La historia y la evolución de la profesión de la terapia física en los países desarrollados actualmente ubica a esta profesión en una era en la que ha dejado de ser un emprendimiento empírico para empezar a transformarse, paulatinamente, en una ciencia aplicada. Es decir, la terapia física en los países desarrollados actualmente se sitúa en una época en la que la ciencia y la investigación se están empleando, de una forma cada vez más rigurosa, para comprender más acerca del cuerpo humano, y para idear y emplear intervenciones que aprovechen ese conocimiento teórico y práctico. Como una señal de esto, es cada vez más frecuente encontrar, en esas regiones del mundo, a profesionales de la terapia física con títulos académicos avanzados como el doctorado académico* (Ph. D.).
En el Ecuador, la terapia física continúa en una era previa, aquella del conocimiento empírico y de la tradición; de hecho, en esencia se podría equiparar la práctica actual de la terapia física con la artesanía, por el hecho de que el conocimiento, obtenido de forma ancestral mediante la experiencia y el criterio personal individual, se transmite de generación a generación, del venerado "maestro artesano" al dependiente "aprendiz", sin mucha consideración del conocimiento moderno obtenido mediante la investigación científica. En el caso más grave de atraso que yo haya constatado personalmente, desfase que frecuentemente supera los 50 años, se nos solicitaba estudiar un texto cuyas referencias bibliográficas no eran más recientes que 1955, en el cual una parte nuclear de la exposición estaba sustentada en conocimiento publicado en 1911**.
La ciencia de la biomecánica, la cual en mi opinión es uno de los pilares de la terapia física moderna, es una ciencia joven, que surgió formalmente en la década de 1970. Es decir que nuestro atraso de 40 o 50 años implica que recién nos estamos enterando de la biomecánica en nuestro país; esto es precisamente lo que se puede evidenciar con su reciente inclusión, como una materia con peso propio, en los programas de terapia física. En peor situación están la fisiología del ejercicio y el comportamiento motor, otros dos pilares de esta profesión, que aún no se incluyen como tales en casi ningún programa de estudio de terapia física en este país***. En el caso particular del comportamiento motor, los descubrimientos efectuados en décadas recientes obligarían a todo profesional a buscar y explorar alternativas más sintonizadas con el conocimiento actual que las técnicas que se utilizan desde hace cincuenta años como si fueran "lo último"; lo curioso es que incluso esas técnicas (como Bobath y FNP) se han replanteando y modernizando con el paso de los años, pero pocos conocen esos cambios o los aplican, como expliqué anteriormente en este blog.
Afortunadamente, con la ayuda del Internet, que es una herramienta que está ampliamente difundida desde hace por lo menos 10 años en nuestro país, el mismo conocimiento que utilizan los estudiantes y profesionales de países y regiones científicamente desarrollados, como E.U.A., Canadá, Europa y Australia, ahora está disponible para cualquier persona que quiera aprovecharlo, en casi cualquier parte del mundo (en Latinoamérica estamos en una posición favorable en este sentido, ya que no es difícil realizar pedidos internacionales; basta una tarjeta de crédito y un poco de paciencia con el cartero). Por este hecho, pienso que ya no hay pretextos: ya no se puede aludir que nuestro atraso se debe a que no tenemos acceso a la información; en realidad, escapar de nuestro atraso de 40 o 50 años es ahora únicamente una cuestión de compromiso y voluntad personales.
(* En E.U.A., como hemos dicho antes, el terapeuta físico ahora empieza su práctica profesional con el doctorado clínico [DPT], lo que involucra, en total, siete años de estudios, como se explica en esta entrada.)
(** ¿O era 1914? ¿O 1917? Para los propósitos de esta entrada, evidentemente da lo mismo. Personalmente, me llama la atención saber que aún haya gente que cree que no ha pasado nada nuevo en los últimos cien años.)
(*** Hay una sola excepción, hasta donde yo sé.)
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viernes, agosto 26, 2011
sábado, noviembre 13, 2010
La autoformación como una posibilidad de educarse
Durante el tiempo que he pasado en las aulas, he tenido la oportunidad de conversar con muchísimos estudiantes de terapia física sobre la educación que hemos recibido. Para la mayoría de ellos, los estudios de terapia física son los primeros que han emprendido; para otros, en menor número y generalmente de mayor edad, éste es su segundo paso por las aulas. Muchas de las cosas que me han expresado todos estos estudiantes coinciden con lo que yo pienso sobre la educación (y sobre la profesión), pero hay una noción en la que diferimos consistentemente y que es casi una regla entre todos ellos: la idea de que para que uno aprenda algo es absolutamente necesario que alguien se lo enseñe.
Cuando hablamos sobre la educación que han recibido y la que buscarán en el futuro, todos los estudiantes con los que he conversado han expresado un fuerte deseo de saber más. Al tratar el tema de qué medios emplean o emplearán ellos para educarse, todos, casi sin excepción, me hablan de medios que involucran (como en el caso de las aulas de clases) el contar con una persona que les enseñe lo que quieren, o deben, saber.
Me pregunto por qué está vigente la idea de que dependemos de otros para aprender, en una época en la que la información está disponible para quien la busque. Tras identificar deficiencias en su formación, al encontrarse conformes con la educación recibida pero queriendo complementarla, o bien al tener un interés personal que no se satisface en las aulas, pareciera que las personas se topan con un gran muro, en apariencia ineludible, que les niega el avance sin ayuda externa. Se percibe una gran impotencia entre las personas para saltar esta barrera, y la posibilidad de formarse por sus propios medios generalmente no se menciona ni se considera; pareciera que la gente en general ha asumido que la educación es inconcebible, imposible, infructuosa o ineficiente si no hay siempre una tercera persona de por medio.
Al mismo tiempo que apoyo la noción de que un profesional debe buscar educación formal en las aulas de universidades e instituciones educativas, soy un proponente de la autoformación. Estoy convencido de que uno puede, por iniciativa y acción propias, aprender un montón de cosas. Como digo, la posibilidad de acceder al conocimiento es prácticamente ilimitada en la actualidad; si uno se lo plantea, puede conseguir información en libros impresos (que uno recibe en la puerta de su casa en unas pocas semanas) o libros digitales (a los que uno accede inmediatamente); cursos, certificaciones y seminarios en línea; videos en CD, en DVD o en línea; revistas profesionales y membresías en asociaciones internacionales; sitios web y blogs gratuitos o con suscripción pagada; aplicaciones de computadora para escritorio o por Internet, entre muchísimas otras posibilidades (en este blog he mencionado varios ejemplos concretos de recursos que están esperando ser explotados).
Siempre me pregunto, ¿que la gente no se incline por la autoformación será un asunto de costo? Lo dudo, porque los recursos que menciono muchísimas veces tienen un precio que es apenas una fracción de aquel de los cursos en universidades o institutos. ¿Será por el idioma? Aunque en inglés se encuentra un mayor número de recursos, también existen en español (o en el idioma que sea de tu preferencia). ¿Será porque no tenemos el hábito de la lectura, de la consulta y de la investigación? ¿Será porque la formación que recibimos en nuestras familias y en la escuela, en el colegio y en la universidad no cultiva la curiosidad y no incentiva la autosuficiencia en la educación? ¿Qué me dices tú?
Cuando hablamos sobre la educación que han recibido y la que buscarán en el futuro, todos los estudiantes con los que he conversado han expresado un fuerte deseo de saber más. Al tratar el tema de qué medios emplean o emplearán ellos para educarse, todos, casi sin excepción, me hablan de medios que involucran (como en el caso de las aulas de clases) el contar con una persona que les enseñe lo que quieren, o deben, saber.
Me pregunto por qué está vigente la idea de que dependemos de otros para aprender, en una época en la que la información está disponible para quien la busque. Tras identificar deficiencias en su formación, al encontrarse conformes con la educación recibida pero queriendo complementarla, o bien al tener un interés personal que no se satisface en las aulas, pareciera que las personas se topan con un gran muro, en apariencia ineludible, que les niega el avance sin ayuda externa. Se percibe una gran impotencia entre las personas para saltar esta barrera, y la posibilidad de formarse por sus propios medios generalmente no se menciona ni se considera; pareciera que la gente en general ha asumido que la educación es inconcebible, imposible, infructuosa o ineficiente si no hay siempre una tercera persona de por medio.
Al mismo tiempo que apoyo la noción de que un profesional debe buscar educación formal en las aulas de universidades e instituciones educativas, soy un proponente de la autoformación. Estoy convencido de que uno puede, por iniciativa y acción propias, aprender un montón de cosas. Como digo, la posibilidad de acceder al conocimiento es prácticamente ilimitada en la actualidad; si uno se lo plantea, puede conseguir información en libros impresos (que uno recibe en la puerta de su casa en unas pocas semanas) o libros digitales (a los que uno accede inmediatamente); cursos, certificaciones y seminarios en línea; videos en CD, en DVD o en línea; revistas profesionales y membresías en asociaciones internacionales; sitios web y blogs gratuitos o con suscripción pagada; aplicaciones de computadora para escritorio o por Internet, entre muchísimas otras posibilidades (en este blog he mencionado varios ejemplos concretos de recursos que están esperando ser explotados).
Siempre me pregunto, ¿que la gente no se incline por la autoformación será un asunto de costo? Lo dudo, porque los recursos que menciono muchísimas veces tienen un precio que es apenas una fracción de aquel de los cursos en universidades o institutos. ¿Será por el idioma? Aunque en inglés se encuentra un mayor número de recursos, también existen en español (o en el idioma que sea de tu preferencia). ¿Será porque no tenemos el hábito de la lectura, de la consulta y de la investigación? ¿Será porque la formación que recibimos en nuestras familias y en la escuela, en el colegio y en la universidad no cultiva la curiosidad y no incentiva la autosuficiencia en la educación? ¿Qué me dices tú?
sábado, octubre 16, 2010
¿Qué debe saber un profesional acerca del dolor?
