Desde que tomé mi primera clase de terapia física, hace más de cinco años, pero principalmente desde que arranqué con este blog, hace casi tres, mi opinión personal ha sido que los terapeutas físicos deben restarle tiempo a la aplicación de pomadas "calientes", masajes y ultrasonido, y dedicarlo en su lugar al estudio de la "teoría" de la terapia física. Es decir, mi opinión es que la nueva generación de terapeutas físicos debe reorientar totalmente su formación y su labor, de tal forma que el hacer lo que visto o lo que me han dicho pierda su sitio definitivamente ante el evaluar y pensar por qué hago lo que hago en primer lugar; para lograr esto, considero que la terapia física debe utilizar a la teoría como su asiento. En otras palabras, la terapia física, desde mi punto de vista, debe iniciar su migración --hasta hoy postergada pero absolutamente necesaria-- de lo técnico a lo profesional, y la teoría es la nave que debe abordar para llegar a su destino.
No han faltado comentarios verbales y escritos que me cuestionan y me critican por mi concentrado empeño en la teoría. Sin embargo, nadie ha conseguido, hasta hoy, lograr que yo cambie de parecer: se requiere una gran dosis de teoría para revitalizar y rejuvenecer a la terapia física. ¿Cómo es que, al parecer, casi nadie ha considerado este tratamiento?
Así como un vehículo cuyo volante está trabado en un solo sentido requiere un fuerte giro en el sentido contrario para centrarse, o una balanza inclinada totalmente hacia un lado necesita un gran contrapeso para nivelarse, mi marcado énfasis en la teoría busca alterar el rumbo que se ha mantenido durante décadas en la práctica de la terapia física en nuestro país, práctica que ha estado basada casi enteramente en el criterio personal y frecuentemente desvinculada de la ciencia y la evidencia, una labor que aún tiene más similitudes con una artesanía que con una ciencia aplicada. Con este objetivo en mente, es claro que un leve empujón (un pequeño giro, un liviano contrapeso) no lograría absolutamente nada.
He exprimido mi cerebro intentando encontrar el sentido de lo que se hace en la terapia física, pero no lo he conseguido; cómo las cosas han permanecido inalteradas por décadas incluso ante la emergencia de toneladas de información nueva que nos urge a reconsiderar lo que hacemos, continúa siendo desconcertante para mí. Simultáneamente, buscar el fundamento que siento que hace falta a esta profesión me significa diariamente un gran y --generalmente-- solitario esfuerzo, y la verdad es que aún estoy muy lejos de donde quiero estar. Sin embargo, la alternativa, seguir la corriente, representa una posibilidad que, aunque muy seductora, cómoda y fácil, sería una gran traición para conmigo mismo (y para la gente a la que pretendo algún día servir). La teoría es la boya que me mantiene a flote al ir contracorriente.
¿Alguien por ahí comparte mis sentimientos sobre esto?
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miércoles, mayo 25, 2011
jueves, diciembre 30, 2010
Compartir con compañeros y aprender de ellos
En los años en los que estudiaba ingeniería en la universidad, las conversaciones que tenía con mis compañeros en los tiempos libres con frecuencia eran más productivas que las clases en sí mismas. Personalmente, puedo decir que de esos intercambios, que eran casuales e informales más que planeados y estructurados, obtuve información valiosísima sobre herramientas, técnicas y recursos en ingeniería que sin duda me ayudó a ubicarme en esa profesión; espero haber aportado para que otros saquen provecho también. De especial significación, las conversaciones que mantuve con un compañero, que era el más joven de la clase pero que evidentemente sabía mucho más que yo y que el resto de compañeros --y con seguridad mucho más que la mayoría de profesores--, eran particularmente esclarecedoras y tremendamente interesantes (tú sabes quién eres... ¡Muchísimas gracias y feliz cumpleaños!)
Me hubiera encantado que una situación similar se hubiera producido cuando estudiaba terapia física en la universidad. A fin de cuentas, uno va a la universidad con el objetivo primordial de aprender acerca de una profesión, por lo que se esperaría que existiera la disposición de los estudiantes para generar un ambiente favorable y amigable para discutir y compartir temas relacionados específicamente con la profesión. Aparte de unas cuantas conversaciones que tuve con compañeros y compañeras de forma individual o en grupos pequeños, y en un par de ocasiones con toda el aula, no hubo la oportunidad de establecer un hábito de discusión o de intercambio de información de terapia física con los compañeros.
En mi caso particular, el lanzamiento de este blog a mediados de 2008 constituyó un intento por satisfacer esa necesidad de comunicación y por propiciar conversaciones con mis compañeros, ya sea que concordaran o no conmigo en relación con lo expuesto. En más de dos años de existencia de este blog, he tenido la suerte de recibir bastantes respuestas y opiniones de profesores (¡gracias, profes!); recibir igual o mayor cantidad de contestaciones de mis compañeros me hubiera encantado cuando todavía asistía a la U, francamente (¡aunque no me quejo si empieza a ocurrir!).
A los estudiantes que aún tienen contacto diario con sus compañeros en las aulas, una recomendación: Empéñense por buscar oportunidades de conversación con sus compañeros, ya que de ellos también se puede aprender mucho, en especial porque los compañeros probablemente se encuentran en la misma situación que uno y pueden tener las mismas dudas, inquietudes, preocupaciones, motivaciones e intereses en torno a la profesión en particular, pero también sobre la vida en general.
Me hubiera encantado que una situación similar se hubiera producido cuando estudiaba terapia física en la universidad. A fin de cuentas, uno va a la universidad con el objetivo primordial de aprender acerca de una profesión, por lo que se esperaría que existiera la disposición de los estudiantes para generar un ambiente favorable y amigable para discutir y compartir temas relacionados específicamente con la profesión. Aparte de unas cuantas conversaciones que tuve con compañeros y compañeras de forma individual o en grupos pequeños, y en un par de ocasiones con toda el aula, no hubo la oportunidad de establecer un hábito de discusión o de intercambio de información de terapia física con los compañeros.
En mi caso particular, el lanzamiento de este blog a mediados de 2008 constituyó un intento por satisfacer esa necesidad de comunicación y por propiciar conversaciones con mis compañeros, ya sea que concordaran o no conmigo en relación con lo expuesto. En más de dos años de existencia de este blog, he tenido la suerte de recibir bastantes respuestas y opiniones de profesores (¡gracias, profes!); recibir igual o mayor cantidad de contestaciones de mis compañeros me hubiera encantado cuando todavía asistía a la U, francamente (¡aunque no me quejo si empieza a ocurrir!).
A los estudiantes que aún tienen contacto diario con sus compañeros en las aulas, una recomendación: Empéñense por buscar oportunidades de conversación con sus compañeros, ya que de ellos también se puede aprender mucho, en especial porque los compañeros probablemente se encuentran en la misma situación que uno y pueden tener las mismas dudas, inquietudes, preocupaciones, motivaciones e intereses en torno a la profesión en particular, pero también sobre la vida en general.
sábado, noviembre 13, 2010
La autoformación como una posibilidad de educarse
Durante el tiempo que he pasado en las aulas, he tenido la oportunidad de conversar con muchísimos estudiantes de terapia física sobre la educación que hemos recibido. Para la mayoría de ellos, los estudios de terapia física son los primeros que han emprendido; para otros, en menor número y generalmente de mayor edad, éste es su segundo paso por las aulas. Muchas de las cosas que me han expresado todos estos estudiantes coinciden con lo que yo pienso sobre la educación (y sobre la profesión), pero hay una noción en la que diferimos consistentemente y que es casi una regla entre todos ellos: la idea de que para que uno aprenda algo es absolutamente necesario que alguien se lo enseñe.
Cuando hablamos sobre la educación que han recibido y la que buscarán en el futuro, todos los estudiantes con los que he conversado han expresado un fuerte deseo de saber más. Al tratar el tema de qué medios emplean o emplearán ellos para educarse, todos, casi sin excepción, me hablan de medios que involucran (como en el caso de las aulas de clases) el contar con una persona que les enseñe lo que quieren, o deben, saber.
Me pregunto por qué está vigente la idea de que dependemos de otros para aprender, en una época en la que la información está disponible para quien la busque. Tras identificar deficiencias en su formación, al encontrarse conformes con la educación recibida pero queriendo complementarla, o bien al tener un interés personal que no se satisface en las aulas, pareciera que las personas se topan con un gran muro, en apariencia ineludible, que les niega el avance sin ayuda externa. Se percibe una gran impotencia entre las personas para saltar esta barrera, y la posibilidad de formarse por sus propios medios generalmente no se menciona ni se considera; pareciera que la gente en general ha asumido que la educación es inconcebible, imposible, infructuosa o ineficiente si no hay siempre una tercera persona de por medio.
Al mismo tiempo que apoyo la noción de que un profesional debe buscar educación formal en las aulas de universidades e instituciones educativas, soy un proponente de la autoformación. Estoy convencido de que uno puede, por iniciativa y acción propias, aprender un montón de cosas. Como digo, la posibilidad de acceder al conocimiento es prácticamente ilimitada en la actualidad; si uno se lo plantea, puede conseguir información en libros impresos (que uno recibe en la puerta de su casa en unas pocas semanas) o libros digitales (a los que uno accede inmediatamente); cursos, certificaciones y seminarios en línea; videos en CD, en DVD o en línea; revistas profesionales y membresías en asociaciones internacionales; sitios web y blogs gratuitos o con suscripción pagada; aplicaciones de computadora para escritorio o por Internet, entre muchísimas otras posibilidades (en este blog he mencionado varios ejemplos concretos de recursos que están esperando ser explotados).
Siempre me pregunto, ¿que la gente no se incline por la autoformación será un asunto de costo? Lo dudo, porque los recursos que menciono muchísimas veces tienen un precio que es apenas una fracción de aquel de los cursos en universidades o institutos. ¿Será por el idioma? Aunque en inglés se encuentra un mayor número de recursos, también existen en español (o en el idioma que sea de tu preferencia). ¿Será porque no tenemos el hábito de la lectura, de la consulta y de la investigación? ¿Será porque la formación que recibimos en nuestras familias y en la escuela, en el colegio y en la universidad no cultiva la curiosidad y no incentiva la autosuficiencia en la educación? ¿Qué me dices tú?
