Hasta hace pocos días, yo me aferraba a la idea de que entre la ingeniería y la terapia física podrían, de hecho, existir algunos nexos, pero ahora veo que la insinuación de la gente de que estas dos profesiones están en extremos opuestos en el espectro de ocupaciones parece tener más peso que el que yo le quería conceder: la terapia física, ahora entiendo, requiere un conjunto diferente de asunciones, creencias, filosofías, tendencias, inclinaciones, disposiciones y actitudes; ahora comprendo también que mi intento de abordar la terapia física desde un punto de vista ingenieril me ha traído más problemas y conflictos que claridad y seguridad.
En la ingeniería informática, como en otras ingenierías, uno diseña de antemano las cosas y luego las construye: cualquier error u omisión en el plan o en su ejecución casi con seguridad se hará patente en algún momento, ya sea inmediatamente o cierto tiempo después, resultando en pequeñas inconveniencias en el mejor de los casos, o bien causando auténticos estragos en el peor de ellos. En las ingenierías, uno trabaja directamente con objetos o máquinas e indirectamente, a través de ellos, con personas. La tecnología y el conocimiento avanzan a tal ritmo, que descuidarse un momento puede significar que uno caiga en la obsolescencia rápidamente. En las ingenierías, uno es quien hace que las cosas funcionen de la forma que uno desea que funcionen, y lo que uno no hace, simplemente no ocurre.
Las suposiciones que yo tenía sobre la terapia física, basándome en mi formación previa en una ingeniería, han resultado ser incorrectas en su mayor parte. De alguna forma, yo me imaginaba que la terapia física (y otras ocupaciones en el sector de la salud, incluyendo a la medicina) era una profesión más definida, clara y certera de lo que veo que es. Al poner a la terapia física y a la ingeniería una al lado de la otra, hay muchísimas cosas de la primera que me desconciertan y desubican; entre ellas puedo mencionar las siguientes (los puntos que menciono no necesariamente implican que la terapia física como se la practica actualmente tenga fallas; lo que me propongo en este momento es resaltar las diferencias):
- En la terapia física, la confianza absoluta en lo que uno ha constatado con sus propios ojos gracias a su experiencia y la de aquellos que le rodean, frente a reconocer el valor y aprovechar lo que conocen y hacen otras personas en otros lugares del mundo, fundamentándose en la investigación y en la ciencia.
- La fe que uno tiene que tener en que las cosas funcionarán en la terapia física, frente a realizarlas con el conocimiento de que hay un determinado nivel de probabilidad de que funcionen.
- El énfasis que se pone en que el terapeuta físico idee sus propias intervenciones, frente a ceñirse a lo que tiene respaldo en el conocimiento científico actual de la anatomía funcional, la fisiología, la biomecánica, el comportamiento motor, etc.
- En la terapia física, la confianza en el criterio individual de cada terapeuta a la hora de seleccionar intervenciones, frente a una práctica fundamentada en guías, directrices, patrones y protocolos.
- En la terapia física, la comprobación subjetiva de que las intervenciones han dado resultados, frente al empleo de medidas estandarizadas, confiables, específicas, sensibles, objetivas.
- El sustento de la práctica de la terapia física sobre conocimiento que tiene varias décadas de antigüedad, frente a la constante preocupación de la ingeniería para modificar lo que se hace para adaptarlo continuamente a lo que se descubre cada día.
- El rechazo de la tecnología debido a la creencia de que ella descuenta el trato cálido y humano que dan los terapeutas físicos, frente al interés de incorporarla para mejorar el servicio que se provee y ampliar las posibilidades de obtener nueva información y conocimiento.
A pesar de que un enfoque inspirado en la ingeniería en realidad no me ha dado resultado en la terapia física, aún así me propongo acercarme a ella desde otro flanco, uno que me permita fundamentar la mayor parte de las cosas que hago, restándoles cierto grado de incertidumbre, y así elevar mi nivel de confianza. El conocimiento necesario para lograr mi propósito sí existe, sé dónde encontrarlo y planeo explotarlo. Con toda seguridad me tomará más tiempo que al resto de personas el sentirme cómodo sabiendo que tengo la salud de las personas en mis manos, pero este es el camino que deseo seguir, ya que la terapia física que conozco es, en muchos aspectos, incompatible con mi forma personal y habitual de concebir las cosas.