Se dice que el dolor es el principal síntoma por el cual las personas buscan los servicios de los profesiones de la salud. En la terapia física, una infinidad de intervenciones se realizan con el objetivo de aliviar o eliminar el dolor; el estudio del dolor --junto a la biomecánica, el comportamiento motor y otros-- debería ser, por tanto, un tema nuclear en los programas de estudio de terapia física.
¿Pero qué es exactamente lo que se debería cubrir en los planes de estudio de terapia física acerca del dolor? Ya te he contado que la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (International Association for the Study of Pain, IASP) publicó en el 2009 un libro diseñado específicamente para los terapeutas físicos acerca de los mecanismos y el manejo del dolor, y te mencioné que IASP publicó en su sitio web un esquema del currículo sobre el dolor para las escuelas de terapia física y terapia ocupacional. Hoy quiero contarte que un currículo mucho más detallado se puede encontrar en el sitio web de esa organización. Este plan de estudios, titulado Core Curriculum for Professional Education in Pain (actualmente en su tercera edición, publicada en el 2005), se puede adquirir en forma impresa por USD20, pero su versión digital se puede descargar gratuitamente de esta dirección. En esta página se encuentra la tabla de contenidos del libro, y cada una de las 45 secciones del libro se pueden descargar individualmente en formato PDF. Algunas de las secciones que podrían ser más relevantes para los terapeutas físicos son las siguientes:
¿Pero qué es exactamente lo que se debería cubrir en los planes de estudio de terapia física acerca del dolor? Ya te he contado que la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (International Association for the Study of Pain, IASP) publicó en el 2009 un libro diseñado específicamente para los terapeutas físicos acerca de los mecanismos y el manejo del dolor, y te mencioné que IASP publicó en su sitio web un esquema del currículo sobre el dolor para las escuelas de terapia física y terapia ocupacional. Hoy quiero contarte que un currículo mucho más detallado se puede encontrar en el sitio web de esa organización. Este plan de estudios, titulado Core Curriculum for Professional Education in Pain (actualmente en su tercera edición, publicada en el 2005), se puede adquirir en forma impresa por USD20, pero su versión digital se puede descargar gratuitamente de esta dirección. En esta página se encuentra la tabla de contenidos del libro, y cada una de las 45 secciones del libro se pueden descargar individualmente en formato PDF. Algunas de las secciones que podrían ser más relevantes para los terapeutas físicos son las siguientes:
- Anatomía y fisiología
- Medición del dolor en humanos
- Placebo y dolor
- Analgesia producida mediante estimulación
- Medicina física y rehabilitación
- Terapias complementarias
- Dolor músculo-esquelético (y todas las secciones bajo la cabecera "Dolor tisular")
domingo, mayo 02, 2010
La licenciatura en terapia física: apenas el inicio
Durante el último semestre de clases, hubo la oportunidad de conversar y discutir sobre la percepción individual que mis compañeros y yo teníamos sobre la educación que habíamos recibido, y acerca de lo que podíamos esperar de nuestra profesión en el futuro, basándonos en lo que habíamos vivido y presenciado hasta ese momento. En esas ocasiones, mi opinión de que necesitamos un mayor sustento teórico para lo que hacemos y de que tras obtener la licenciatura tendremos que buscar un nivel mayor de formación profesional, no fue bien recibida por muchos; talvez mis argumentos no fueron suficientemente claros y convincentes en ese momento. Sin embargo, apenas unos días atrás (varios meses después de haber egresado), conversé largamente con una compañera nuevamente sobre esto, y ella me dijo, "Recién ahora entiendo a lo que te referías cuando hablábamos de esto en clases; siento que no tengo otra opción que buscar más educación para atender con responsabilidad a mis pacientes".
En la universidad, yo sentía que había una urgencia de parte de muchos compañeros de salir a atender a pacientes; otros, en menor número, tenían como objetivo el procurarse más educación después de graduarse. Mi opinión personal, como digo, es que nuestro enfoque, dado que pertenecemos a una nueva generación de terapeutas físicos que inician su ejercicio profesional con el título de licenciatura, debería centrarse en buscar formación más profunda y especializada.
La transición a los programas de licenciatura en terapia física en el Ecuador, como yo la concibo, no es simplemente una oportunidad para agregar más créditos y asignaturas a los programas de educación existentes; al contrario, es el momento para rediseñar y reestructurar completamente los programas de terapia física para impartir una educación más global que permita a los estudiantes tener más opciones cuando se gradúen. En efecto, esto último es precisamente lo que están haciendo muchos pioneros de la profesión en este país que se dedican a la docencia.
Anteriormente se esperaba que los graduados en terapia física sean personas que hagan cosas; ahora, con la licenciatura, se espera que ellas sean profesionales capaces de tomar, por cuenta propia, decisiones conscientes e informadas. En el pasado, la educación en terapia física culminaba en un punto en el cual los profesionales no tenían otra opción que trabajar; ahora, con la licenciatura, los profesionales pueden aspirar a una infinidad de posibilidades de formación, entre ellas, las certificaciones nacionales e internacionales; los posgrados como los diplomados, las maestrías y las especializaciones; y los doctorados profesionales (como el título de DPT, para aquellos que decidan vivir en Estados Unidos de Norteamérica) y doctorados académicos (el Ph.D., para quienes estén interesados en la investigación científica o en la docencia universitaria). Las membresías en organizaciones profesionales internacionales ahora también son una posibilidad. Como se puede ver, ya no existe un límite en la educación que el terapeuta físico puede conseguir; yo pienso que este nivel de educación podría ser un factor que ayude a la terapia física a obtener el reconocimiento que se merece dentro del ámbito de las profesiones de la salud.
Naturalmente, hay que mencionar que, en la actualidad, para obtener educación avanzada específicamente en terapia física hay que buscar educación en el exterior; sin embargo, en Ecuador ya tenemos profesionales que se dedican a la docencia que han venido del exterior con títulos de posgrado, y otros que están realizando estudios de cuarto nivel en ramas afines en universidades locales. Con suerte, estos profesionales luego instaurarán programas de posgrado de terapia física en Ecuador, para el beneficio de los que vendremos después que ellos.
Para nosotros, compañeros, quiero reiterar mi opinión de que la licenciatura es apenas el inicio. Mi reconocimiento y mi agradecimiento a los profesionales pioneros que han trabajado (y luchado) con empeño para que la terapia física pueda dar este, tan necesario e importante, cambio de dirección.
En la universidad, yo sentía que había una urgencia de parte de muchos compañeros de salir a atender a pacientes; otros, en menor número, tenían como objetivo el procurarse más educación después de graduarse. Mi opinión personal, como digo, es que nuestro enfoque, dado que pertenecemos a una nueva generación de terapeutas físicos que inician su ejercicio profesional con el título de licenciatura, debería centrarse en buscar formación más profunda y especializada.
La transición a los programas de licenciatura en terapia física en el Ecuador, como yo la concibo, no es simplemente una oportunidad para agregar más créditos y asignaturas a los programas de educación existentes; al contrario, es el momento para rediseñar y reestructurar completamente los programas de terapia física para impartir una educación más global que permita a los estudiantes tener más opciones cuando se gradúen. En efecto, esto último es precisamente lo que están haciendo muchos pioneros de la profesión en este país que se dedican a la docencia.
Anteriormente se esperaba que los graduados en terapia física sean personas que hagan cosas; ahora, con la licenciatura, se espera que ellas sean profesionales capaces de tomar, por cuenta propia, decisiones conscientes e informadas. En el pasado, la educación en terapia física culminaba en un punto en el cual los profesionales no tenían otra opción que trabajar; ahora, con la licenciatura, los profesionales pueden aspirar a una infinidad de posibilidades de formación, entre ellas, las certificaciones nacionales e internacionales; los posgrados como los diplomados, las maestrías y las especializaciones; y los doctorados profesionales (como el título de DPT, para aquellos que decidan vivir en Estados Unidos de Norteamérica) y doctorados académicos (el Ph.D., para quienes estén interesados en la investigación científica o en la docencia universitaria). Las membresías en organizaciones profesionales internacionales ahora también son una posibilidad. Como se puede ver, ya no existe un límite en la educación que el terapeuta físico puede conseguir; yo pienso que este nivel de educación podría ser un factor que ayude a la terapia física a obtener el reconocimiento que se merece dentro del ámbito de las profesiones de la salud.
Naturalmente, hay que mencionar que, en la actualidad, para obtener educación avanzada específicamente en terapia física hay que buscar educación en el exterior; sin embargo, en Ecuador ya tenemos profesionales que se dedican a la docencia que han venido del exterior con títulos de posgrado, y otros que están realizando estudios de cuarto nivel en ramas afines en universidades locales. Con suerte, estos profesionales luego instaurarán programas de posgrado de terapia física en Ecuador, para el beneficio de los que vendremos después que ellos.
Para nosotros, compañeros, quiero reiterar mi opinión de que la licenciatura es apenas el inicio. Mi reconocimiento y mi agradecimiento a los profesionales pioneros que han trabajado (y luchado) con empeño para que la terapia física pueda dar este, tan necesario e importante, cambio de dirección.
sábado, febrero 20, 2010
El amor y el conocimiento en la terapia física
Yo he estado buscando la complejidad en la terapia física, complejidad que haga de ella una profesión que para mí sea llamativa, estimulante, fundamentada y, más que nada, apasionante, en lugar de ser meramente un oficio. Mi aspiración es, como debe serlo para muchos, ayudar a otras personas pero a la vez alcanzar la satisfacción personal (naturalmente, conseguirlo ya depende de mí en este punto, y aún ni me aproximo a ese objetivo). Algo que dijo una persona en estos días tiene relación con esto, por lo que quiero topar este tema hoy.