Cuando hablamos sobre la educación que han recibido y la que buscarán en el futuro, todos los estudiantes con los que he conversado han expresado un fuerte deseo de saber más. Al tratar el tema de qué medios emplean o emplearán ellos para educarse, todos, casi sin excepción, me hablan de medios que involucran (como en el caso de las aulas de clases) el contar con una persona que les enseñe lo que quieren, o deben, saber.
Me pregunto por qué está vigente la idea de que dependemos de otros para aprender, en una época en la que la información está disponible para quien la busque. Tras identificar deficiencias en su formación, al encontrarse conformes con la educación recibida pero queriendo complementarla, o bien al tener un interés personal que no se satisface en las aulas, pareciera que las personas se topan con un gran muro, en apariencia ineludible, que les niega el avance sin ayuda externa. Se percibe una gran impotencia entre las personas para saltar esta barrera, y la posibilidad de formarse por sus propios medios generalmente no se menciona ni se considera; pareciera que la gente en general ha asumido que la educación es inconcebible, imposible, infructuosa o ineficiente si no hay siempre una tercera persona de por medio.
Al mismo tiempo que apoyo la noción de que un profesional debe buscar educación formal en las aulas de universidades e instituciones educativas, soy un proponente de la autoformación. Estoy convencido de que uno puede, por iniciativa y acción propias, aprender un montón de cosas. Como digo, la posibilidad de acceder al conocimiento es prácticamente ilimitada en la actualidad; si uno se lo plantea, puede conseguir información en libros impresos (que uno recibe en la puerta de su casa en unas pocas semanas) o libros digitales (a los que uno accede inmediatamente); cursos, certificaciones y seminarios en línea; videos en CD, en DVD o en línea; revistas profesionales y membresías en asociaciones internacionales; sitios web y blogs gratuitos o con suscripción pagada; aplicaciones de computadora para escritorio o por Internet, entre muchísimas otras posibilidades (en este blog he mencionado varios ejemplos concretos de recursos que están esperando ser explotados).
Siempre me pregunto, ¿que la gente no se incline por la autoformación será un asunto de costo? Lo dudo, porque los recursos que menciono muchísimas veces tienen un precio que es apenas una fracción de aquel de los cursos en universidades o institutos. ¿Será por el idioma? Aunque en inglés se encuentra un mayor número de recursos, también existen en español (o en el idioma que sea de tu preferencia). ¿Será porque no tenemos el hábito de la lectura, de la consulta y de la investigación? ¿Será porque la formación que recibimos en nuestras familias y en la escuela, en el colegio y en la universidad no cultiva la curiosidad y no incentiva la autosuficiencia en la educación? ¿Qué me dices tú?
sábado, octubre 23, 2010
Guía para los estudios de posgrado en Norteamérica (y otras regiones)
Ahora que los programas de pregrado en terapia física en Ecuador otorgan el título de licenciatura, las posibilidades de realizar estudios de posgrado son ilimitadas. La aplicación e ingreso a programas de posgrado es, sin duda, un proceso más complicado, minucioso y decisivo que aquel que es necesario para los estudios de pregrado, particularmente si se contempla viajar a otro país (en Ecuador, ésta es actualmente la única opción que existe para realizar estudios de posgrado en terapia física específicamente). Muchas son las preguntas que se plantean y dudas que intentan sortear las personas que buscan estudios de posgrado, por lo que muchos consideraríamos útil contar con una guía que facilite un poco el proceso.
En el caso de mis compañeros, sé que muchos ven a Argentina como la opción más conveniente para su posgrado (aquí un resumen de las instituciones que ofrecen posgrados de terapia física/kinesiología en Buenos Aires), mientras que otros me han hablado de que quisieran continuar sus estudios en España. Personalmente, algunas opciones en Estados Unidos de América y Canadá me llaman mucho la atención. Si a ti también te interesa algún posgrado en estos países de Norteamérica, quería contarte que encontré un documento titulado Your future: A guide for potential graduate students (archivo PDF) publicado por Canadian Association for Graduate Studies (CAGS) en el 2005. En esta guía, un estudiante de posgrado potencial encontrará la siguiente información:
En el caso de mis compañeros, sé que muchos ven a Argentina como la opción más conveniente para su posgrado (aquí un resumen de las instituciones que ofrecen posgrados de terapia física/kinesiología en Buenos Aires), mientras que otros me han hablado de que quisieran continuar sus estudios en España. Personalmente, algunas opciones en Estados Unidos de América y Canadá me llaman mucho la atención. Si a ti también te interesa algún posgrado en estos países de Norteamérica, quería contarte que encontré un documento titulado Your future: A guide for potential graduate students (archivo PDF) publicado por Canadian Association for Graduate Studies (CAGS) en el 2005. En esta guía, un estudiante de posgrado potencial encontrará la siguiente información:
- Qué son los estudios de posgrado, qué los diferencia de los estudios de pregrado y por qué son importantes para un profesional.
- Qué diferencia a los programas de posgrado enfocados en la investigación de aquellos con orientación a la práctica profesional.
- Consideraciones para saber si los estudios de posgrado son apropiados para uno (y viceversa).
- Cómo buscar información de parte de las universidades que te interesan, tanto de los programas de estudio en sí mismos como de otros aspectos relacionados.
- Cómo financiar los estudios.
- Calendario sugerido para realizar las aplicaciones, trámites y demás preparativos.
- Consideraciones para escoger un lugar para vivir mientras estudias.
- Direcciones web de instituciones de Canadá que otorgan becas.
viernes, octubre 01, 2010
¿Ser un profesional o ser un técnico?
El siguiente texto que encontré en el libro Therapeutic Exercise for Musculoskeletal Injuries
(Peggy Houglum; 3ra. ed, 2010) refuerza el principal punto que he intentado exponer en este blog: El terapeuta físico, como profesional de la salud, debe conocer y entender, no solo hacer. Como señal de la importancia que quiere otorga a esta noción, la autora expresa lo siguiente en la primerísima página de su libro (la cual puedes ojear en Google Books, o bien conseguir el libro completo en su versión impresa en Amazon o su versión electrónica en Human Kinetics):
(* Según Wikipedia, Diane Ravitch es una figura en el campo de la educación en Estados Unidos de América. La frase que menciona la cita que hago hoy se puede encontrar en este artículo de la revista TIME, entre otros lugares.)
Qué, por qué, cuándo, cómo, dónde y quién son preguntas que se formulan frecuentemente en la medicina. Conocer sus respuestas no siempre es fácil o incluso posible. Entenderlas puede ser aún más difícil. Intentar conocer y entender las respuestas, sin embargo, es la meta de los profesionales del cuidado de la salud. Conocer y entender estos cómo, por qué, cuándo, cómo, dónde y quién del cuidado de la salud define las diferencias entre técnicos y profesionales.Como he intentado demostrar en este blog, el conocimiento que existe en el campo de la terapia física es vasto; aunque encontrarlo es cada vez más fácil, conocerlo y entenderlo puede ser difícil, como nos dice la autora, pero es algo en lo que todo profesional debe empeñarse. En Ecuador, con el salto de la tecnología médica a la licenciatura como punto de entrada a la profesión, la nueva generación de terapeutas físicos debe identificar a esta noción como una de las fuerzas principales que impulsan este progreso.
Una cosa es meramente hacer algo y otra es entender por qué se hace algo. Para ser un verdadero profesional del cuidado de la salud, tú no solo debes saber cómo ejecutar las técnicas y destrezas que son parte de la profesión, sino aún más importante, tú debes tener el conocimiento para apreciar por qué una técnica o destreza es utilizada y entender el impacto de su aplicación. El desafío no consiste en poner un peso en un tobillo sino en entender por qué se lo hace, cuándo debe ser hecho y qué impacto tiene esta acción en el cuerpo. En un discurso impartido en 1985, Diane Ravitch* dijo, "La persona que sabe 'cómo' siempre tendrá un trabajo. La persona que sabe 'por qué' siempre será su jefe". El técnico sabe cómo; el profesional del cuidado de la salud sabe por qué. Un técnico puede aplicar la técnica, pero un profesional conoce, aprecia y entiende la técnica.
(* Según Wikipedia, Diane Ravitch es una figura en el campo de la educación en Estados Unidos de América. La frase que menciona la cita que hago hoy se puede encontrar en este artículo de la revista TIME, entre otros lugares.)
domingo, agosto 29, 2010
Cuerpos desnudos
Durante las clases en la universidad, en ocasiones convenía que los estudiantes nos quitemos la ropa durante ejercicios como el examen físico, la observación de la postura o la práctica de alguna técnica. El recelo de todos nosotros para desnudarnos frente al resto de compañeros era palpable, particularmente en el caso de las mujeres. Yo tuve que mostrar mi humanidad en varias ocasiones* --en una de ellas no tenía puesto nada más que el calzoncillo frente a veinte personas, durante un lapso que, dadas las condiciones, me pareció bastante extendido--, y puedo atestiguar que se trata de una situación ciertamente incómoda.
En las prácticas en hospitales, en muchísimas ocasiones vi pacientes --varones y mujeres de todas las edades-- parcial o totalmente desnudos. Algunos de ellos estaban en una condición de salud delicada y no tenían la posibilidad de exteriorizar su aceptación o rechazo a ser observados por ojos extraños; otras personas, a pesar de estar conscientes (pero aún así en una posición vulnerable o de dependencia), tampoco se expresaban en uno u otro sentido, posiblemente porque asumían que los estudiantes y profesionales de la salud deben observar sus cuerpos como parte de su trabajo, y que lo hacen con seriedad y con el objetivo de brindarles una atención adecuada. En una ocasión una paciente solicitó explícitamente ser atendida por mis compañeras mujeres, y que los estudiantes varones nos alejáramos de ella, algo que era absolutamente comprensible. Igualmente, no fueron raras las ocasiones en las que un paciente desnudo estaba expuesto a la mirada de decenas de personas, entre profesionales (médicos, enfermeras, terapeutas), estudiantes, trabajadores sociales, familiares y compañeros de habitación (y hasta los visitantes de estos últimos).
