiempo, dolor y tedio, pero también progreso y mejoría.
Me parece particularmente curioso lo que dice el artículo de que uno de los pocos puntos positivos de pasar tanto tiempo en rehabilitación --semanas, meses o incluso años-- puede ser la relación (la "camaradería") que se forma entre los pacientes que asisten simultáneamente al centro de rehabilitación, pero especialmente aquella relación que se establece entre el paciente y el terapeuta: cómo uno se entera de la vida personal del otro y cómo se forma una especie de "intimidad", la cual no es buscada ni deseada por el paciente, sino que es accidental. Como dice el artículo, el terapeuta físico pasa muchísimo más tiempo con el paciente que el médico, y por tanto se crea esa oportunidad de comunicación y vinculación.
Saliéndome un poco del tema del artículo, pienso que los terapeutas físicos (al igual que otros profesionales como los médicos, los abogados, y los psicólogos, entre otros) tenemos que saber cómo manejar adecuadamente esa "intimidad" que desarrollamos con los pacientes/clientes, particularmente si ellos pasan por momentos vulnerables o delicados de sus vidas. Es un asunto ético que hay que tener en cuenta en todo momento, especialmente cuando la relación paciente-terapeuta involucra a personas de distinto sexo y pudiera transformarse en una relación sentimental.
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