En uno de los cursos que seguí (hoy se acabaron todos), el instructor nos dio su impresión sobre la docencia, actividad a la que se ha dedicado durante más de 30 años. Según él, el profesor exitoso es aquel que combina un conocimiento profundo del tema que imparte con una habilidad para relacionarse cordialmente con sus estudiantes ("hay que ponerle el corazón a la docencia", decía él). De esa forma, la complejidad de los temas que se tratan en un aula universitaria puede abordarse de una forma que, además de interesante, resulte trascendente y personal para el estudiante, en lugar de ser aburrida, fría y perecedera. Se procura, entonces, que la educación se materialice con "calidad y calidez" (por trillada que resulte esa descripción en la actualidad); en otras palabras, se habla de "dar amor sobre la base del conocimiento".
Aunque no se refería precisamente a la docencia sino a la práctica de la terapia física, hace algún tiempo una tutora de prácticas parecía tener una opinión que yo pienso que se contrapone a lo dicho por el instructor del curso. Ella decía algo por el estilo:
Cuéntame, ¿qué opinas tú sobre esto? ¿"Dar amor sobre la base del conocimiento", o "el amor como el principal sustento de lo que se hace"?
En uno de los cursos que seguí (hoy se acabaron todos), el instructor nos dio su impresión sobre la docencia, actividad a la que se ha dedicado durante más de 30 años. Según él, el profesor exitoso es aquel que combina un conocimiento profundo del tema que imparte con una habilidad para relacionarse cordialmente con sus estudiantes ("hay que ponerle el corazón a la docencia", decía él). De esa forma, la complejidad de los temas que se tratan en un aula universitaria puede abordarse de una forma que, además de interesante, resulte trascendente y personal para el estudiante, en lugar de ser aburrida, fría y perecedera. Se procura, entonces, que la educación se materialice con "calidad y calidez" (por trillada que resulte esa descripción en la actualidad); en otras palabras, se habla de "dar amor sobre la base del conocimiento".
Aunque no se refería precisamente a la docencia sino a la práctica de la terapia física, hace algún tiempo una tutora de prácticas parecía tener una opinión que yo pienso que se contrapone a lo dicho por el instructor del curso. Ella decía algo por el estilo:
La terapia física no es para nada difícil; no hay por qué complicarse la vida. Solo se trata de poner mucho amor en lo que se hace.Las personas, con todo derecho, tienen diferentes formas de ver la vida, siendo la profesión que han escogido un componente de ella. Sin embargo, que la tutora haya dicho que la terapia física no es compleja francamente me llamó la atención, porque yo he constatado --y he sentido, muchas veces con impotencia-- que sin duda lo es. De igual forma, su criterio de que basta el amor para dar una buena atención a los pacientes, es decir, que "dando amor, el resto fluye" y que "el amor prima sobre el conocimiento", no me cuadra, ya que yo no planeo enamorarme de mis pacientes sino utilizar el conocimiento disponible, y mis destrezas para aplicarlo, con el objetivo de ayudarles a recuperar su salud, sin descontar, obviamente, que pueda hacerlo cordialmente, con dedicación, respeto y seriedad.
Cuéntame, ¿qué opinas tú sobre esto? ¿"Dar amor sobre la base del conocimiento", o "el amor como el principal sustento de lo que se hace"?
domingo, octubre 25, 2009
Yo no digo que la teoría lo sea todo (Reflexiones en Octavo - Parte V)
Dado que mis compañeros y yo estamos en el último semestre de la carrera, casi todos los profesores en este semestre nos han dicho que, como estamos "a punto de graduarnos" y "a un paso de convertirnos en profesionales", los estudiantes ahora "tenemos que aplicar lo que hemos aprendido durante todos estos años" y que debemos "salir a atender pacientes para aplicar la teoría a la práctica" y de esa forma "ir ganando independencia", y otras cosas por el estilo.
Durante los semestres anteriores, en clases y en este blog yo he expresado mi percepción personal (la cual ha sido corroborada por muchos profesionales) de que en la terapia física se hacen muchísimas cosas sin realmente entender el porqué: he dicho que muy frecuentemente nos lanzamos a la práctica sin conocer la teoría, o bien que lo hacemos basándonos en una teoría obsoleta y hasta errónea, y que eso me parece inconcebible en cualquier profesión, pero especialmente en un oficio cuya razón de ser es la salud y el bienestar de las personas. Ahora noto que lo que he manifestado ha sido malinterpretado por algunos, quienes creen que yo sostengo que la terapia física es una disciplina primordialmente teórica y que los terapeutas físicos debemos poner nuestras manos más sobre los libros que sobre los pacientes.
En este semestre he tenido varias oportunidades de plantear mi preocupación nuevamente en clases y en prácticas. Yo me inclino a creer que mis comentarios han circulado entre los profesores, ya que ellos ahora topan el tema prácticamente a diario. Posiblemente aludiendo a la interpretación incorrecta de lo que yo he dicho, que se toma como que yo sostuviera que los terapeutas físicos debemos concentrarnos en lo teórico, hace unos días una profesora decía en clases algo así: "Hasta ahora no se ha oído de un cirujano que opere pacientes basándose únicamente en lo que ha visto en los libros". Yo entiendo el punto de vista de la profesora, pero concuerdo con ella solo hasta cierto punto. Lo que yo preguntaría a la profesora sería: "¿Acaso un cirujano, en la época moderna, puede operar improvisando, sin entender la función y la disfunción de los órganos, sin conocer las diferentes intervenciones posibles y sus efectos, o hacerlo basándose en la teoría que tiene varias décadas de antigüedad, época en la cual el conocimiento de las funciones del cuerpo y de las intervenciones era muy diferente al que se posee hoy?"
Adicionalmente, también hay quienes piensan que yo me ubico en un extremo junto a quienes piensan que "nada funciona si no hay evidencia", cuando en realidad yo he expresado mis dudas sobre esa visión anteriormente, en conversaciones personales y en este blog (aquí una serie completa sobre el tema, acá una cita de lo dicho por un autor).
Quiero que quede claro que yo no estoy diciendo que la terapia física es una disciplina principalmente teórica; sostener eso sería absolutamente absurdo. Lo que digo es que sin la teoría, o con teoría caduca, lo que sea que hagamos en la práctica en realidad no tiene sentido. Si no entendemos el porqué de las cosas, aunque estemos convencidos de que estamos realizando tratamientos, en realidad lo que estamos haciendo es mandando mano a los pacientes. En mi opinión, sin la teoría, los "buenos resultados" que obtenemos no son producto de un proceso deliberado de aplicación del mejor conocimiento disponible y de toma consciente de decisiones clínicas --un proceso que todo profesional de la salud debería llevar a cabo con cada paciente particular--, sino que son fruto, simplemente, de la casualidad.
Espero que esto aclare mi punto de vista.
Durante los semestres anteriores, en clases y en este blog yo he expresado mi percepción personal (la cual ha sido corroborada por muchos profesionales) de que en la terapia física se hacen muchísimas cosas sin realmente entender el porqué: he dicho que muy frecuentemente nos lanzamos a la práctica sin conocer la teoría, o bien que lo hacemos basándonos en una teoría obsoleta y hasta errónea, y que eso me parece inconcebible en cualquier profesión, pero especialmente en un oficio cuya razón de ser es la salud y el bienestar de las personas. Ahora noto que lo que he manifestado ha sido malinterpretado por algunos, quienes creen que yo sostengo que la terapia física es una disciplina primordialmente teórica y que los terapeutas físicos debemos poner nuestras manos más sobre los libros que sobre los pacientes.
En este semestre he tenido varias oportunidades de plantear mi preocupación nuevamente en clases y en prácticas. Yo me inclino a creer que mis comentarios han circulado entre los profesores, ya que ellos ahora topan el tema prácticamente a diario. Posiblemente aludiendo a la interpretación incorrecta de lo que yo he dicho, que se toma como que yo sostuviera que los terapeutas físicos debemos concentrarnos en lo teórico, hace unos días una profesora decía en clases algo así: "Hasta ahora no se ha oído de un cirujano que opere pacientes basándose únicamente en lo que ha visto en los libros". Yo entiendo el punto de vista de la profesora, pero concuerdo con ella solo hasta cierto punto. Lo que yo preguntaría a la profesora sería: "¿Acaso un cirujano, en la época moderna, puede operar improvisando, sin entender la función y la disfunción de los órganos, sin conocer las diferentes intervenciones posibles y sus efectos, o hacerlo basándose en la teoría que tiene varias décadas de antigüedad, época en la cual el conocimiento de las funciones del cuerpo y de las intervenciones era muy diferente al que se posee hoy?"
Adicionalmente, también hay quienes piensan que yo me ubico en un extremo junto a quienes piensan que "nada funciona si no hay evidencia", cuando en realidad yo he expresado mis dudas sobre esa visión anteriormente, en conversaciones personales y en este blog (aquí una serie completa sobre el tema, acá una cita de lo dicho por un autor).
Quiero que quede claro que yo no estoy diciendo que la terapia física es una disciplina principalmente teórica; sostener eso sería absolutamente absurdo. Lo que digo es que sin la teoría, o con teoría caduca, lo que sea que hagamos en la práctica en realidad no tiene sentido. Si no entendemos el porqué de las cosas, aunque estemos convencidos de que estamos realizando tratamientos, en realidad lo que estamos haciendo es mandando mano a los pacientes. En mi opinión, sin la teoría, los "buenos resultados" que obtenemos no son producto de un proceso deliberado de aplicación del mejor conocimiento disponible y de toma consciente de decisiones clínicas --un proceso que todo profesional de la salud debería llevar a cabo con cada paciente particular--, sino que son fruto, simplemente, de la casualidad.