Como expresé anteriormente, deberíamos preguntarnos si los deseos, las necesidades y las aspiraciones del paciente deberían guiar las intervenciones de terapia física y tener más peso que la conveniencia del profesional. En este sentido, si para realizar alguna intervención de terapia física es necesario exponer alguna parte del cuerpo de una persona, se debería solicitar explicítamente su autorización (claro, siempre que esté en la capacidad de responder), y asimismo efectuar todos los procedimientos necesarios, por laboriosos que sean, para mantener cubiertas aquellas regiones sobre las cuales no sea necesario trabajar.
He visto libros sobre masaje y terapias manuales que dedican capítulos enteros al tema de la exposición y cobertura del cuerpo del paciente según la intervención a realizar. Los procedimientos, que involucran sábanas, toallas, paños, almohadas y otros implementos para cubrir el cuerpo del paciente, al igual que formas específicas de instruirle que coloque o gire su cuerpo y técnicas para evitar el contacto con zonas consideradas delicadas (como el tejido mamario, en el caso de las mujeres), muchas veces no son tan inmediatamente obvios que el estudiante pueda idearlos espontáneamente al momento que le toque intervenir, incluso en el caso de un "simple" masaje. Por tal motivo, cómo respetar la intimidad y el pudor de los pacientes debe ser parte del conocimiento del profesional, y por tanto es un tema que debería enseñarse formalmente en los programas de estudio de terapia física, en lugar de dejar que sea un aspecto que el estudiante deba descubrir por cuenta propia, casualmente, a medida que gane experiencia.
(* Teníamos un compañero que era el modelo designado y que tuvo que ofrecer su cuerpo, "voluntariamente", la mayor parte de las ocasiones.)
En las prácticas en hospitales, en muchísimas ocasiones vi pacientes --varones y mujeres de todas las edades-- parcial o totalmente desnudos. Algunos de ellos estaban en una condición de salud delicada y no tenían la posibilidad de exteriorizar su aceptación o rechazo a ser observados por ojos extraños; otras personas, a pesar de estar conscientes (pero aún así en una posición vulnerable o de dependencia), tampoco se expresaban en uno u otro sentido, posiblemente porque asumían que los estudiantes y profesionales de la salud deben observar sus cuerpos como parte de su trabajo, y que lo hacen con seriedad y con el objetivo de brindarles una atención adecuada. En una ocasión una paciente solicitó explícitamente ser atendida por mis compañeras mujeres, y que los estudiantes varones nos alejáramos de ella, algo que era absolutamente comprensible. Igualmente, no fueron raras las ocasiones en las que un paciente desnudo estaba expuesto a la mirada de decenas de personas, entre profesionales (médicos, enfermeras, terapeutas), estudiantes, trabajadores sociales, familiares y compañeros de habitación (y hasta los visitantes de estos últimos).
Como expresé anteriormente, deberíamos preguntarnos si los deseos, las necesidades y las aspiraciones del paciente deberían guiar las intervenciones de terapia física y tener más peso que la conveniencia del profesional. En este sentido, si para realizar alguna intervención de terapia física es necesario exponer alguna parte del cuerpo de una persona, se debería solicitar explicítamente su autorización (claro, siempre que esté en la capacidad de responder), y asimismo efectuar todos los procedimientos necesarios, por laboriosos que sean, para mantener cubiertas aquellas regiones sobre las cuales no sea necesario trabajar.
He visto libros sobre masaje y terapias manuales que dedican capítulos enteros al tema de la exposición y cobertura del cuerpo del paciente según la intervención a realizar. Los procedimientos, que involucran sábanas, toallas, paños, almohadas y otros implementos para cubrir el cuerpo del paciente, al igual que formas específicas de instruirle que coloque o gire su cuerpo y técnicas para evitar el contacto con zonas consideradas delicadas (como el tejido mamario, en el caso de las mujeres), muchas veces no son tan inmediatamente obvios que el estudiante pueda idearlos espontáneamente al momento que le toque intervenir, incluso en el caso de un "simple" masaje. Por tal motivo, cómo respetar la intimidad y el pudor de los pacientes debe ser parte del conocimiento del profesional, y por tanto es un tema que debería enseñarse formalmente en los programas de estudio de terapia física, en lugar de dejar que sea un aspecto que el estudiante deba descubrir por cuenta propia, casualmente, a medida que gane experiencia.
(* Teníamos un compañero que era el modelo designado y que tuvo que ofrecer su cuerpo, "voluntariamente", la mayor parte de las ocasiones.)
domingo, agosto 22, 2010
Guía ilustrada para el doctorado (Ph.D.)
Matt Might ha creado The Illustrated Guide to a Ph.D. como una forma gráfica de ilustrar qué representa la obtención de un doctorado académico (Ph.D.) en algún campo del conocimiento humano. Una versión traducida al español, realizada por Ismael Peña-López, se puede obtener aquí.
No intentaré describir ni reproducir la guía en este blog, porque perdería su gracia. Te invito a que sigas los enlaces que te doy hacia cualquiera de las dos versiones (gracias a mi hermano por pasarme el enlace).
No intentaré describir ni reproducir la guía en este blog, porque perdería su gracia. Te invito a que sigas los enlaces que te doy hacia cualquiera de las dos versiones (gracias a mi hermano por pasarme el enlace).
jueves, junio 03, 2010
Ya no soy un estudiante, ¿o sí?
Hace pocos días, un profesor me contó en persona que él ojea mi blog con cierta regularidad, y aunque no comentó nada específico sobre algo que yo haya escrito, con su forma honesta y directa de decir las cosas el profesor me planteó la siguiente sugerencia (bueno, viniendo de él, en realidad fue casi una exigencia):
La verdad es que no soy (y nunca he sido) una persona que busque siempre que alguien más le enseñe lo que quiere o debe saber; al contrario, gran parte de lo (poco) que sé y que planeo poner en práctica (llegado el momento de poner en mis manos la salud de una persona con responsabilidad), en realidad no fue obtenido en el aula de clases, sino que proviene de otros lugares. En ese sentido, yo era un "estudiante de terapia física" antes de sentarme por primera vez en un aula, y el salir de la última de ellas no ha marcado el final de mi aprendizaje, el término de mi época de "estudiante", sino que constituye la ansiada oportunidad para centrarme en las cosas que realmente me interesan, con la filosofía y el enfoque que quiero imprimir en lo que haré en la práctica. Los cuatro años de estudios, para mis gustos y fines, deberán ser complementados por bastante tiempo adicional para aprender cosas que sé que son esenciales para mi práctica profesional pero que todavía desconozco, sin cuyo conocimiento mi práctica se sentiría realmente vacía, incierta, insegura y hasta irresponsable.
Me considero un "estudiante" aún porque mi curiosidad y mi empeño por descubrir, por cuenta propia, cosas totalmente nuevas, incluso si desafían o contradicen lo aprendido anteriormente (por cualquier medio), no han hecho otra cosa que incrementarse al dejar de asistir a clases. De hecho, ese interés es lo que originalmente me impulsó para empezar a estudiar terapia física y es lo que me mantiene comprometido para seguir formándome; francamente, el instante en que la novedad se desvanezca será el momento en el cual yo pierda totalmente mi interés por la teoría y la práctica de la terapia física.
Principalmente por estos estos motivos, como yo lo percibo y no tengo reparos en admitirlo, yo considero que continúo siendo un "estudiante" de terapia física.
Ya es hora de que cambies el nombre de tu blog; ya no eres un "estudiante", eres un "egresado".Desde ese momento he estado pensando en lo que me digo el profesor: Habiendo egresado, ¿debería cambiar el nombre de este blog o no? Entiendo que cambiar la alusión a "estudiante" por otra a "egresado" de alguna forma podría elevar mi estatus y el de este blog, pero entre los argumentos a favor y en contra del cambio de nombre hay otros que me apoyan con mayor fuerza para conservar el nombre actual.
La verdad es que no soy (y nunca he sido) una persona que busque siempre que alguien más le enseñe lo que quiere o debe saber; al contrario, gran parte de lo (poco) que sé y que planeo poner en práctica (llegado el momento de poner en mis manos la salud de una persona con responsabilidad), en realidad no fue obtenido en el aula de clases, sino que proviene de otros lugares. En ese sentido, yo era un "estudiante de terapia física" antes de sentarme por primera vez en un aula, y el salir de la última de ellas no ha marcado el final de mi aprendizaje, el término de mi época de "estudiante", sino que constituye la ansiada oportunidad para centrarme en las cosas que realmente me interesan, con la filosofía y el enfoque que quiero imprimir en lo que haré en la práctica. Los cuatro años de estudios, para mis gustos y fines, deberán ser complementados por bastante tiempo adicional para aprender cosas que sé que son esenciales para mi práctica profesional pero que todavía desconozco, sin cuyo conocimiento mi práctica se sentiría realmente vacía, incierta, insegura y hasta irresponsable.
Me considero un "estudiante" aún porque mi curiosidad y mi empeño por descubrir, por cuenta propia, cosas totalmente nuevas, incluso si desafían o contradicen lo aprendido anteriormente (por cualquier medio), no han hecho otra cosa que incrementarse al dejar de asistir a clases. De hecho, ese interés es lo que originalmente me impulsó para empezar a estudiar terapia física y es lo que me mantiene comprometido para seguir formándome; francamente, el instante en que la novedad se desvanezca será el momento en el cual yo pierda totalmente mi interés por la teoría y la práctica de la terapia física.
Principalmente por estos estos motivos, como yo lo percibo y no tengo reparos en admitirlo, yo considero que continúo siendo un "estudiante" de terapia física.
domingo, mayo 02, 2010
La licenciatura en terapia física: apenas el inicio
Durante el último semestre de clases, hubo la oportunidad de conversar y discutir sobre la percepción individual que mis compañeros y yo teníamos sobre la educación que habíamos recibido, y acerca de lo que podíamos esperar de nuestra profesión en el futuro, basándonos en lo que habíamos vivido y presenciado hasta ese momento. En esas ocasiones, mi opinión de que necesitamos un mayor sustento teórico para lo que hacemos y de que tras obtener la licenciatura tendremos que buscar un nivel mayor de formación profesional, no fue bien recibida por muchos; talvez mis argumentos no fueron suficientemente claros y convincentes en ese momento. Sin embargo, apenas unos días atrás (varios meses después de haber egresado), conversé largamente con una compañera nuevamente sobre esto, y ella me dijo, "Recién ahora entiendo a lo que te referías cuando hablábamos de esto en clases; siento que no tengo otra opción que buscar más educación para atender con responsabilidad a mis pacientes".
