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lunes, noviembre 02, 2009

La terapia física y la ingeniería, ¿compatibles? (Reflexiones en Octavo, Parte VI)

Cuando he contado a las personas que estoy dando un salto profesional de la ingeniería informática a la terapia física, muchos de ellos han reaccionado con asombro y me han dado a entender que no se imaginan qué relación podría encontrar yo entre las dos profesiones.

Hasta hace pocos días, yo me aferraba a la idea de que entre la ingeniería y la terapia física podrían, de hecho, existir algunos nexos, pero ahora veo que la insinuación de la gente de que estas dos profesiones están en extremos opuestos en el espectro de ocupaciones parece tener más peso que el que yo le quería conceder: la terapia física, ahora entiendo, requiere un conjunto diferente de asunciones, creencias, filosofías, tendencias, inclinaciones, disposiciones y actitudes; ahora comprendo también que mi intento de abordar la terapia física desde un punto de vista ingenieril me ha traído más problemas y conflictos que claridad y seguridad.

En la ingeniería informática, como en otras ingenierías, uno diseña de antemano las cosas y luego las construye: cualquier error u omisión en el plan o en su ejecución casi con seguridad se hará patente en algún momento, ya sea inmediatamente o cierto tiempo después, resultando en pequeñas inconveniencias en el mejor de los casos, o bien causando auténticos estragos en el peor de ellos. En las ingenierías, uno trabaja directamente con objetos o máquinas e indirectamente, a través de ellos, con personas. La tecnología y el conocimiento avanzan a tal ritmo, que descuidarse un momento puede significar que uno caiga en la obsolescencia rápidamente. En las ingenierías, uno es quien hace que las cosas funcionen de la forma que uno desea que funcionen, y lo que uno no hace, simplemente no ocurre.

Las suposiciones que yo tenía sobre la terapia física, basándome en mi formación previa en una ingeniería, han resultado ser incorrectas en su mayor parte. De alguna forma, yo me imaginaba que la terapia física (y otras ocupaciones en el sector de la salud, incluyendo a la medicina) era una profesión más definida, clara y certera de lo que veo que es. Al poner a la terapia física y a la ingeniería una al lado de la otra, hay muchísimas cosas de la primera que me desconciertan y desubican; entre ellas puedo mencionar las siguientes (los puntos que menciono no necesariamente implican que la terapia física como se la practica actualmente tenga fallas; lo que me propongo en este momento es resaltar las diferencias):
  • En la terapia física, la confianza absoluta en lo que uno ha constatado con sus propios ojos gracias a su experiencia y la de aquellos que le rodean, frente a reconocer el valor y aprovechar lo que conocen y hacen otras personas en otros lugares del mundo, fundamentándose en la investigación y en la ciencia.
  • La fe que uno tiene que tener en que las cosas funcionarán en la terapia física, frente a realizarlas con el conocimiento de que hay un determinado nivel de probabilidad de que funcionen.
  • El énfasis que se pone en que el terapeuta físico idee sus propias intervenciones, frente a ceñirse a lo que tiene respaldo en el conocimiento científico actual de la anatomía funcional, la fisiología, la biomecánica, el comportamiento motor, etc.
  • En la terapia física, la confianza en el criterio individual de cada terapeuta a la hora de seleccionar intervenciones, frente a una práctica fundamentada en guías, directrices, patrones y protocolos.
  • En la terapia física, la comprobación subjetiva de que las intervenciones han dado resultados, frente al empleo de medidas estandarizadas, confiables, específicas, sensibles, objetivas.
  • El sustento de la práctica de la terapia física sobre conocimiento que tiene varias décadas de antigüedad, frente a la constante preocupación de la ingeniería para modificar lo que se hace para adaptarlo continuamente a lo que se descubre cada día.
  • El rechazo de la tecnología debido a la creencia de que ella descuenta el trato cálido y humano que dan los terapeutas físicos, frente al interés de incorporarla para mejorar el servicio que se provee y ampliar las posibilidades de obtener nueva información y conocimiento.
Recién ahora comprendo claramente que la terapia física, contrastada con la ingeniería, requiere un elevado grado de tolerancia a la ambigüedad y a la incertidumbre. La terapia física, en la forma en la que veo que se practica, no puede dar garantías, e implica que uno debe tener fe en que lo que hace con el paciente dará resultado; de esa forma, los planes en la terapia física pueden llegar a ser superfluos. Como sugería el reporte de BusinessWeek sobre la profesión de la terapia física que mencioné hace unos días, ahora entiendo que quienes no se sientan cómodos con estas realidades de la terapia física probablemente deban reconsiderar su interés en dedicarse a esta profesión. Comprendo ahora también que varias de las cosas que he criticado en este blog sobre la práctica de la terapia física no tomaron en cuenta que la terapia física puede desarrollarse, con éxito, de una forma diferente a la que yo he planteado durante este tiempo.