Espero que esto aclare mi punto de vista.
sábado, octubre 10, 2009
Pero si soy un mero estudiante sin experiencia (Reflexiones en Octavo - Parte III)
Últimamente algunas personas me han hecho saber que opinan que mis críticas a la profesión no son constructivas y que son infundadas, y que yo, como un estudiante con nula experiencia tratando pacientes, no puedo tener razón alguna para sostener lo que expongo acerca de la práctica de la terapia física en mi país. De igual forma, como he dicho anteriormente, algunos profesionales se preguntan cómo un estudiante como yo, que no tiene experiencia (lo cual no tengo problema en reconocer), puede atreverse a cuestionar o contradecir lo que conocen o hacen los profesionales que tienen 10, 20 o 30 años de ejercicio en el oficio de la terapia física.
Al mismo tiempo, un número mucho mayor de personas (principalmente profesionales con experiencia, pero también profesionales recién graduados y estudiantes), a quienes conozco personalmente y otros a quienes no he tenido la oportunidad de conocer, compatriotas y de otras nacionalidades, haciéndolo a través de este blog y en conversaciones personales, aplauden mis cuestionamientos, me animan a combatir el conformismo y la ingenuidad, reconocen que tengo la razón en muchas cosas, y me expresan que lo que digo, por lo menos, les "deja pensando" acerca de lo que sucede en esta profesión.
¿Por qué creo que mis criterios, a pesar de que yo sea apenas un simple estudiante, deben tener al menos algo de valor? Porque:
Por otro lado, en lo que tiene que ver con el conocimiento, técnicas y métodos en la terapia física, en la entrada a la que me refiero al inicio de ésta ya expliqué que yo no propongo nuevas teorías, ya que es obvio que no tengo la experiencia requerida para hacerlo. Dada mi condición de estudiante, yo me limito a mencionar lo que profesionales reconocidos internacionalmente dicen, con la idea de tener una visión más amplia e informada de las cosas. En diversas ocasiones he notado las diferencias y discrepancias que existen entre el conocimiento y procedimientos que utilizamos acá, y los que provienen de Europa y de Estados Unidos de Norteamérica, y he manifestado en este blog que nos conviene tener una idea de todas ellas. Y no es cierto que en este blog yo no hago más que criticar: quien sostenga eso no ha visto las más de 220 entradas que he dedicado en este espacio a compartir información que me parece interesante y útil.
Uno no necesita ser un jugador profesional de fútbol, y haber jugado en campeonatos nacionales o internacionales, para entender la calidad de los jugadores profesionales. La diferencia que existe entre un Pepito Sánchez, si se lo contrasta con un Ronaldinho, un Messi o un Zidane, es evidente a leguas, hasta para la gente que no ha pateado un balón en toda su vida y que no sabe nada de fútbol. Asimismo, en la terapia física hay tantas cosas que están mal, en la educación y en la profesión (esto no es un secreto: ¡los mismos profesores y profesionales lo reconocen!), y no hay que ser un experto para notarlo. ¡Las cosas tienen que cambiar, para el beneficio de la profesión y de la población, y el primer paso es caer en la cuenta de ello!
Al mismo tiempo, un número mucho mayor de personas (principalmente profesionales con experiencia, pero también profesionales recién graduados y estudiantes), a quienes conozco personalmente y otros a quienes no he tenido la oportunidad de conocer, compatriotas y de otras nacionalidades, haciéndolo a través de este blog y en conversaciones personales, aplauden mis cuestionamientos, me animan a combatir el conformismo y la ingenuidad, reconocen que tengo la razón en muchas cosas, y me expresan que lo que digo, por lo menos, les "deja pensando" acerca de lo que sucede en esta profesión.
¿Por qué creo que mis criterios, a pesar de que yo sea apenas un simple estudiante, deben tener al menos algo de valor? Porque:
- Tengo formación universitaria previa en otra profesión (fuera del ámbito del cuidado de la salud) y algunos años de ejercicio de ese oficio. La actual, por tanto, no es mi primera vivencia en los entornos educativo y profesional.
- Tengo la influencia de mi padre, un médico de reconocida trayectoria profesional y académica, quien me ha hecho ver que el cuidado de la salud de las personas es un asunto serio y complejo.
- Durante casi 4 años he vivido el día a día en las aulas y en los lugares de práctica. He visto con mis propios ojos lo que se hace y lo que no se hace.
- He conversado en incontables ocasiones con líderes, docentes, profesionales y estudiantes de la terapia física, pero también de la medicina y de ramas afines.
- Me empeño en enterarme, mediante la lectura de libros y de recursos disponibles en Internet, de lo que otros hacen en otros países, y por qué.
Por otro lado, en lo que tiene que ver con el conocimiento, técnicas y métodos en la terapia física, en la entrada a la que me refiero al inicio de ésta ya expliqué que yo no propongo nuevas teorías, ya que es obvio que no tengo la experiencia requerida para hacerlo. Dada mi condición de estudiante, yo me limito a mencionar lo que profesionales reconocidos internacionalmente dicen, con la idea de tener una visión más amplia e informada de las cosas. En diversas ocasiones he notado las diferencias y discrepancias que existen entre el conocimiento y procedimientos que utilizamos acá, y los que provienen de Europa y de Estados Unidos de Norteamérica, y he manifestado en este blog que nos conviene tener una idea de todas ellas. Y no es cierto que en este blog yo no hago más que criticar: quien sostenga eso no ha visto las más de 220 entradas que he dedicado en este espacio a compartir información que me parece interesante y útil.
Uno no necesita ser un jugador profesional de fútbol, y haber jugado en campeonatos nacionales o internacionales, para entender la calidad de los jugadores profesionales. La diferencia que existe entre un Pepito Sánchez, si se lo contrasta con un Ronaldinho, un Messi o un Zidane, es evidente a leguas, hasta para la gente que no ha pateado un balón en toda su vida y que no sabe nada de fútbol. Asimismo, en la terapia física hay tantas cosas que están mal, en la educación y en la profesión (esto no es un secreto: ¡los mismos profesores y profesionales lo reconocen!), y no hay que ser un experto para notarlo. ¡Las cosas tienen que cambiar, para el beneficio de la profesión y de la población, y el primer paso es caer en la cuenta de ello!
sábado, octubre 03, 2009
"Complejizando" la terapia física (Reflexiones en Octavo - Parte I)
Nota: Por favor lee la introducción de esta serie para que te enteres del contexto.
Yo diría que apenas inicié el segundo año de estudios de terapia física --momento en el cual empezamos a estudiar materias específicas de la carrera-- empecé a notar, gracias a lo que había leído por iniciativa propia en libros y otros recursos, que un montón de cosas esenciales no se discutían en el aula de clases; se trata de una cantidad importantísima de información que haría mucho más compleja a la práctica de la terapia física, pero a la vez más profesional. He llegado ya al último semestre de estudios y ya no tengo esperanzas de que esas cosas se discutan alguna vez en el aula, principalmente para el beneficio de mis compañeros, ya que yo me he enterado de esas cosas por mí mismo y lo continuaré haciendo.
Constantemente se escucha que los profesionales de la terapia física quieren dejar de ser vistos como meros técnicos, "enchufadores" de aparatos, subordinados de otros. Al mismo tiempo, la formación de los terapeutas físicos en Ecuador tradicionalmente ha sido, y actualmente sigue siendo, deficiente en muchos aspectos, por lo que se me hace muy difícil pensar que realmente estemos preparados para asumir un rol profesional independiente de una forma verdaderamente responsable, que nos permita garantizar la efectividad, eficiencia y seguridad de las intervenciones que realizamos con nuestros pacientes/clientes. A continuación algunas de las cosas que he notado como estudiante durante las prácticas en centros de rehabilitación física de mi ciudad.
Si los terapeutas físicos empleamos agentes físicos (frío, calor, electricidad, ultrasonido, etc.), deberíamos entender la física del agente y cómo ésta afecta a la fisiología del cuerpo. Deberíamos entender qué propósito y efecto tiene hasta el último parámetro del aparato que usamos, y qué valores se utilizan en qué casos. Incluso si nos vamos por el camino fácil y escogemos uno de los programas predefinidos que vienen con el dispositivo (en el caso de la electroterapia, por ejemplo), deberíamos ser capaces de interpretar los valores del programa y entender por qué son utilizados. De otra forma, aunque suene feo, somos meros "enchufadores".
Si empleamos ejercicio terapéutico, cada sesión, ejercicio, nivel de carga o resistencia, serie, repetición y periodo de descanso debería tener un propósito específico; no bastan las prescripciones genéricas de "tres series de 10", "cuatro series de 20" o "15 minutos en la caminadora". En efecto, deberíamos diseñar los programas de ejercicio o acondicionamiento físico, no simplemente improvisar una rutina cada día. ¡Se supone que somos expertos en el ejercicio! Este punto, y también el anterior, se podría extender para cubrir otros tipos de intervenciones (por ejemplo, las terapias manuales) que realizan los terapeutas físicos.
Deberíamos llevar un registro detallado de todo lo que se le hace al paciente; generalmente dependemos de nuestra memoria o, peor aún, de la memoria del paciente (actualmente es muy común escuchar, "¿Qué estábamos trabajando con usted?" o "¿Qué le hizo mi compañero a usted la última vez?"). Agentes físicos, terapias manuales, ejercicio terapéutico, todo debería estar anotado, minuciosamente, sesión por sesión. Y no sólo qué se hizo y cómo, sino qué se logró con ello: si se obtienen buenos desenlaces, estos registros podrían constituir un sustento para seguir haciendo lo que hacemos, dado que la evidencia científica aún es escasa en nuestra profesión.