En la universidad, yo sentía que había una urgencia de parte de muchos compañeros de salir a atender a pacientes; otros, en menor número, tenían como objetivo el procurarse más educación después de graduarse. Mi opinión personal, como digo, es que nuestro enfoque, dado que pertenecemos a una nueva generación de terapeutas físicos que inician su ejercicio profesional con el título de licenciatura, debería centrarse en buscar formación más profunda y especializada.
La transición a los programas de licenciatura en terapia física en el Ecuador, como yo la concibo, no es simplemente una oportunidad para agregar más créditos y asignaturas a los programas de educación existentes; al contrario, es el momento para rediseñar y reestructurar completamente los programas de terapia física para impartir una educación más global que permita a los estudiantes tener más opciones cuando se gradúen. En efecto, esto último es precisamente lo que están haciendo muchos pioneros de la profesión en este país que se dedican a la docencia.
Anteriormente se esperaba que los graduados en terapia física sean personas que hagan cosas; ahora, con la licenciatura, se espera que ellas sean profesionales capaces de tomar, por cuenta propia, decisiones conscientes e informadas. En el pasado, la educación en terapia física culminaba en un punto en el cual los profesionales no tenían otra opción que trabajar; ahora, con la licenciatura, los profesionales pueden aspirar a una infinidad de posibilidades de formación, entre ellas, las certificaciones nacionales e internacionales; los posgrados como los diplomados, las maestrías y las especializaciones; y los doctorados profesionales (como el título de DPT, para aquellos que decidan vivir en Estados Unidos de Norteamérica) y doctorados académicos (el Ph.D., para quienes estén interesados en la investigación científica o en la docencia universitaria). Las membresías en organizaciones profesionales internacionales ahora también son una posibilidad. Como se puede ver, ya no existe un límite en la educación que el terapeuta físico puede conseguir; yo pienso que este nivel de educación podría ser un factor que ayude a la terapia física a obtener el reconocimiento que se merece dentro del ámbito de las profesiones de la salud.
Naturalmente, hay que mencionar que, en la actualidad, para obtener educación avanzada específicamente en terapia física hay que buscar educación en el exterior; sin embargo, en Ecuador ya tenemos profesionales que se dedican a la docencia que han venido del exterior con títulos de posgrado, y otros que están realizando estudios de cuarto nivel en ramas afines en universidades locales. Con suerte, estos profesionales luego instaurarán programas de posgrado de terapia física en Ecuador, para el beneficio de los que vendremos después que ellos.
Para nosotros, compañeros, quiero reiterar mi opinión de que la licenciatura es apenas el inicio. Mi reconocimiento y mi agradecimiento a los profesionales pioneros que han trabajado (y luchado) con empeño para que la terapia física pueda dar este, tan necesario e importante, cambio de dirección.
En la universidad, yo sentía que había una urgencia de parte de muchos compañeros de salir a atender a pacientes; otros, en menor número, tenían como objetivo el procurarse más educación después de graduarse. Mi opinión personal, como digo, es que nuestro enfoque, dado que pertenecemos a una nueva generación de terapeutas físicos que inician su ejercicio profesional con el título de licenciatura, debería centrarse en buscar formación más profunda y especializada.
La transición a los programas de licenciatura en terapia física en el Ecuador, como yo la concibo, no es simplemente una oportunidad para agregar más créditos y asignaturas a los programas de educación existentes; al contrario, es el momento para rediseñar y reestructurar completamente los programas de terapia física para impartir una educación más global que permita a los estudiantes tener más opciones cuando se gradúen. En efecto, esto último es precisamente lo que están haciendo muchos pioneros de la profesión en este país que se dedican a la docencia.
Anteriormente se esperaba que los graduados en terapia física sean personas que hagan cosas; ahora, con la licenciatura, se espera que ellas sean profesionales capaces de tomar, por cuenta propia, decisiones conscientes e informadas. En el pasado, la educación en terapia física culminaba en un punto en el cual los profesionales no tenían otra opción que trabajar; ahora, con la licenciatura, los profesionales pueden aspirar a una infinidad de posibilidades de formación, entre ellas, las certificaciones nacionales e internacionales; los posgrados como los diplomados, las maestrías y las especializaciones; y los doctorados profesionales (como el título de DPT, para aquellos que decidan vivir en Estados Unidos de Norteamérica) y doctorados académicos (el Ph.D., para quienes estén interesados en la investigación científica o en la docencia universitaria). Las membresías en organizaciones profesionales internacionales ahora también son una posibilidad. Como se puede ver, ya no existe un límite en la educación que el terapeuta físico puede conseguir; yo pienso que este nivel de educación podría ser un factor que ayude a la terapia física a obtener el reconocimiento que se merece dentro del ámbito de las profesiones de la salud.
Naturalmente, hay que mencionar que, en la actualidad, para obtener educación avanzada específicamente en terapia física hay que buscar educación en el exterior; sin embargo, en Ecuador ya tenemos profesionales que se dedican a la docencia que han venido del exterior con títulos de posgrado, y otros que están realizando estudios de cuarto nivel en ramas afines en universidades locales. Con suerte, estos profesionales luego instaurarán programas de posgrado de terapia física en Ecuador, para el beneficio de los que vendremos después que ellos.
Para nosotros, compañeros, quiero reiterar mi opinión de que la licenciatura es apenas el inicio. Mi reconocimiento y mi agradecimiento a los profesionales pioneros que han trabajado (y luchado) con empeño para que la terapia física pueda dar este, tan necesario e importante, cambio de dirección.
sábado, enero 09, 2010
Posgrados y cursos de terapia física (kinesiología) en Buenos Aires, Argentina
En mi viaje a la ciudad de Buenos Aires tenía planeado visitar universidades para enterarme de qué posgrados y cursos de kinesiología (terapia física) ofrecen. Lamentablemente no pude hacerlo, pero hoy quiero compartir contigo la información sobre posgrados y cursos que encontré en los sitios web de las universidades con sede en la ciudad de Buenos Aires (Capital Federal).
Primero, algunas advertencias:
Sitio web: Página principal, Carreras de posgrado, Facultad de Medicina.
Información para extranjeros: Aquí, hacia el final de la página, bajo el título "Estudios de Posgrado"
Posgrados: La mejor información de todos los programas está detallada aquí (archivo PDF), pero otra información también está disponible acá (página web).
Sitio web: Página principal, Programas presenciales, Programas a distancia
Posgrados:
Cursos presenciales:
Sitio web: Página principal, Facultad de Ciencias Médicas, Buscador de programas
Posgrados:
Sitio web: Página principal, Instituto de Ciencias de la Rehabilitación y el Movimiento
Posgrados:
Cursos: Ninguno al momento
Sitio web: Página principal, Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud
Posgrados:
Cursos: Ninguno al momento
Sitio web: Página principal
Posgrados: Ninguno al momento
Cursos: Ninguno al momento
Primero, algunas advertencias:
- En esta entrada únicamente menciono los programas en las instituciones con sede en la ciudad de Buenos Aires (que eran las que yo planeaba visitar). Sé que hay otros programas en otras localidades en Argentina que habría que considerar, pero en esta ocasión no las incluyo.
- Me limito a mencionar las opciones que encontré en los sitios web de las diferentes instituciones hasta el día de hoy (9 de enero de 2009); es posible que haya otros programas que no han sido mencionados en los sitios web, o programas que se mencionan en los sitios web pero que ya no se ofrecen. La oferta de los cursos puede cambiar, y aunque procuraré mantener actualizada esta lista, no lo garantizo.
- No puedo decir nada sobre la calidad de ninguno de estos programas; la mención de un programa determinado no implica una recomendación.
- Por favor avísame si encuentras algún error o tienes información adicional que sea relevante.
UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (UBA)
Sitio web: Página principal, Carreras de posgrado, Facultad de Medicina.
Información para extranjeros: Aquí, hacia el final de la página, bajo el título "Estudios de Posgrado"
Posgrados: La mejor información de todos los programas está detallada aquí (archivo PDF), pero otra información también está disponible acá (página web).
- Kinesiología Deportiva
- Auditoria Kinefisiátrica
- Gerontología y Geriatría Kinefisiátrica
- Kinesiología y Fisiatría Intensivista
- Kinesiología y Fisiatría en Ortopedia y Traumatología
- Kinesiología y Fisiatría Pediátricas y Neonatales
- Estimulación Temprana y Psicomotricidad
- Neurociencias
- Técnicas globales de corrección postural
- Interpretación de imágenes de columna vertebral
- Kinesiología estética aplicada
- Flebología y linfología
- Acupuntura y técnicas relacionadas
- Tratamiento kinésico global en escoliosis, cifosis y lordosis
- Suelo pélvico
- Movilización articular
- Dolor en Kinesiología
UNIVERSIDAD FAVALORO
Sitio web: Página principal, Programas presenciales, Programas a distancia
Posgrados:
Cursos presenciales:
- Osteología: Modalidad intensiva , Modalidad Quincenal
- De actualización en rehabilitación kinésico-neurológica en adultos
- Actualización en Osteoporosis
- Introducción a la Ergonomía
- Actualización en Ergonomía e Higiene y Seguridad
PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE ARGENTINA (UCA)
Sitio web: Página principal, Facultad de Ciencias Médicas, Buscador de programas
Posgrados:
UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN MARTÍN (UNSAM)
Sitio web: Página principal, Instituto de Ciencias de la Rehabilitación y el Movimiento
Posgrados:
Cursos: Ninguno al momento
UNIVERSIDAD ABIERTA INTERAMERICANA (UAI)
Sitio web: Página principal, Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud
Posgrados:
Cursos: Ninguno al momento
UNIVERSIDAD MAIMÓNIDES
Sitio web: Página principal
Posgrados: Ninguno al momento
Cursos: Ninguno al momento
sábado, enero 02, 2010
Resultados de la encuesta sobre idiomas que les conviene conocer a los terapeutas físicos
Hace más o menos un mes formulé en este blog una encuesta sobre los idiomas que les conviene conocer a los terapeutas físicos. La encuesta está ahora cerrada, y aunque el número de votos no fue grande, los resultados son más o menos lo que se podía anticipar. De un total de 25 votos:
- Inglés: 60% (15 votos)
- Francés: 24% (6 votos)
- Alemán: 8% (2 votos)
- Chino: 4% (1 voto)
- Japonés: 4% (1 voto)
- Italiano, portugués y ruso: 0% (0 votos)
sábado, noviembre 28, 2009
Idiomas para los terapeutas físicos: ¿Cuál conviene?