A pesar de que un enfoque inspirado en la ingeniería en realidad no me ha dado resultado en la terapia física, aún así me propongo acercarme a ella desde otro flanco, uno que me permita fundamentar la mayor parte de las cosas que hago, restándoles cierto grado de incertidumbre, y así elevar mi nivel de confianza. El conocimiento necesario para lograr mi propósito sí existe, sé dónde encontrarlo y planeo explotarlo. Con toda seguridad me tomará más tiempo que al resto de personas el sentirme cómodo sabiendo que tengo la salud de las personas en mis manos, pero este es el camino que deseo seguir, ya que la terapia física que conozco es, en muchos aspectos, incompatible con mi forma personal y habitual de concebir las cosas.

domingo, octubre 25, 2009

Yo no digo que la teoría lo sea todo (Reflexiones en Octavo - Parte V)

Dado que mis compañeros y yo estamos en el último semestre de la carrera, casi todos los profesores en este semestre nos han dicho que, como estamos "a punto de graduarnos" y "a un paso de convertirnos en profesionales", los estudiantes ahora "tenemos que aplicar lo que hemos aprendido durante todos estos años" y que debemos "salir a atender pacientes para aplicar la teoría a la práctica" y de esa forma "ir ganando independencia", y otras cosas por el estilo.

Durante los semestres anteriores, en clases y en este blog yo he expresado mi percepción personal (la cual ha sido corroborada por muchos profesionales) de que en la terapia física se hacen muchísimas cosas sin realmente entender el porqué: he dicho que muy frecuentemente nos lanzamos a la práctica sin conocer la teoría, o bien que lo hacemos basándonos en una teoría obsoleta y hasta errónea, y que eso me parece inconcebible en cualquier profesión, pero especialmente en un oficio cuya razón de ser es la salud y el bienestar de las personas. Ahora noto que lo que he manifestado ha sido malinterpretado por algunos, quienes creen que yo sostengo que la terapia física es una disciplina primordialmente teórica y que los terapeutas físicos debemos poner nuestras manos más sobre los libros que sobre los pacientes.

En este semestre he tenido varias oportunidades de plantear mi preocupación nuevamente en clases y en prácticas. Yo me inclino a creer que mis comentarios han circulado entre los profesores, ya que ellos ahora topan el tema prácticamente a diario. Posiblemente aludiendo a la interpretación incorrecta de lo que yo he dicho, que se toma como que yo sostuviera que los terapeutas físicos debemos concentrarnos en lo teórico, hace unos días una profesora decía en clases algo así: "Hasta ahora no se ha oído de un cirujano que opere pacientes basándose únicamente en lo que ha visto en los libros". Yo entiendo el punto de vista de la profesora, pero concuerdo con ella solo hasta cierto punto. Lo que yo preguntaría a la profesora sería: "¿Acaso un cirujano, en la época moderna, puede operar improvisando, sin entender la función y la disfunción de los órganos, sin conocer las diferentes intervenciones posibles y sus efectos, o hacerlo basándose en la teoría que tiene varias décadas de antigüedad, época en la cual el conocimiento de las funciones del cuerpo y de las intervenciones era muy diferente al que se posee hoy?"

Adicionalmente, también hay quienes piensan que yo me ubico en un extremo junto a quienes piensan que "nada funciona si no hay evidencia", cuando en realidad yo he expresado mis dudas sobre esa visión anteriormente, en conversaciones personales y en este blog (aquí una serie completa sobre el tema, acá una cita de lo dicho por un autor).

Quiero que quede claro que yo no estoy diciendo que la terapia física es una disciplina principalmente teórica; sostener eso sería absolutamente absurdo. Lo que digo es que sin la teoría, o con teoría caduca, lo que sea que hagamos en la práctica en realidad no tiene sentido. Si no entendemos el porqué de las cosas, aunque estemos convencidos de que estamos realizando tratamientos, en realidad lo que estamos haciendo es mandando mano a los pacientes. En mi opinión, sin la teoría, los "buenos resultados" que obtenemos no son producto de un proceso deliberado de aplicación del mejor conocimiento disponible y de toma consciente de decisiones clínicas --un proceso que todo profesional de la salud debería llevar a cabo con cada paciente particular--, sino que son fruto, simplemente, de la casualidad.

Espero que esto aclare mi punto de vista.

miércoles, octubre 14, 2009

Los terapeutas físicos, sus intervenciones y las emociones de sus pacientes (Reflexiones en Octavo, Parte IV)

En los semestres anteriores, los estudiantes hicimos prácticas en hospitales, en consultorios de profesionales o en centros de fisioterapia. En contraste, en este semestre los estudiantes estamos visitando a los pacientes en los entornos en los que ellos se desenvuelven cotidianamente: por lo pronto, hemos visitado un asilo de ancianos y una escuela. Mucho más que en los semestres previos, en estos días he caído en la cuenta de la importancia que tiene la relación personal entre el terapeuta físico y sus pacientes.