Deberíamos adoptar la costumbre de autoformarnos, mediante la lectura de libros, artículos, revistas profesionales, y al mismo tiempo dejar de ver a los cursos y seminarios como la única o la mejor forma de aprender algo nuevo. ¡Basta ya de depender totalmente del aprendizaje de boca en boca! Aunque esta educación autodirigida haga que la formación del terapeuta físico sea un poco más difícil, a medida que el profesional va ganando experiencia debería adquirir concomitantemente la capacidad para buscar, entender y usar el nuevo conocimiento por cuenta propia (a menos que se trate de técnicas que requieran adiestramiento de parte de una persona experimentada, por supuesto). Nuestra formación personal y el interés de nuestros clientes/pacientes deberían pesar infinitamente más que la posibilidad de adjuntar un nuevo diploma a nuestro currículum vítae.
Se supone que cuando una persona acude a un profesional (de cualquier campo) lo hace confiando en que el profesional tiene conocimiento y destrezas que ella misma no posee. Es difícil de creer que, con toda esa discusión de la independización de la terapia física, aún estén ausentes tantas cosas que, como profesionales, se supone que los terapeutas físicos hacen o saben. Como estudiante de una carrera que tiene que ver con el cuidado de la salud de las personas, me asusta la idea de que rutinariamente se dejen tantas cosas al azar en la práctica de la terapia física.
Debe reconocerse que de la mano de la independización de una profesión viene la complejidad, y que la responsabilidad acompaña a la profesionalización. Si rechazamos la complejidad perpetuamos nuestro estatus de técnicos, enchufadores, subordinados a otros.
Yo diría que apenas inicié el segundo año de estudios de terapia física --momento en el cual empezamos a estudiar materias específicas de la carrera-- empecé a notar, gracias a lo que había leído por iniciativa propia en libros y otros recursos, que un montón de cosas esenciales no se discutían en el aula de clases; se trata de una cantidad importantísima de información que haría mucho más compleja a la práctica de la terapia física, pero a la vez más profesional. He llegado ya al último semestre de estudios y ya no tengo esperanzas de que esas cosas se discutan alguna vez en el aula, principalmente para el beneficio de mis compañeros, ya que yo me he enterado de esas cosas por mí mismo y lo continuaré haciendo.
Constantemente se escucha que los profesionales de la terapia física quieren dejar de ser vistos como meros técnicos, "enchufadores" de aparatos, subordinados de otros. Al mismo tiempo, la formación de los terapeutas físicos en Ecuador tradicionalmente ha sido, y actualmente sigue siendo, deficiente en muchos aspectos, por lo que se me hace muy difícil pensar que realmente estemos preparados para asumir un rol profesional independiente de una forma verdaderamente responsable, que nos permita garantizar la efectividad, eficiencia y seguridad de las intervenciones que realizamos con nuestros pacientes/clientes. A continuación algunas de las cosas que he notado como estudiante durante las prácticas en centros de rehabilitación física de mi ciudad.
Si los terapeutas físicos empleamos agentes físicos (frío, calor, electricidad, ultrasonido, etc.), deberíamos entender la física del agente y cómo ésta afecta a la fisiología del cuerpo. Deberíamos entender qué propósito y efecto tiene hasta el último parámetro del aparato que usamos, y qué valores se utilizan en qué casos. Incluso si nos vamos por el camino fácil y escogemos uno de los programas predefinidos que vienen con el dispositivo (en el caso de la electroterapia, por ejemplo), deberíamos ser capaces de interpretar los valores del programa y entender por qué son utilizados. De otra forma, aunque suene feo, somos meros "enchufadores".
Si empleamos ejercicio terapéutico, cada sesión, ejercicio, nivel de carga o resistencia, serie, repetición y periodo de descanso debería tener un propósito específico; no bastan las prescripciones genéricas de "tres series de 10", "cuatro series de 20" o "15 minutos en la caminadora". En efecto, deberíamos diseñar los programas de ejercicio o acondicionamiento físico, no simplemente improvisar una rutina cada día. ¡Se supone que somos expertos en el ejercicio! Este punto, y también el anterior, se podría extender para cubrir otros tipos de intervenciones (por ejemplo, las terapias manuales) que realizan los terapeutas físicos.
Deberíamos llevar un registro detallado de todo lo que se le hace al paciente; generalmente dependemos de nuestra memoria o, peor aún, de la memoria del paciente (actualmente es muy común escuchar, "¿Qué estábamos trabajando con usted?" o "¿Qué le hizo mi compañero a usted la última vez?"). Agentes físicos, terapias manuales, ejercicio terapéutico, todo debería estar anotado, minuciosamente, sesión por sesión. Y no sólo qué se hizo y cómo, sino qué se logró con ello: si se obtienen buenos desenlaces, estos registros podrían constituir un sustento para seguir haciendo lo que hacemos, dado que la evidencia científica aún es escasa en nuestra profesión.
Deberíamos adoptar la costumbre de autoformarnos, mediante la lectura de libros, artículos, revistas profesionales, y al mismo tiempo dejar de ver a los cursos y seminarios como la única o la mejor forma de aprender algo nuevo. ¡Basta ya de depender totalmente del aprendizaje de boca en boca! Aunque esta educación autodirigida haga que la formación del terapeuta físico sea un poco más difícil, a medida que el profesional va ganando experiencia debería adquirir concomitantemente la capacidad para buscar, entender y usar el nuevo conocimiento por cuenta propia (a menos que se trate de técnicas que requieran adiestramiento de parte de una persona experimentada, por supuesto). Nuestra formación personal y el interés de nuestros clientes/pacientes deberían pesar infinitamente más que la posibilidad de adjuntar un nuevo diploma a nuestro currículum vítae.
Se supone que cuando una persona acude a un profesional (de cualquier campo) lo hace confiando en que el profesional tiene conocimiento y destrezas que ella misma no posee. Es difícil de creer que, con toda esa discusión de la independización de la terapia física, aún estén ausentes tantas cosas que, como profesionales, se supone que los terapeutas físicos hacen o saben. Como estudiante de una carrera que tiene que ver con el cuidado de la salud de las personas, me asusta la idea de que rutinariamente se dejen tantas cosas al azar en la práctica de la terapia física.
Debe reconocerse que de la mano de la independización de una profesión viene la complejidad, y que la responsabilidad acompaña a la profesionalización. Si rechazamos la complejidad perpetuamos nuestro estatus de técnicos, enchufadores, subordinados a otros.
viernes, octubre 02, 2009
Reflexiones en Octavo: Introducción
Como probablemente ya lo sepas porque lo he dicho en varias entradas anteriores, este será (si todo sale bien) el último semestre de mis estudios de pregrado.
Los sentimientos y las sensaciones que he experimentado durante estos cuatro años de estudios, en lo que se refiere a la profesión, a los profesionales y a mi propio desempeño, han variado desde lo sumamente positivo hasta lo desquiciantemente negativo; en este blog he compartido contigo muchísimas de mis percepciones, impresiones y opiniones sobre todo esto. En las seis semanas que han transcurrido de este semestre --el octavo y último--, algunos de esos sentimientos y sensaciones han alcanzado su mayor intensidad y relevancia.
Durante los siete semestres anteriores he conversado en incontables ocasiones con profesores y profesionales de la terapia física y la medicina, y todos esos intercambios han sido valiosísimos para mí. Recientemente conversé personalmente, como lo he hecho prácticamente todos los semestres, con un profesional de la terapia física a quien estimo y respeto muchísimo, quien siempre se ha mostrado interesado en conocer mis inquietudes sobre la carrera y a ayudarme a resolverlas. A él le he expresado, con regularidad, una buena cantidad de cosas sobre la terapia física que no me he atrevido a exponer a otras personas. Ahora, en este último semestre, quisiera discutir algunas de ellas contigo, estimado lector, y saber qué opinas sobre ellas.
Por ese motivo, a partir de este momento, etiquetadas con "Reflexiones en Octavo" y sin un orden particular, encontrarás varias entradas en las que manifestaré lo que ha estado rondando mi mente en estos días, los cuales, como espero, forman parte del último periodo que pasaré en las aulas como estudiante.
Los sentimientos y las sensaciones que he experimentado durante estos cuatro años de estudios, en lo que se refiere a la profesión, a los profesionales y a mi propio desempeño, han variado desde lo sumamente positivo hasta lo desquiciantemente negativo; en este blog he compartido contigo muchísimas de mis percepciones, impresiones y opiniones sobre todo esto. En las seis semanas que han transcurrido de este semestre --el octavo y último--, algunos de esos sentimientos y sensaciones han alcanzado su mayor intensidad y relevancia.
Durante los siete semestres anteriores he conversado en incontables ocasiones con profesores y profesionales de la terapia física y la medicina, y todos esos intercambios han sido valiosísimos para mí. Recientemente conversé personalmente, como lo he hecho prácticamente todos los semestres, con un profesional de la terapia física a quien estimo y respeto muchísimo, quien siempre se ha mostrado interesado en conocer mis inquietudes sobre la carrera y a ayudarme a resolverlas. A él le he expresado, con regularidad, una buena cantidad de cosas sobre la terapia física que no me he atrevido a exponer a otras personas. Ahora, en este último semestre, quisiera discutir algunas de ellas contigo, estimado lector, y saber qué opinas sobre ellas.
Por ese motivo, a partir de este momento, etiquetadas con "Reflexiones en Octavo" y sin un orden particular, encontrarás varias entradas en las que manifestaré lo que ha estado rondando mi mente en estos días, los cuales, como espero, forman parte del último periodo que pasaré en las aulas como estudiante.
jueves, septiembre 24, 2009
Cuando la experiencia se vuelve una muralla
Yo soy el primero en reconocer que tengo virtualmente cero experiencia tratando pacientes. En contraste, conozco profesionales que tienen muchos años de experiencia en el oficio de la terapia física; algunos de ellos tienen más años de ejercicio profesional que yo de vida. Obviamente, estos profesionales han atendido miles de pacientes más que yo, tienen muchas historias de éxito en sus registros, y han logrado sobreponerse a los errores y fracasos con los que se han topado en el camino.