En varias entradas anteriores te he mencionado que he encontrado diferencias en el conocimiento y en la práctica de la terapia física entre las diferentes regiones del mundo, y en otras entradas también he compartido contigo mi opinión personal de que conocer inglés le permite a uno ampliar sus conocimientos de terapia física.
Durante los últimos años yo he intentado estudiar varios idiomas extranjeros, pero la verdad es que no he llegado muy lejos; finalmente, el inglés es el único idioma extranjero que manejo en un nivel satisfactorio. Estoy considerando empezar a estudiar seriamente un segundo idioma extranjero en los próximos meses, principalmente con la idea de utilizarlo para adquirir nuevo conocimiento en la terapia física. En este momento me inclino por el alemán o el francés, en ese orden, ya que he encontrado una gran cantidad de recursos en esos idiomas que quisiera aprovechar.
¿Tú qué opinas? ¿Qué idioma, aparte del español, piensas que le conviene conocer al terapeuta físico de nuestra región para redondear su conocimiento de su profesión? En la parte derecha de la pantalla he colocado una encuesta con varias opciones de idiomas, ordenadas alfabéticamente; te invito a que votes y a que dejes un comentario en esta entrada explicando por qué consideras que el idioma que escogiste puede ser útil para el terapeuta físico. Me encantaría que participaras en esta encuesta, la cual estará abierta hasta el 31 de diciembre de este año.
Durante los últimos años yo he intentado estudiar varios idiomas extranjeros, pero la verdad es que no he llegado muy lejos; finalmente, el inglés es el único idioma extranjero que manejo en un nivel satisfactorio. Estoy considerando empezar a estudiar seriamente un segundo idioma extranjero en los próximos meses, principalmente con la idea de utilizarlo para adquirir nuevo conocimiento en la terapia física. En este momento me inclino por el alemán o el francés, en ese orden, ya que he encontrado una gran cantidad de recursos en esos idiomas que quisiera aprovechar.
¿Tú qué opinas? ¿Qué idioma, aparte del español, piensas que le conviene conocer al terapeuta físico de nuestra región para redondear su conocimiento de su profesión? En la parte derecha de la pantalla he colocado una encuesta con varias opciones de idiomas, ordenadas alfabéticamente; te invito a que votes y a que dejes un comentario en esta entrada explicando por qué consideras que el idioma que escogiste puede ser útil para el terapeuta físico. Me encantaría que participaras en esta encuesta, la cual estará abierta hasta el 31 de diciembre de este año.
miércoles, agosto 05, 2009
¡Bravo, Chile!
En el lado derecho de todas las páginas de este blog se muestra un aditamento que me permite ver de qué país, y generalmente de qué ciudad o población, provienen los visitantes de este blog, y qué páginas han visitado. Muchos visitantes llegan a este blog mediante una búsqueda en Google, y en ese caso también puedo ver qué han buscado (es decir, los "términos de búsqueda" que emplearon).
He tenido visitantes de todos los países de América, y de España, Portugal y otros países europeos. Entre todos ellos, me llama mucho la atención que una gran proporción de los visitantes de Chile que llegan a mi blog mediante Google lo hacen buscando cosas que yo considero particularmente novedosas, o buscando títulos de libros en inglés o los nombres de sus autores.
Tengo curiosidad por saber por qué los chilenos tienen esa tendencia hacia buscar información que, en general, es menos consultada por los visitantes de otros países, incluyendo mi país, Ecuador. Sería interesante ver algunos programas de estudio de kinesiología (terapia física) de las universidades chilenas, y notar qué temas enfatizan y qué recursos utilizan, para determinar si esa propensión se origina en la educación que reciben o si es más probable que se trate de una inclinación personal. Ya me voy a poner a investigar. Si los lectores me puede anticipar algo, se los agradecería.
Por lo pronto, mi felicitación a los chilenos por esa iniciativa de complementar su conocimiento con información diferente a la que utilizan los terapeutas físicos y kinesiólogos de otros países de nuestra región.
He tenido visitantes de todos los países de América, y de España, Portugal y otros países europeos. Entre todos ellos, me llama mucho la atención que una gran proporción de los visitantes de Chile que llegan a mi blog mediante Google lo hacen buscando cosas que yo considero particularmente novedosas, o buscando títulos de libros en inglés o los nombres de sus autores.
Tengo curiosidad por saber por qué los chilenos tienen esa tendencia hacia buscar información que, en general, es menos consultada por los visitantes de otros países, incluyendo mi país, Ecuador. Sería interesante ver algunos programas de estudio de kinesiología (terapia física) de las universidades chilenas, y notar qué temas enfatizan y qué recursos utilizan, para determinar si esa propensión se origina en la educación que reciben o si es más probable que se trate de una inclinación personal. Ya me voy a poner a investigar. Si los lectores me puede anticipar algo, se los agradecería.
Por lo pronto, mi felicitación a los chilenos por esa iniciativa de complementar su conocimiento con información diferente a la que utilizan los terapeutas físicos y kinesiólogos de otros países de nuestra región.
lunes, julio 27, 2009
Las presentaciones en clase, una modalidad abusada
Yo no soy un educador ni estoy al tanto de las últimas tendencias en la docencia. Sin embargo, como educando, es decir, como alguien que se sienta en los pupitres para recibir la información presentada en clases, yo he podido ver que las presentaciones en clase realizadas por estudiantes casi nunca funcionan.
Yo entiendo que lo que se busca con las presentaciones en clase no es únicamente que los estudiantes consulten sobre un tema y que expongan lo que han descubierto, sino que ellos aprendan a desenvolverse en público con soltura y confianza. Sin embargo, prácticamente en todas las presentaciones en los siete semestres que han transcurrido ha sucedido lo siguiente, sin que ningún profesor realmente logre que la situación mejore:
En la defensa de la disertación de tesis, cosa que se aproxima inevitablemente para quienes queremos graduarnos, tendremos que exponer, ahora sí en serio, frente a profesores, compañeros y familiares, y ellos no dudarán en preguntar algo si hace falta; el tribunal estará pendiente de todos los detalles de la presentación y los considerará como parte de la nota. Si insistimos en utilizar presentaciones en clase, al menos empecemos a hacer las que nos restan este último semestre de tal forma que nos preparen para la presentación más importante de nuestra carrera de pregrado, esa temida defensa de disertación (que, de paso, sería menos escalofriante si hubiéramos aprovechado desde el inicio las presentaciones para refinar nuestras destrezas de exposición frente a una audiencia).
Yo entiendo que lo que se busca con las presentaciones en clase no es únicamente que los estudiantes consulten sobre un tema y que expongan lo que han descubierto, sino que ellos aprendan a desenvolverse en público con soltura y confianza. Sin embargo, prácticamente en todas las presentaciones en los siete semestres que han transcurrido ha sucedido lo siguiente, sin que ningún profesor realmente logre que la situación mejore:
- Algunos estudiantes ponen cien (o más) líneas de texto en cada diapositiva y se dedican a leer literalmente lo que han puesto; si el profesor les pregunta algo que no está en la diapositiva, les friega.
- Los que escuchamos no tenemos idea del origen de la información. Probablemente se trata de un copy-paste del sitio web del Sr. Pelagato.
- Como se trata de información presentada por un estudiante, el resto de compañeros generalmente no para bola a quien está al frente; quienes no están dormidos, se la pasan conversando sobre la farra del último sábado o sobre el chico que les hizo ojitos la semana anterior.
- Relacionado con esto último, dado que los estudiantes no ponen atención, la presentación es generalmente dirigida al profesor, cuando en realidad no tiene sentido si no es dirigida a los compañeros.
- Nadie se anima a preguntar al compañero expositor si algo no quedó claro, o a emitir alguna opinión; de hecho, está mal visto que uno lo haga porque puede poner en aprietos al compañero y eso podría significarle una nota más baja.
- Los estudiantes vamos a clases para aprender de los que saben mucho más que nosotros, no de los que saben lo mismo o menos. Que el profesor, durante la exposición o después de ella, corrija algo que se dijo mal, en ocasiones trae más confusión que clarificación.
- ¡Y luego hay que estudiar de las diapositivas para las pruebas! ¡Horror!
- El profesor debe especificar en detalle qué temas debe abordar y qué estructura debe tener la exposición.
- El profesor podría sugerir fuentes de información que contengan la información de interés en el detalle, enfoque o extensión que sean deseables.
- El profesor debe revisar de antemano la presentación y solicitar correcciones si es necesario, en una o más ocasiones.
- Se debe verificar el origen de la información y enfatizar que se citen las fuentes consultadas. Las fuentes deben ser confiables y actualizadas: nada que provenga de un sitio web de dudosa reputación o que haya sido publicado hace décadas.
- Se debe asegurar que la presentación se conduzca con seriedad, tanto por el expositor como por la audiencia.
- Se debe auspiciar que la audiencia haga preguntas o emita opiniones sobre lo que se ha dicho; pienso que sería rara la ocasión en la que no haya nada que decir sobre lo expuesto.
En la defensa de la disertación de tesis, cosa que se aproxima inevitablemente para quienes queremos graduarnos, tendremos que exponer, ahora sí en serio, frente a profesores, compañeros y familiares, y ellos no dudarán en preguntar algo si hace falta; el tribunal estará pendiente de todos los detalles de la presentación y los considerará como parte de la nota. Si insistimos en utilizar presentaciones en clase, al menos empecemos a hacer las que nos restan este último semestre de tal forma que nos preparen para la presentación más importante de nuestra carrera de pregrado, esa temida defensa de disertación (que, de paso, sería menos escalofriante si hubiéramos aprovechado desde el inicio las presentaciones para refinar nuestras destrezas de exposición frente a una audiencia).
martes, julio 14, 2009
¿Humildad o inseguridad?
Se dice que "mientras más uno sabe, más cae en la cuenta de lo poco que sabe". Según algunos, que una persona reconozca esto es un indicio de que esa persona ha tomado el camino de la humildad en lugar de aquel de la soberbia y la vanidad.