Naturalmente, la experiencia que estos profesionales han amontonado les ha permitido desarrollar un criterio mucho más refinado que el mío para juzgar la utilidad de cualquier cosa, y esa capacidad les distancia claramente de mí en el ámbito profesional. Sin embargo, como un estudiante interesado en aprender todo lo que esté a su alcance, y que ve a los profesores y profesionales como guías, me llama la atención notar que hay profesionales que en lugar de utilizar su experiencia personal como un mapa para seguir explorando, descubriendo y aprendiendo, la utilizan como un ancla para establecerse y mantenerse en la posición en la que están.
La experiencia es algo que todos queremos acumular porque la consideramos en todo momento positiva: lo que hemos vivido, bueno o malo, siempre nos ayuda a mejorar. Pero la experiencia, desde mi punto de vista, se vuelve contraproducente cuando uno la emplea para construir una muralla que repele todo aquello que no esté en sintonía con lo que uno ha vivido y que ha logrado conocer. En mi opinión, la experiencia se transforma en un problema cuando, creyendo que lo ha visto todo, que lo sabe todo y que lo ha probado todo, uno llega a pensar que es imposible que exista algo que modifique, desafíe o contradiga lo que su propia experiencia personal le ha mostrado. Cuando uno utiliza su experiencia personal como un cerco, toda novedad, alternativa, propuesta o descubrimiento es menospreciado automáticamente si no coincide con lo que uno ha llegado a creer, moldeado por sus vivencias particulares. En este escenario, la experiencia propia pesa más que cualquier conocimiento foráneo, y ciertamente más que la experiencia de otros.
En contraste, lo que yo me propongo, ahora como estudiante y posteriormente como profesional, es usar la experiencia que acumule como material para construir nuevas edificaciones en mi conocimiento, pero también para tender rutas y puentes que lo conecten con el conocimiento de otros, en lugar de invertir mi experiencia para erigir murallas impenetrables que me aíslen.
Naturalmente, la experiencia que estos profesionales han amontonado les ha permitido desarrollar un criterio mucho más refinado que el mío para juzgar la utilidad de cualquier cosa, y esa capacidad les distancia claramente de mí en el ámbito profesional. Sin embargo, como un estudiante interesado en aprender todo lo que esté a su alcance, y que ve a los profesores y profesionales como guías, me llama la atención notar que hay profesionales que en lugar de utilizar su experiencia personal como un mapa para seguir explorando, descubriendo y aprendiendo, la utilizan como un ancla para establecerse y mantenerse en la posición en la que están.
La experiencia es algo que todos queremos acumular porque la consideramos en todo momento positiva: lo que hemos vivido, bueno o malo, siempre nos ayuda a mejorar. Pero la experiencia, desde mi punto de vista, se vuelve contraproducente cuando uno la emplea para construir una muralla que repele todo aquello que no esté en sintonía con lo que uno ha vivido y que ha logrado conocer. En mi opinión, la experiencia se transforma en un problema cuando, creyendo que lo ha visto todo, que lo sabe todo y que lo ha probado todo, uno llega a pensar que es imposible que exista algo que modifique, desafíe o contradiga lo que su propia experiencia personal le ha mostrado. Cuando uno utiliza su experiencia personal como un cerco, toda novedad, alternativa, propuesta o descubrimiento es menospreciado automáticamente si no coincide con lo que uno ha llegado a creer, moldeado por sus vivencias particulares. En este escenario, la experiencia propia pesa más que cualquier conocimiento foráneo, y ciertamente más que la experiencia de otros.
En contraste, lo que yo me propongo, ahora como estudiante y posteriormente como profesional, es usar la experiencia que acumule como material para construir nuevas edificaciones en mi conocimiento, pero también para tender rutas y puentes que lo conecten con el conocimiento de otros, en lugar de invertir mi experiencia para erigir murallas impenetrables que me aíslen.
domingo, agosto 09, 2009
Construyendo rascacielos sobre arena
Casi sin excepción, los profesionales de la terapia física de mi país con quienes he conversado --y han sido muchísimos-- han reconocido que su educación formal fue deficiente en muchos aspectos, tanto en aquellos aspectos fundamentales como en aquellos menos importantes. Hace poco conversé sobre esto con un profesor, y él me dijo que históricamente la formación en la terapia física en nuestro país ha sido un "¡Sálvase quien pueda!", confirmando lo que yo dijera hace unos meses en este blog de que estudiar terapia física se había tratado siempre de un asunto de supervivencia individual. Por esta razón, un grupo de profesionales líderes, trabajando en los ámbitos gremial y educacional, están empeñados en que la situación cambie para las nuevas generaciones de terapeutas físicos, por el bien de ellas y de la profesión en su conjunto.
Hasta hoy, los profesionales de la terapia física de nuestro país se las han arreglado para compensar la deficiencia en la educación formal que han tenido, haciéndolo sobre la marcha durante el ejercicio profesional. En Ecuador, hay muchos profesionales de la terapia física que tienen décadas de experiencia y que han logrado construir, con dedicación, lucha e incluso sufrimiento, impresionantes --y envidiables-- carreras y reputaciones. Efectivamente, si pudiéramos comparar estas carreras con edificaciones, hay quienes han erigido auténticos rascacielos. Lo curioso es apreciar que han logrado sustentar sus edificaciones sobre arena, no sobre terreno firme.
Talvez por estas prominentes historias de éxito, o bien porque no se conoce una forma diferente de hacer las cosas, la noción de que la adquisición de conocimiento en la terapia física se puede diferir en su mayor parte a la práctica todavía prevalece; hay un desprecio por la teoría y una urgencia por lanzarse directamente a hacer alguna (cualquier) cosa; no se reconoce a la ciencia como una herramienta que nos ayuda a entender lo que hacemos (¡todavía creemos en tratamientos que desafían las leyes de la física, por ejemplo!); la evidencia científica es rechazada sin evaluar primero su valor; no se pone suficiente énfasis en materias fundamentales para nuestra profesión, como lo son la anatomía funcional, la biomecánica y el comportamiento motor; no hay cursos formales sobre la toma de decisiones clínicas, dando lugar a que cada uno tome decisiones sobre el cuidado de los pacientes como buenamente pueda; confiamos, y dependemos, desmedidamente en lo que profesores, tutores e instructores nos dicen en clases, en las prácticas y en cursos; en definitiva, todavía se pretende trabajar con el cuerpo sin realmente entender cómo él funciona, cómo los tratamientos que realizan los terapeutas físicos ejercen sus efectos y cómo intervenir de forma efectiva, eficiente y segura en el caso de cada paciente individual.
Lamentablemente, a pesar de los esfuerzos de los líderes de esta profesión, estas tendencias prevalecen en generaciones que ahora se están formando, como yo ya anticipé en la primera entrada de este blog que cité al inicio de esta entrada. Si deseamos que las nuevas generaciones de terapia física lleguen más lejos que las actuales, por el bien de la profesión en general, tenemos que poner el mayor de los énfasis en que los estudiantes empiecen a construir sus carreras, ya no sobre arena, sino sobre terreno firme.
Hasta hoy, los profesionales de la terapia física de nuestro país se las han arreglado para compensar la deficiencia en la educación formal que han tenido, haciéndolo sobre la marcha durante el ejercicio profesional. En Ecuador, hay muchos profesionales de la terapia física que tienen décadas de experiencia y que han logrado construir, con dedicación, lucha e incluso sufrimiento, impresionantes --y envidiables-- carreras y reputaciones. Efectivamente, si pudiéramos comparar estas carreras con edificaciones, hay quienes han erigido auténticos rascacielos. Lo curioso es apreciar que han logrado sustentar sus edificaciones sobre arena, no sobre terreno firme.
Talvez por estas prominentes historias de éxito, o bien porque no se conoce una forma diferente de hacer las cosas, la noción de que la adquisición de conocimiento en la terapia física se puede diferir en su mayor parte a la práctica todavía prevalece; hay un desprecio por la teoría y una urgencia por lanzarse directamente a hacer alguna (cualquier) cosa; no se reconoce a la ciencia como una herramienta que nos ayuda a entender lo que hacemos (¡todavía creemos en tratamientos que desafían las leyes de la física, por ejemplo!); la evidencia científica es rechazada sin evaluar primero su valor; no se pone suficiente énfasis en materias fundamentales para nuestra profesión, como lo son la anatomía funcional, la biomecánica y el comportamiento motor; no hay cursos formales sobre la toma de decisiones clínicas, dando lugar a que cada uno tome decisiones sobre el cuidado de los pacientes como buenamente pueda; confiamos, y dependemos, desmedidamente en lo que profesores, tutores e instructores nos dicen en clases, en las prácticas y en cursos; en definitiva, todavía se pretende trabajar con el cuerpo sin realmente entender cómo él funciona, cómo los tratamientos que realizan los terapeutas físicos ejercen sus efectos y cómo intervenir de forma efectiva, eficiente y segura en el caso de cada paciente individual.
Lamentablemente, a pesar de los esfuerzos de los líderes de esta profesión, estas tendencias prevalecen en generaciones que ahora se están formando, como yo ya anticipé en la primera entrada de este blog que cité al inicio de esta entrada. Si deseamos que las nuevas generaciones de terapia física lleguen más lejos que las actuales, por el bien de la profesión en general, tenemos que poner el mayor de los énfasis en que los estudiantes empiecen a construir sus carreras, ya no sobre arena, sino sobre terreno firme.
miércoles, agosto 05, 2009
¡Bravo, Chile!
En el lado derecho de todas las páginas de este blog se muestra un aditamento que me permite ver de qué país, y generalmente de qué ciudad o población, provienen los visitantes de este blog, y qué páginas han visitado. Muchos visitantes llegan a este blog mediante una búsqueda en Google, y en ese caso también puedo ver qué han buscado (es decir, los "términos de búsqueda" que emplearon).
He tenido visitantes de todos los países de América, y de España, Portugal y otros países europeos. Entre todos ellos, me llama mucho la atención que una gran proporción de los visitantes de Chile que llegan a mi blog mediante Google lo hacen buscando cosas que yo considero particularmente novedosas, o buscando títulos de libros en inglés o los nombres de sus autores.
Tengo curiosidad por saber por qué los chilenos tienen esa tendencia hacia buscar información que, en general, es menos consultada por los visitantes de otros países, incluyendo mi país, Ecuador. Sería interesante ver algunos programas de estudio de kinesiología (terapia física) de las universidades chilenas, y notar qué temas enfatizan y qué recursos utilizan, para determinar si esa propensión se origina en la educación que reciben o si es más probable que se trate de una inclinación personal. Ya me voy a poner a investigar. Si los lectores me puede anticipar algo, se los agradecería.
Por lo pronto, mi felicitación a los chilenos por esa iniciativa de complementar su conocimiento con información diferente a la que utilizan los terapeutas físicos y kinesiólogos de otros países de nuestra región.
He tenido visitantes de todos los países de América, y de España, Portugal y otros países europeos. Entre todos ellos, me llama mucho la atención que una gran proporción de los visitantes de Chile que llegan a mi blog mediante Google lo hacen buscando cosas que yo considero particularmente novedosas, o buscando títulos de libros en inglés o los nombres de sus autores.
Tengo curiosidad por saber por qué los chilenos tienen esa tendencia hacia buscar información que, en general, es menos consultada por los visitantes de otros países, incluyendo mi país, Ecuador. Sería interesante ver algunos programas de estudio de kinesiología (terapia física) de las universidades chilenas, y notar qué temas enfatizan y qué recursos utilizan, para determinar si esa propensión se origina en la educación que reciben o si es más probable que se trate de una inclinación personal. Ya me voy a poner a investigar. Si los lectores me puede anticipar algo, se los agradecería.
Por lo pronto, mi felicitación a los chilenos por esa iniciativa de complementar su conocimiento con información diferente a la que utilizan los terapeutas físicos y kinesiólogos de otros países de nuestra región.
lunes, julio 27, 2009
Las presentaciones en clase, una modalidad abusada
Yo no soy un educador ni estoy al tanto de las últimas tendencias en la docencia. Sin embargo, como educando, es decir, como alguien que se sienta en los pupitres para recibir la información presentada en clases, yo he podido ver que las presentaciones en clase realizadas por estudiantes casi nunca funcionan.
Yo entiendo que lo que se busca con las presentaciones en clase no es únicamente que los estudiantes consulten sobre un tema y que expongan lo que han descubierto, sino que ellos aprendan a desenvolverse en público con soltura y confianza. Sin embargo, prácticamente en todas las presentaciones en los siete semestres que han transcurrido ha sucedido lo siguiente, sin que ningún profesor realmente logre que la situación mejore:
En la defensa de la disertación de tesis, cosa que se aproxima inevitablemente para quienes queremos graduarnos, tendremos que exponer, ahora sí en serio, frente a profesores, compañeros y familiares, y ellos no dudarán en preguntar algo si hace falta; el tribunal estará pendiente de todos los detalles de la presentación y los considerará como parte de la nota. Si insistimos en utilizar presentaciones en clase, al menos empecemos a hacer las que nos restan este último semestre de tal forma que nos preparen para la presentación más importante de nuestra carrera de pregrado, esa temida defensa de disertación (que, de paso, sería menos escalofriante si hubiéramos aprovechado desde el inicio las presentaciones para refinar nuestras destrezas de exposición frente a una audiencia).
Yo entiendo que lo que se busca con las presentaciones en clase no es únicamente que los estudiantes consulten sobre un tema y que expongan lo que han descubierto, sino que ellos aprendan a desenvolverse en público con soltura y confianza. Sin embargo, prácticamente en todas las presentaciones en los siete semestres que han transcurrido ha sucedido lo siguiente, sin que ningún profesor realmente logre que la situación mejore:
- Algunos estudiantes ponen cien (o más) líneas de texto en cada diapositiva y se dedican a leer literalmente lo que han puesto; si el profesor les pregunta algo que no está en la diapositiva, les friega.
- Los que escuchamos no tenemos idea del origen de la información. Probablemente se trata de un copy-paste del sitio web del Sr. Pelagato.
- Como se trata de información presentada por un estudiante, el resto de compañeros generalmente no para bola a quien está al frente; quienes no están dormidos, se la pasan conversando sobre la farra del último sábado o sobre el chico que les hizo ojitos la semana anterior.
- Relacionado con esto último, dado que los estudiantes no ponen atención, la presentación es generalmente dirigida al profesor, cuando en realidad no tiene sentido si no es dirigida a los compañeros.
- Nadie se anima a preguntar al compañero expositor si algo no quedó claro, o a emitir alguna opinión; de hecho, está mal visto que uno lo haga porque puede poner en aprietos al compañero y eso podría significarle una nota más baja.
- Los estudiantes vamos a clases para aprender de los que saben mucho más que nosotros, no de los que saben lo mismo o menos. Que el profesor, durante la exposición o después de ella, corrija algo que se dijo mal, en ocasiones trae más confusión que clarificación.
- ¡Y luego hay que estudiar de las diapositivas para las pruebas! ¡Horror!
- El profesor debe especificar en detalle qué temas debe abordar y qué estructura debe tener la exposición.
- El profesor podría sugerir fuentes de información que contengan la información de interés en el detalle, enfoque o extensión que sean deseables.
- El profesor debe revisar de antemano la presentación y solicitar correcciones si es necesario, en una o más ocasiones.
- Se debe verificar el origen de la información y enfatizar que se citen las fuentes consultadas. Las fuentes deben ser confiables y actualizadas: nada que provenga de un sitio web de dudosa reputación o que haya sido publicado hace décadas.
- Se debe asegurar que la presentación se conduzca con seriedad, tanto por el expositor como por la audiencia.
- Se debe auspiciar que la audiencia haga preguntas o emita opiniones sobre lo que se ha dicho; pienso que sería rara la ocasión en la que no haya nada que decir sobre lo expuesto.
En la defensa de la disertación de tesis, cosa que se aproxima inevitablemente para quienes queremos graduarnos, tendremos que exponer, ahora sí en serio, frente a profesores, compañeros y familiares, y ellos no dudarán en preguntar algo si hace falta; el tribunal estará pendiente de todos los detalles de la presentación y los considerará como parte de la nota. Si insistimos en utilizar presentaciones en clase, al menos empecemos a hacer las que nos restan este último semestre de tal forma que nos preparen para la presentación más importante de nuestra carrera de pregrado, esa temida defensa de disertación (que, de paso, sería menos escalofriante si hubiéramos aprovechado desde el inicio las presentaciones para refinar nuestras destrezas de exposición frente a una audiencia).
martes, julio 14, 2009
¿Humildad o inseguridad?
Se dice que "mientras más uno sabe, más cae en la cuenta de lo poco que sabe". Según algunos, que una persona reconozca esto es un indicio de que esa persona ha tomado el camino de la humildad en lugar de aquel de la soberbia y la vanidad.
Sin embargo, que un profesor universitario diga a los estudiantes el primer día de clases del semestre que "intentará transmitir lo poco que sabe", o que "en realidad solo sabe un poquito más" que los estudiantes, puede ser interpretado por ellos como una señal de inseguridad más que de humildad, o puede ser percibido por ellos más como una excusa para poder demostrar ignorancia o para que se le permita errar, que como auténtica humildad.
Personalmente, yo pienso que si alguien funge de profesor, esta persona debe dominar la materia que imparte. Se supone que un profesional que se dedica a la docencia, aparte de estar siempre actualizado, debe saber más que el profesional promedio y ciertamente muchisísimo más que un estudiante que apenas se está introduciendo en un tema. Un profesor está encargado de formar a los estudiantes (es decir, a los futuros profesionales); por tanto, los estudiantes vierten su confianza en él y tienen un nivel elevado de expectativas en cuanto a lo que el profesor va a impartir en clases y a lo que ellos van a aprender. Yo entiendo que difícilmente alguien podrá saber absolutamente todo sobre un tema; sin embargo, la probabilidad de que un profesor no pueda resolver --con seguridad, fundamento y claridad-- las inquietudes de los estudiantes (que son personas que desconocen la materia que recién están empezando a estudiar), debería ser minúscula.
En unas semanas más empieza otro semestre en la universidad. Ojalá este semestre no haya profesores que digan algo como que "solo saben un poquito más" que nosotros (los estudiantes) durante su presentación el primer día de clases.
Sin embargo, que un profesor universitario diga a los estudiantes el primer día de clases del semestre que "intentará transmitir lo poco que sabe", o que "en realidad solo sabe un poquito más" que los estudiantes, puede ser interpretado por ellos como una señal de inseguridad más que de humildad, o puede ser percibido por ellos más como una excusa para poder demostrar ignorancia o para que se le permita errar, que como auténtica humildad.