Sin embargo, que un profesor universitario diga a los estudiantes el primer día de clases del semestre que "intentará transmitir lo poco que sabe", o que "en realidad solo sabe un poquito más" que los estudiantes, puede ser interpretado por ellos como una señal de inseguridad más que de humildad, o puede ser percibido por ellos más como una excusa para poder demostrar ignorancia o para que se le permita errar, que como auténtica humildad.
Personalmente, yo pienso que si alguien funge de profesor, esta persona debe dominar la materia que imparte. Se supone que un profesional que se dedica a la docencia, aparte de estar siempre actualizado, debe saber más que el profesional promedio y ciertamente muchisísimo más que un estudiante que apenas se está introduciendo en un tema. Un profesor está encargado de formar a los estudiantes (es decir, a los futuros profesionales); por tanto, los estudiantes vierten su confianza en él y tienen un nivel elevado de expectativas en cuanto a lo que el profesor va a impartir en clases y a lo que ellos van a aprender. Yo entiendo que difícilmente alguien podrá saber absolutamente todo sobre un tema; sin embargo, la probabilidad de que un profesor no pueda resolver --con seguridad, fundamento y claridad-- las inquietudes de los estudiantes (que son personas que desconocen la materia que recién están empezando a estudiar), debería ser minúscula.
En unas semanas más empieza otro semestre en la universidad. Ojalá este semestre no haya profesores que digan algo como que "solo saben un poquito más" que nosotros (los estudiantes) durante su presentación el primer día de clases.
Sin embargo, que un profesor universitario diga a los estudiantes el primer día de clases del semestre que "intentará transmitir lo poco que sabe", o que "en realidad solo sabe un poquito más" que los estudiantes, puede ser interpretado por ellos como una señal de inseguridad más que de humildad, o puede ser percibido por ellos más como una excusa para poder demostrar ignorancia o para que se le permita errar, que como auténtica humildad.
Personalmente, yo pienso que si alguien funge de profesor, esta persona debe dominar la materia que imparte. Se supone que un profesional que se dedica a la docencia, aparte de estar siempre actualizado, debe saber más que el profesional promedio y ciertamente muchisísimo más que un estudiante que apenas se está introduciendo en un tema. Un profesor está encargado de formar a los estudiantes (es decir, a los futuros profesionales); por tanto, los estudiantes vierten su confianza en él y tienen un nivel elevado de expectativas en cuanto a lo que el profesor va a impartir en clases y a lo que ellos van a aprender. Yo entiendo que difícilmente alguien podrá saber absolutamente todo sobre un tema; sin embargo, la probabilidad de que un profesor no pueda resolver --con seguridad, fundamento y claridad-- las inquietudes de los estudiantes (que son personas que desconocen la materia que recién están empezando a estudiar), debería ser minúscula.
En unas semanas más empieza otro semestre en la universidad. Ojalá este semestre no haya profesores que digan algo como que "solo saben un poquito más" que nosotros (los estudiantes) durante su presentación el primer día de clases.
lunes, junio 29, 2009
El aula universitaria no es lugar para ti...
Que el conocimiento humano se amplía día tras día es un hecho, pero también es un hecho que el conocimiento humano cambia. Por tanto, uno no solo necesita aprender cosas nuevas, sino que también debe modificar o abandonar lo que hace.
Se asume que todo profesional debe estar al día en su campo. Este no es un asunto de inclinación, iniciativa o voluntad personal: estar al día es un requerimiento para ser (o llamarse a sí mismo) un profesional. Aún así, muchos profesionales de la terapia física sobreviven en el entorno laboral sin realmente molestarse por satisfacer ese requisito de actualización, e incluso así algunas de estas personas llegan a tener mucho éxito en el ejercicio profesional particular.
Por otro lado, la necesidad de estar al día en su profesión se torna absolutamente ineludible cuando hablamos de un profesional que adicionalmente se dedica a la docencia. El aula universitaria es un lugar para el aprendizaje, la investigación, la creación, la innovación, la comparación, la crítica, la discusión; es un espacio para actualizarse, valorar, cambiar, desafiar, proponer, implementar. El aula universitaria no es un lugar para la estancación, la obstinación, la lucha, el conflicto. El aula universitaria no es un espacio destinado a la conservación, protección y veneración de reliquias; para esto existen los museos.
Honestamente, no importa si tienes 10, 20, 30 o 40 años de experiencia profesional y has tenido éxito en lo que haces particularmente; eso, aunque sea significativo, simplemente no es suficiente si quieres ser un profesor universitario. Si no estás dispuesto a reconocer que, como docente, estás obligado a actualizarte todos los días, y que debes modificar y abandonar tanto como aprender, mejor dedícate exclusivamente al ejercicio profesional privado: el aula universitaria evidentemente no es lugar para ti.
Se asume que todo profesional debe estar al día en su campo. Este no es un asunto de inclinación, iniciativa o voluntad personal: estar al día es un requerimiento para ser (o llamarse a sí mismo) un profesional. Aún así, muchos profesionales de la terapia física sobreviven en el entorno laboral sin realmente molestarse por satisfacer ese requisito de actualización, e incluso así algunas de estas personas llegan a tener mucho éxito en el ejercicio profesional particular.
Por otro lado, la necesidad de estar al día en su profesión se torna absolutamente ineludible cuando hablamos de un profesional que adicionalmente se dedica a la docencia. El aula universitaria es un lugar para el aprendizaje, la investigación, la creación, la innovación, la comparación, la crítica, la discusión; es un espacio para actualizarse, valorar, cambiar, desafiar, proponer, implementar. El aula universitaria no es un lugar para la estancación, la obstinación, la lucha, el conflicto. El aula universitaria no es un espacio destinado a la conservación, protección y veneración de reliquias; para esto existen los museos.
Honestamente, no importa si tienes 10, 20, 30 o 40 años de experiencia profesional y has tenido éxito en lo que haces particularmente; eso, aunque sea significativo, simplemente no es suficiente si quieres ser un profesor universitario. Si no estás dispuesto a reconocer que, como docente, estás obligado a actualizarte todos los días, y que debes modificar y abandonar tanto como aprender, mejor dedícate exclusivamente al ejercicio profesional privado: el aula universitaria evidentemente no es lugar para ti.
sábado, abril 25, 2009
Ser un "trabajador" o ser un "pro"
Una discusión clásica en todos los campos en los que se desenvuelve el ser humano tiene que ver con qué significa ser un "profesional". Si alguien se dedica a un oficio, y vive de ello, ¿se puede decir automáticamente que esa persona es un "profesional" de su campo? ¿O ser un "profesional" involucra más cosas que simplemente desempeñarse en un trabajo?
A mí me gusta la palabra "pro" en la forma en la que la usan quienes hablan inglés. A pesar de que "pro" en ese idioma es simplemente una contracción de "professional", por la forma en la que es utilizada, para mí "pro" resulta ser mucho más elocuente y descriptiva.
Cuando los que hablan inglés dicen algo como "He's a pro" o "She's a real pro" yo percibo que quieren expresar que el trabajo de esa persona (terapeuta físico, deportista, cocinero, músico, carpintero, piloto de avión, etc.) demuestra una calidad evidentemente superior a la que exhibe el trabajo que realizan otras personas. Un "pro" es alguien que le ha dedicado tanto tiempo y esfuerzo a algo que ha acumulado tal cantidad de conocimiento, experiencia y habilidad, que se distingue claramente de la mayoría de personas en esa actividad en particular. Un "pro" es alguien que domina un tema; es alguien a quien uno acudiría cuando quiere solucionar un problema complicado que otras personas difícilmente podrían resolver. Un "pro" es alguien que tiene un compromiso con su profesión, que contribuye con su desarrollo y que le da buen nombre; es un maestro, un mentor, un modelo a seguir.
En nuestro país, uno es "profesional" (en cualquier campo) cuando obtiene un título otorgado por una universidad o un instituto; por haber conseguido ese título, uno está autorizado para ejercer una profesión. Sin embargo, muchos "profesionales", posiblemente sin caer en la cuenta de ello, terminan cayendo en la clasificación de "personas que trabajan en algo, y punto". Una proporción menor de personas, con toda seguridad siendo conscientes de ello porque les ha tomado muchísimo esfuerzo, llegarán a ser calificadas por otros (colegas y público) como auténticos "pro".
Como lo dije al inicio del semestre, y tomando en cuenta algunos sucesos que han ocurrido en clases desde ese momento (algunos de los cuales no han sido agradables), siento que mis compañeros y yo estamos en un momento absolutamente crítico de nuestra formación. Es el momento en el que cada uno de nosotros debe caer en la cuenta de si está yendo por el camino que le llevará a ser un "trabajador" o por aquel que le conducirá a convertirse en un "pro".
A mí me gusta la palabra "pro" en la forma en la que la usan quienes hablan inglés. A pesar de que "pro" en ese idioma es simplemente una contracción de "professional", por la forma en la que es utilizada, para mí "pro" resulta ser mucho más elocuente y descriptiva.
Cuando los que hablan inglés dicen algo como "He's a pro" o "She's a real pro" yo percibo que quieren expresar que el trabajo de esa persona (terapeuta físico, deportista, cocinero, músico, carpintero, piloto de avión, etc.) demuestra una calidad evidentemente superior a la que exhibe el trabajo que realizan otras personas. Un "pro" es alguien que le ha dedicado tanto tiempo y esfuerzo a algo que ha acumulado tal cantidad de conocimiento, experiencia y habilidad, que se distingue claramente de la mayoría de personas en esa actividad en particular. Un "pro" es alguien que domina un tema; es alguien a quien uno acudiría cuando quiere solucionar un problema complicado que otras personas difícilmente podrían resolver. Un "pro" es alguien que tiene un compromiso con su profesión, que contribuye con su desarrollo y que le da buen nombre; es un maestro, un mentor, un modelo a seguir.
En nuestro país, uno es "profesional" (en cualquier campo) cuando obtiene un título otorgado por una universidad o un instituto; por haber conseguido ese título, uno está autorizado para ejercer una profesión. Sin embargo, muchos "profesionales", posiblemente sin caer en la cuenta de ello, terminan cayendo en la clasificación de "personas que trabajan en algo, y punto". Una proporción menor de personas, con toda seguridad siendo conscientes de ello porque les ha tomado muchísimo esfuerzo, llegarán a ser calificadas por otros (colegas y público) como auténticos "pro".
Como lo dije al inicio del semestre, y tomando en cuenta algunos sucesos que han ocurrido en clases desde ese momento (algunos de los cuales no han sido agradables), siento que mis compañeros y yo estamos en un momento absolutamente crítico de nuestra formación. Es el momento en el que cada uno de nosotros debe caer en la cuenta de si está yendo por el camino que le llevará a ser un "trabajador" o por aquel que le conducirá a convertirse en un "pro".
jueves, marzo 05, 2009
La Terapia Respiratoria en los Estados Unidos de América
Hace unos días caí en la cuenta de que entre las especialidades de la terapia física en los Estados Unidos de América figura la especialidad en cardiovascular y pulmonar, pero que en ese país hay profesionales llamados terapeutas respiratorios que no son terapeutas físicos que han recibido certificación en esa especialidad. Hice unas cuantas búsquedas en Internet y me enteré por qué.
Resulta que en EUA hay una profesión llamada terapia respiratoria que es totalmente separada de la terapia física. La terapia respiratoria tiene sus propios programas de estudio, exámenes de certificación y registro, y organizaciones profesionales.
La American Academy for Respiratory Care (AARC) es la organización que agrupa a los terapeutas respiratorios en EUA. Según esta página de la AARC, los terapeutas respiratorios diagnostican desórdenes de los pulmones y de la respiración y recomiendan métodos de tratamiento; entrevistan y evalúan a los pacientes; recomiendan a los médicos en cambio en la terapia según la condición del paciente; analizan especímenes tomados del paciente para determinar los niveles de gases; administran los ventiladores artificiales y otros dispositivos; responden a emergencias; y educan a los pacientes y a sus familias sobre las enfermedades pulmonares.
Según esta otra página de la AARC, los terapeutas respiratorios pueden trabajar en hospitales (en unidades de cuidados intensivos, en salas de cirugía y emergencias, en unidades de neonatología y pediatría, etc.), en programas de rehabilitación pulmonar, en laboratorios del sueño, en consultorios médicos realizando pruebas de función pulmonar, y en los hogares de los pacientes, entre otros entornos. Entre muchos videos publicados por la AARC, puedes ver un video (Quicktime, Windows Media) que da una perspectiva general del trabajo de los terapeutas respiratorios.
Existen programas acreditados de estudios de 2 y 4 años, y también maestrías. Los programas acreditados se pueden buscar en este directorio y también en esta lista (PDF). Más información sobre esto en el sitio web de la AARC. Los terapeutas respiratorios graduados entonces tienen que obtener una licencia para ejercer la profesión en el estado del país en el que deseen ejercerla. Posteriormente, los terapeutas se certifican (nivel inicial) o se registran (nivel avanzado) rindiendo un examen administrado por la National Board for Respiratory Care (NBRC). Este organismo también administra exámenes de certificación y registro para aquellos que desean realizar pruebas de función pulmonar, y exámenes de especialidad en neonatología/pediatría y en desórdenes del sueño. La AARC describe las opciones de especialización que tienen los terapeutas respiratorios.
Recientemente conversé con un profesor sobre esto, y él me dijo que piensa que la terapia respiratoria debería ser una especialidad de la terapia física, no una carrera separada, ya que el trabajo de los terapeutas respiratorios tiene mucho que ver con el trabajo de los terapeutas físicos; hace un tiempo, otro profesor opinaba lo mismo. Este es un caso muy similar al de los athletic trainers, que son profesionales de los EUA cuyo trabajo coincide en gran parte con lo que hacen los terapeutas físicos de ese país que tienen certificación de especialidad en deporte, y también con lo que hacen los terapeutas físicos en Ecuador (y en otros países de nuestra región) que trabajan en la terapia deportiva.
Voy a buscar las diferencias entre los terapeutas respiratorios y los terapeutas físicos con certificación de especialidad en cardiovascular y pulmonar y te reportaré lo que encuentre.
Resulta que en EUA hay una profesión llamada terapia respiratoria que es totalmente separada de la terapia física. La terapia respiratoria tiene sus propios programas de estudio, exámenes de certificación y registro, y organizaciones profesionales.
La American Academy for Respiratory Care (AARC) es la organización que agrupa a los terapeutas respiratorios en EUA. Según esta página de la AARC, los terapeutas respiratorios diagnostican desórdenes de los pulmones y de la respiración y recomiendan métodos de tratamiento; entrevistan y evalúan a los pacientes; recomiendan a los médicos en cambio en la terapia según la condición del paciente; analizan especímenes tomados del paciente para determinar los niveles de gases; administran los ventiladores artificiales y otros dispositivos; responden a emergencias; y educan a los pacientes y a sus familias sobre las enfermedades pulmonares.
Según esta otra página de la AARC, los terapeutas respiratorios pueden trabajar en hospitales (en unidades de cuidados intensivos, en salas de cirugía y emergencias, en unidades de neonatología y pediatría, etc.), en programas de rehabilitación pulmonar, en laboratorios del sueño, en consultorios médicos realizando pruebas de función pulmonar, y en los hogares de los pacientes, entre otros entornos. Entre muchos videos publicados por la AARC, puedes ver un video (Quicktime, Windows Media) que da una perspectiva general del trabajo de los terapeutas respiratorios.
Existen programas acreditados de estudios de 2 y 4 años, y también maestrías. Los programas acreditados se pueden buscar en este directorio y también en esta lista (PDF). Más información sobre esto en el sitio web de la AARC. Los terapeutas respiratorios graduados entonces tienen que obtener una licencia para ejercer la profesión en el estado del país en el que deseen ejercerla. Posteriormente, los terapeutas se certifican (nivel inicial) o se registran (nivel avanzado) rindiendo un examen administrado por la National Board for Respiratory Care (NBRC). Este organismo también administra exámenes de certificación y registro para aquellos que desean realizar pruebas de función pulmonar, y exámenes de especialidad en neonatología/pediatría y en desórdenes del sueño. La AARC describe las opciones de especialización que tienen los terapeutas respiratorios.
Recientemente conversé con un profesor sobre esto, y él me dijo que piensa que la terapia respiratoria debería ser una especialidad de la terapia física, no una carrera separada, ya que el trabajo de los terapeutas respiratorios tiene mucho que ver con el trabajo de los terapeutas físicos; hace un tiempo, otro profesor opinaba lo mismo. Este es un caso muy similar al de los athletic trainers, que son profesionales de los EUA cuyo trabajo coincide en gran parte con lo que hacen los terapeutas físicos de ese país que tienen certificación de especialidad en deporte, y también con lo que hacen los terapeutas físicos en Ecuador (y en otros países de nuestra región) que trabajan en la terapia deportiva.
Voy a buscar las diferencias entre los terapeutas respiratorios y los terapeutas físicos con certificación de especialidad en cardiovascular y pulmonar y te reportaré lo que encuentre.
sábado, febrero 28, 2009
Terapia Física versión 2.0
En el campo de la informática, un producto de software generalmente pasa por varias versiones a lo largo de su vida. La versión 1.0 es aquella primera versión que es apta para el consumo generalizado del público. Sin importar cuán útil y exitosa la versión 1.0 haya sido, los creadores del producto siempre se enfrascan en el desarrollo de una nueva versión, corregida, ampliada y mejorada: muchas personas han utilizado el software y han encontrado errores o deficiencias, o han sugerido que se lo amplíe para que se ajuste a necesidades suyas que no fueron anticipadas. También puede pasar que la tecnología ha avanzado y que hay mejores herramientas y métodos para hacer las cosas, y es necesaria una nueva versión para incorporarlas.
En el software, el cambio de denominación de versión 1 a versión 2 (y de 2 a 3, de 3 a 4, y así sucesivamente) implica que el software ha sido sometido a cambios muy significativos y en ocasiones radicales; en algunos casos, se elige desechar totalmente el trabajo y empezar nuevamente desde cero. Un salto de versión de este tipo representa una nueva era en la historia del producto de software. Aquellas versiones con cambios menos significativos adquieren denominaciones con subíndices, por ejemplo, versión 1.1, 1.2, 2.5, etc.
¿Qué conexión encuentro yo entre esto y la terapia física? Intentaré explicarlo a continuación.
En la actualidad, en el Ecuador (así como en los Estados Unidos de Norteamérica y aparentemente en muchos otros países) está abierto el debate acerca de si los terapeutas físicos están capacitados para asumir más responsabilidades y facultades dentro del equipo de salud. En los Estados Unidos de Norteamérica, por ejemplo, el título de doctorado es ahora el requisito mínimo para poder ejercer la profesión, y este título habilita a los profesionales licenciados, entre otras cosas, a obtener acceso a los pacientes sin que les sean remitidos por un médico y a emitir un diagnóstico de la condición de salud del paciente (dentro de su especialidad, naturalmente).
Históricamente, en el Ecuador, la terapia física ha sido una profesión caracterizada por la supervivencia: la supervivencia individual del estudiante frente a la escasez de profesores aptos para la docencia; la supervivencia del estudiante y del profesional frente a la inaccesibilidad a la información y de oportunidades de educación; y la supervivencia del profesional frente a la lucha con los médicos (particularmente con los fisiatras). En los últimos años, con la iniciativa de que los nuevos terapeutas físicos del Ecuador inicien su ejercicio profesional con el título de licenciatura, ya no con el de tecnología médica, se ha buscado que ellos estén más capacitados para asumir un número mayor de roles y responsabilidades, pero también que tengan más oportunidades. Los pioneros --¿guerreros?-- de esta profesión en el Ecuador han querido dar paso a una nueva generación de terapeutas físicos, profesionales cuya lucha diaria no sea por la supervivencia individual, sino por la prosperidad de la profesión en su conjunto.
Teniendo en mente lo anterior, mi inquietud es la siguiente: los cambios que se han producido en la carrera de la Terapia Física en el Ecuador con este salto a la licenciatura, ¿dan lugar a una nueva era en la profesión en este país? ¿Han sido estos cambios tan significativos que, si lo equiparamos con lo que sucedería en el software, podríamos decir que la licenciatura da lugar a la versión 2.0 de la Terapia Física en el Ecuador?