Personalmente, yo pienso que si alguien funge de profesor, esta persona debe dominar la materia que imparte. Se supone que un profesional que se dedica a la docencia, aparte de estar siempre actualizado, debe saber más que el profesional promedio y ciertamente muchisísimo más que un estudiante que apenas se está introduciendo en un tema. Un profesor está encargado de formar a los estudiantes (es decir, a los futuros profesionales); por tanto, los estudiantes vierten su confianza en él y tienen un nivel elevado de expectativas en cuanto a lo que el profesor va a impartir en clases y a lo que ellos van a aprender. Yo entiendo que difícilmente alguien podrá saber absolutamente todo sobre un tema; sin embargo, la probabilidad de que un profesor no pueda resolver --con seguridad, fundamento y claridad-- las inquietudes de los estudiantes (que son personas que desconocen la materia que recién están empezando a estudiar), debería ser minúscula.
En unas semanas más empieza otro semestre en la universidad. Ojalá este semestre no haya profesores que digan algo como que "solo saben un poquito más" que nosotros (los estudiantes) durante su presentación el primer día de clases.
lunes, junio 29, 2009
El aula universitaria no es lugar para ti...
Que el conocimiento humano se amplía día tras día es un hecho, pero también es un hecho que el conocimiento humano cambia. Por tanto, uno no solo necesita aprender cosas nuevas, sino que también debe modificar o abandonar lo que hace.
Se asume que todo profesional debe estar al día en su campo. Este no es un asunto de inclinación, iniciativa o voluntad personal: estar al día es un requerimiento para ser (o llamarse a sí mismo) un profesional. Aún así, muchos profesionales de la terapia física sobreviven en el entorno laboral sin realmente molestarse por satisfacer ese requisito de actualización, e incluso así algunas de estas personas llegan a tener mucho éxito en el ejercicio profesional particular.
Por otro lado, la necesidad de estar al día en su profesión se torna absolutamente ineludible cuando hablamos de un profesional que adicionalmente se dedica a la docencia. El aula universitaria es un lugar para el aprendizaje, la investigación, la creación, la innovación, la comparación, la crítica, la discusión; es un espacio para actualizarse, valorar, cambiar, desafiar, proponer, implementar. El aula universitaria no es un lugar para la estancación, la obstinación, la lucha, el conflicto. El aula universitaria no es un espacio destinado a la conservación, protección y veneración de reliquias; para esto existen los museos.
Honestamente, no importa si tienes 10, 20, 30 o 40 años de experiencia profesional y has tenido éxito en lo que haces particularmente; eso, aunque sea significativo, simplemente no es suficiente si quieres ser un profesor universitario. Si no estás dispuesto a reconocer que, como docente, estás obligado a actualizarte todos los días, y que debes modificar y abandonar tanto como aprender, mejor dedícate exclusivamente al ejercicio profesional privado: el aula universitaria evidentemente no es lugar para ti.
Se asume que todo profesional debe estar al día en su campo. Este no es un asunto de inclinación, iniciativa o voluntad personal: estar al día es un requerimiento para ser (o llamarse a sí mismo) un profesional. Aún así, muchos profesionales de la terapia física sobreviven en el entorno laboral sin realmente molestarse por satisfacer ese requisito de actualización, e incluso así algunas de estas personas llegan a tener mucho éxito en el ejercicio profesional particular.
Por otro lado, la necesidad de estar al día en su profesión se torna absolutamente ineludible cuando hablamos de un profesional que adicionalmente se dedica a la docencia. El aula universitaria es un lugar para el aprendizaje, la investigación, la creación, la innovación, la comparación, la crítica, la discusión; es un espacio para actualizarse, valorar, cambiar, desafiar, proponer, implementar. El aula universitaria no es un lugar para la estancación, la obstinación, la lucha, el conflicto. El aula universitaria no es un espacio destinado a la conservación, protección y veneración de reliquias; para esto existen los museos.
Honestamente, no importa si tienes 10, 20, 30 o 40 años de experiencia profesional y has tenido éxito en lo que haces particularmente; eso, aunque sea significativo, simplemente no es suficiente si quieres ser un profesor universitario. Si no estás dispuesto a reconocer que, como docente, estás obligado a actualizarte todos los días, y que debes modificar y abandonar tanto como aprender, mejor dedícate exclusivamente al ejercicio profesional privado: el aula universitaria evidentemente no es lugar para ti.
martes, noviembre 25, 2008
Sobre la "adopción" de libros
En lo que va de los estudios de la carrera, más o menos en la mitad de las materias hemos utilizado "textos base" para desarrollar el estudio a lo largo del semestre. En la otra mitad de materias hemos empleado recursos preparados por los profesores con compilaciones de información de una o más fuentes. En estos últimos casos, generalmente las clases son impartidas mediante presentaciones PowerPoint que luego los estudiantes revisamos y estudiamos para las pruebas, con las anotaciones que cada uno haya considerado relevantes.
Según entiendo, en muchas universidades de los Estados Unidos de Norteamérica, las clases son generalmente llevadas a cabo guiadas por los temas cubiertos por libros seleccionados de antemano; un profesor adopta un libro y lo utiliza como el texto base para el desarrollo de la materia.
Como una manifestación de esto último, algunos libros que yo he visto que han sido publicados en Estados Unidos de Norteamérica están organizados de tal forma que cada día un capítulo pueda ser cubierto en el tiempo previsto para una clase. También he visto que algunas publicadoras regalan sus libros a los profesores si los adoptan para la clase que imparten; además, muchas publicadoras ofrecen recursos auxiliares a los profesores y a los estudiantes que emplean sus textos: a los profesores les suministran, por ejemplo, presentaciones PowerPoint listas para ser proyectadas con el tema de cada capítulo; guías de laboratorio; imágenes, figuras, animaciones, videos y tablas que pueden proyectar en clases; y hasta bancos de preguntas para las pruebas. A los estudiantes les proporcionan actividades para realizar después de clase que refuerzan el aprendizaje; videos de ejercicios, técnicas y procedimientos; enlaces a sitios web relacionados y también bancos de preguntas en línea para ensayar para las pruebas.
Me pregunto si en Ecuador sería posible, y si convendría, adoptar libros para todas las materias. Puedo pensar en algunas ventajas de utilizar material preparado por los profesores:
Según entiendo, en muchas universidades de los Estados Unidos de Norteamérica, las clases son generalmente llevadas a cabo guiadas por los temas cubiertos por libros seleccionados de antemano; un profesor adopta un libro y lo utiliza como el texto base para el desarrollo de la materia.
Como una manifestación de esto último, algunos libros que yo he visto que han sido publicados en Estados Unidos de Norteamérica están organizados de tal forma que cada día un capítulo pueda ser cubierto en el tiempo previsto para una clase. También he visto que algunas publicadoras regalan sus libros a los profesores si los adoptan para la clase que imparten; además, muchas publicadoras ofrecen recursos auxiliares a los profesores y a los estudiantes que emplean sus textos: a los profesores les suministran, por ejemplo, presentaciones PowerPoint listas para ser proyectadas con el tema de cada capítulo; guías de laboratorio; imágenes, figuras, animaciones, videos y tablas que pueden proyectar en clases; y hasta bancos de preguntas para las pruebas. A los estudiantes les proporcionan actividades para realizar después de clase que refuerzan el aprendizaje; videos de ejercicios, técnicas y procedimientos; enlaces a sitios web relacionados y también bancos de preguntas en línea para ensayar para las pruebas.
Me pregunto si en Ecuador sería posible, y si convendría, adoptar libros para todas las materias. Puedo pensar en algunas ventajas de utilizar material preparado por los profesores:
- Los estudiantes nos familiarizamos con los términos que se emplean en nuestro medio, que no siempre son los mismos que se emplean en los recursos que provienen de otros lugares.
- También nos familiarizamos con las técnicas y procedimientos que son populares en nuestro país, que también pueden ser diferentes a las que lo son en otros lugares.
- Con su experiencia, los profesores pueden tener una idea de las cosas que nos hace falta saber para la práctica diaria, o para llenar los "huecos" que han encontrado en nuestra formación.
- Los profesores pueden obtener información importante de varias fuentes; un solo libro no necesariamente contiene todo lo que conviene saber.
- Que los estudiantes nos llevemos la idea equivocada de que lo que está en las diapositivas de PowerPoint sea todo lo que hay que saber sobre el tema expuesto.
- Que la información, para ajustarse al tiempo previsto para la clase, necesariamente se presenta reducida o resumida. En ocasiones los estudiantes interesados por saber más sobre el tema no sabemos adónde ir para tener acceso a información ampliada que sea consistente con lo que se dijo en clases; es posible estudiar de otras fuentes pero siempre hay la opción de que se encuentre algo que difiere de lo expuesto (y de lo que se va a evaluar en las pruebas).
- Relacionado con esto último, que generalmente los estudiantes no sepamos de dónde proviene la información; en particular, si es información correcta y actualizada, o si proviene de la temible Internet o si se trata de información que se ha propagado de boca en boca.
- Que existe un riesgo de que en clase se expongan los temas basados en las preferencias del profesor; en ocasiones he constatado que se habla de métodos o técnicas mencionando solo los beneficios, pero no las desventajas ni las alternativas. Es probable que los libros tengan una perspectiva más balanceada.
- Probablemente en español no haya libros que cubran los temas necesarios, en la extensión requerida o que tengan relevancia para nuestro país.
- Aunque en inglés hay muchísimas opciones de libros para cada materia, no sería posible adoptarlos porque son pocos los profesores y estudiantes que saben inglés en un nivel suficiente para entender textos técnicos; aparte de eso, nuestra "escuela" de Terapia Física es la europea-latinoamericana (francesa, española, argentina), que es diferente a la "escuela" de los Estados Unidos de América, y los profesores están más informados sobre algunos temas que los libros en inglés ni siquiera mencionan. Ya he dicho algo sobre esto anteriormente.
- Es posible que los profesores se sientan restringidos si tienen que adherirse a los contenidos propuestos por los libros.
- Nuestra realidad económica talvez nos impide adquirir libros tan fácilmente como en otros países.
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