En mi opinión, todavía hay muchas deficiencias en la formación de los nuevos terapeutas físicos. La cobertura de las ciencias básicas (biología, anatomía, anatomía funcional, fisiología, histología, bioquímica, biofísica, biomecánica, etc.) podría ser mucho más profunda; la cobertura de materias como la farmacología y la imagenología podría realizarse con mucho mayor detenimiento, y se podrían introducir materias como el comportamiento motor; tópicos como la toma de decisiones clínicas y la práctica basada en la evidencia podrían ser incorporadas en los planes de estudio; se necesitaría la actualización de los recursos bibliográficos, con la incorporación de recursos modernos en inglés; entre otras cosas. En muchos sentidos, para el universitario, el estudio de la terapia física sigue siendo un asunto de supervivencia e individualidad.
Entiendo que un cambio de esa magnitud puede tomar un tiempo en producirse, pero a la vez pienso que esos asuntos deben ser resueltos antes de poder decir que realmente se ha producido un cambio significativo en la formación de los terapeutas físicos y en su preparación para ejercer la profesión. Aunque no creo que yo llegue a presenciar la Terapia Física versión 2.0 durante mi periodo de estudiante, espero sí hacerlo más adelante como profesional; asimismo, esperaría que inmediatemente nos enfoquemos en el desarrollo de una versión superior.
En el software, el cambio de denominación de versión 1 a versión 2 (y de 2 a 3, de 3 a 4, y así sucesivamente) implica que el software ha sido sometido a cambios muy significativos y en ocasiones radicales; en algunos casos, se elige desechar totalmente el trabajo y empezar nuevamente desde cero. Un salto de versión de este tipo representa una nueva era en la historia del producto de software. Aquellas versiones con cambios menos significativos adquieren denominaciones con subíndices, por ejemplo, versión 1.1, 1.2, 2.5, etc.
¿Qué conexión encuentro yo entre esto y la terapia física? Intentaré explicarlo a continuación.
En la actualidad, en el Ecuador (así como en los Estados Unidos de Norteamérica y aparentemente en muchos otros países) está abierto el debate acerca de si los terapeutas físicos están capacitados para asumir más responsabilidades y facultades dentro del equipo de salud. En los Estados Unidos de Norteamérica, por ejemplo, el título de doctorado es ahora el requisito mínimo para poder ejercer la profesión, y este título habilita a los profesionales licenciados, entre otras cosas, a obtener acceso a los pacientes sin que les sean remitidos por un médico y a emitir un diagnóstico de la condición de salud del paciente (dentro de su especialidad, naturalmente).
Históricamente, en el Ecuador, la terapia física ha sido una profesión caracterizada por la supervivencia: la supervivencia individual del estudiante frente a la escasez de profesores aptos para la docencia; la supervivencia del estudiante y del profesional frente a la inaccesibilidad a la información y de oportunidades de educación; y la supervivencia del profesional frente a la lucha con los médicos (particularmente con los fisiatras). En los últimos años, con la iniciativa de que los nuevos terapeutas físicos del Ecuador inicien su ejercicio profesional con el título de licenciatura, ya no con el de tecnología médica, se ha buscado que ellos estén más capacitados para asumir un número mayor de roles y responsabilidades, pero también que tengan más oportunidades. Los pioneros --¿guerreros?-- de esta profesión en el Ecuador han querido dar paso a una nueva generación de terapeutas físicos, profesionales cuya lucha diaria no sea por la supervivencia individual, sino por la prosperidad de la profesión en su conjunto.
Teniendo en mente lo anterior, mi inquietud es la siguiente: los cambios que se han producido en la carrera de la Terapia Física en el Ecuador con este salto a la licenciatura, ¿dan lugar a una nueva era en la profesión en este país? ¿Han sido estos cambios tan significativos que, si lo equiparamos con lo que sucedería en el software, podríamos decir que la licenciatura da lugar a la versión 2.0 de la Terapia Física en el Ecuador?
En mi opinión, todavía hay muchas deficiencias en la formación de los nuevos terapeutas físicos. La cobertura de las ciencias básicas (biología, anatomía, anatomía funcional, fisiología, histología, bioquímica, biofísica, biomecánica, etc.) podría ser mucho más profunda; la cobertura de materias como la farmacología y la imagenología podría realizarse con mucho mayor detenimiento, y se podrían introducir materias como el comportamiento motor; tópicos como la toma de decisiones clínicas y la práctica basada en la evidencia podrían ser incorporadas en los planes de estudio; se necesitaría la actualización de los recursos bibliográficos, con la incorporación de recursos modernos en inglés; entre otras cosas. En muchos sentidos, para el universitario, el estudio de la terapia física sigue siendo un asunto de supervivencia e individualidad.
Entiendo que un cambio de esa magnitud puede tomar un tiempo en producirse, pero a la vez pienso que esos asuntos deben ser resueltos antes de poder decir que realmente se ha producido un cambio significativo en la formación de los terapeutas físicos y en su preparación para ejercer la profesión. Aunque no creo que yo llegue a presenciar la Terapia Física versión 2.0 durante mi periodo de estudiante, espero sí hacerlo más adelante como profesional; asimismo, esperaría que inmediatemente nos enfoquemos en el desarrollo de una versión superior.
viernes, febrero 13, 2009
"En honor al tiempo..."
"En honor al tiempo..." es una de las frases que más he escuchado durante los estudios en la carrera.
Por lo general, cuando uno escucha "en honor al tiempo..." en clase, uno debe, automáticamente, hacerse a la idea de que lo que se va a exponer va a ser lo más elemental, simplificado y breve que se pueda conocer sobre un tema. Simplemente así son las cosas, así es la vida: el tiempo, que es el "jefe", no permite una cobertura más extensa, y uno debe, naturalmente, aceptar esa ineludible realidad.
Reformularé lo que acabo de decir para describir lo que yo percibo cuando escucho esa frase. Para mí, "en honor al tiempo..." significa que uno debe resignarse a que lo que se verá será superficial, incompleto e inadecuado, y que uno está condenado a convivir con la duda, la inseguridad y --lo diré directamente-- la irresponsabilidad que acompañan a ese dizque "conocimiento", porque el tiempo (el "jefe") así lo dicta.
Ya he dicho anteriormente que opino que a los terapeutas físicos nos falta estudiar la teoría (haciéndolo a conciencia) y que no confío en lo que veo en los centros de práctica (al menos en lo que he visto hasta hoy) y tampoco en lo que se transmite de boca en boca. Últimamente he conversado sobre esto con un profesor. ¿Por qué nos empeñamos en tener X horas de práctica cuando tenemos, por ejemplo, apenas X/6 horas de teoría, o menos? ¿Por qué nos lanzamos a las prácticas cuando no tenemos idea de el qué, el cómo o el cuándo de lo que hacemos? ¿Por qué, si el tiempo es escaso, no abandonamos las coberturas simplonas de los temas e invertimos ese lapso, aumentándolo con tiempo adicional (robando un poco de tiempo a las prácticas), para en su lugar estudiar las cosas con mayor profundidad y completitud, de tal forma que ese conocimiento sea útil y podamos aplicarlo a nuestros pacientes/clientes con confianza, seguridad y responsabilidad?
Los pacientes (incluyendo a aquellos en los centros de práctica) no son maniquíes, no son simuladores, no son creaturas de realidad virtual a los que podemos mandar mano a nuestro antojo, sin remordimientos ni repercusiones. Estamos tratando con la salud y el bienestar de las personas y por tanto, ¡tenemos que saber con exactitud lo que estamos haciendo antes de poner un solo dedo en los pacientes!
"En honor al tiempo..." se ha convertido en una de las frases más temidas y despreciadas que yo pueda escuchar en clases. Yo me pregunto cuándo, en lugar de eso, escucharemos, "En honor al paciente..."
Por lo general, cuando uno escucha "en honor al tiempo..." en clase, uno debe, automáticamente, hacerse a la idea de que lo que se va a exponer va a ser lo más elemental, simplificado y breve que se pueda conocer sobre un tema. Simplemente así son las cosas, así es la vida: el tiempo, que es el "jefe", no permite una cobertura más extensa, y uno debe, naturalmente, aceptar esa ineludible realidad.
Reformularé lo que acabo de decir para describir lo que yo percibo cuando escucho esa frase. Para mí, "en honor al tiempo..." significa que uno debe resignarse a que lo que se verá será superficial, incompleto e inadecuado, y que uno está condenado a convivir con la duda, la inseguridad y --lo diré directamente-- la irresponsabilidad que acompañan a ese dizque "conocimiento", porque el tiempo (el "jefe") así lo dicta.
Ya he dicho anteriormente que opino que a los terapeutas físicos nos falta estudiar la teoría (haciéndolo a conciencia) y que no confío en lo que veo en los centros de práctica (al menos en lo que he visto hasta hoy) y tampoco en lo que se transmite de boca en boca. Últimamente he conversado sobre esto con un profesor. ¿Por qué nos empeñamos en tener X horas de práctica cuando tenemos, por ejemplo, apenas X/6 horas de teoría, o menos? ¿Por qué nos lanzamos a las prácticas cuando no tenemos idea de el qué, el cómo o el cuándo de lo que hacemos? ¿Por qué, si el tiempo es escaso, no abandonamos las coberturas simplonas de los temas e invertimos ese lapso, aumentándolo con tiempo adicional (robando un poco de tiempo a las prácticas), para en su lugar estudiar las cosas con mayor profundidad y completitud, de tal forma que ese conocimiento sea útil y podamos aplicarlo a nuestros pacientes/clientes con confianza, seguridad y responsabilidad?
Los pacientes (incluyendo a aquellos en los centros de práctica) no son maniquíes, no son simuladores, no son creaturas de realidad virtual a los que podemos mandar mano a nuestro antojo, sin remordimientos ni repercusiones. Estamos tratando con la salud y el bienestar de las personas y por tanto, ¡tenemos que saber con exactitud lo que estamos haciendo antes de poner un solo dedo en los pacientes!
"En honor al tiempo..." se ha convertido en una de las frases más temidas y despreciadas que yo pueda escuchar en clases. Yo me pregunto cuándo, en lugar de eso, escucharemos, "En honor al paciente..."
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