Tengo compañeros que realizan un formidable trabajo haciendo sentir bien a la gente: hay quienes tienen dotes de bailarines, payasos o animadores, y quienes fungen de confidentes o cómplices de sus pacientes; empleando estas destrezas y actitudes, estos compañeros se procuran la disposición de los pacientes para trabajar. En el caso particular del ancianato, los cambios físicos que logran estos compañeros en una sola sesión de intervención --pero que perduran hasta la siguiente--, en pacientes de edad avanzada y con condiciones crónicas, a veces son tan notables que se me hace difícil creer que se puedan atribuir en su totalidad a la intervención en sí misma; el factor psicológico, supongo, debe desempeñar un rol importante en la recuperación física de los adultos mayores.

En el asilo, es evidente que la visita de los estudiantes --dos veces a la semana--, es esperada ansiosamente por muchos adultos mayores. Algunos de ellos nos reciben con besos y abrazos, y a la salida nos hacen ver que se quedan pendientes de la próxima visita. Para los adultos mayores, la visita de los estudiantes probablemente representa un cambio en su rutina, y una oportunidad para gozar de compañía, para socializar y para entretenerse. En los casos de adultos mayores en situación de abandono o soledad, es posible que esto se traduzca en una sensación de ser apreciados y cuidados. Esta alegría dispara una mejoría en el estado de bienestar psicológico de los adultos mayores, la cual, yo pienso, luego se extiende al ámbito físico.

Conversé sobre las vivencias en el ancianato con un profesional de la terapia física que tiene mucha experiencia, y él reconoció que el aspecto emocional del paciente, el cual se puede trabajar mediante la relación que éste tiene con su terapeuta físico, puede ser uno de los elementos claves en su recuperación, probablemente el más importante en ciertos casos. Inmediatamente, algunas preguntas obvias surgieron en mi cabeza, pero antes de que pudiera exteriorizarlas, el profesional pudo capturarlas en mi mirada. Lo que yo quería saber era:
Si se observa un buen grado de mejoría, ocasionada por la relación que el terapeuta físico tiene con el paciente, ¿qué rol tenen las intervenciones de terapia física en sí mismas? ¿Un rol secundario? ¿Para qué se estudia durante cuatro años sobre técnicas y conocimientos específicos de terapia física, cuando en muchos casos lo que se requiere, en mayor grado, es humanidad y empatía, que son cosas que no requieren entrenamiento formal?
El profesional se anticipó y me dijo, "Inclusive para eso --es decir, para saber cómo relacionarse con los pacientes-- es necesario un recorrido".

Como te cuento, en estos días he descubierto la importancia que tienen las emociones de los pacientes en la terapia física. Un terapeuta físico, que es un profesional que pasa mucho tiempo --semanas, meses, años-- con sus pacientes, debe saber relacionarse con ellos a un nivel personal. Esta es una lección que he aprendido de mis compañeros.

sábado, octubre 10, 2009

Pero si soy un mero estudiante sin experiencia (Reflexiones en Octavo - Parte III)

Últimamente algunas personas me han hecho saber que opinan que mis críticas a la profesión no son constructivas y que son infundadas, y que yo, como un estudiante con nula experiencia tratando pacientes, no puedo tener razón alguna para sostener lo que expongo acerca de la práctica de la terapia física en mi país. De igual forma, como he dicho anteriormente, algunos profesionales se preguntan cómo un estudiante como yo, que no tiene experiencia (lo cual no tengo problema en reconocer), puede atreverse a cuestionar o contradecir lo que conocen o hacen los profesionales que tienen 10, 20 o 30 años de ejercicio en el oficio de la terapia física.

Al mismo tiempo, un número mucho mayor de personas (principalmente profesionales con experiencia, pero también profesionales recién graduados y estudiantes), a quienes conozco personalmente y otros a quienes no he tenido la oportunidad de conocer, compatriotas y de otras nacionalidades, haciéndolo a través de este blog y en conversaciones personales, aplauden mis cuestionamientos, me animan a combatir el conformismo y la ingenuidad, reconocen que tengo la razón en muchas cosas, y me expresan que lo que digo, por lo menos, les "deja pensando" acerca de lo que sucede en esta profesión.

¿Por qué creo que mis criterios, a pesar de que yo sea apenas un simple estudiante, deben tener al menos algo de valor? Porque:
  1. Tengo formación universitaria previa en otra profesión (fuera del ámbito del cuidado de la salud) y algunos años de ejercicio de ese oficio. La actual, por tanto, no es mi primera vivencia en los entornos educativo y profesional.
  2. Tengo la influencia de mi padre, un médico de reconocida trayectoria profesional y académica, quien me ha hecho ver que el cuidado de la salud de las personas es un asunto serio y complejo.
  3. Durante casi 4 años he vivido el día a día en las aulas y en los lugares de práctica. He visto con mis propios ojos lo que se hace y lo que no se hace.
  4. He conversado en incontables ocasiones con líderes, docentes, profesionales y estudiantes de la terapia física, pero también de la medicina y de ramas afines.
  5. Me empeño en enterarme, mediante la lectura de libros y de recursos disponibles en Internet, de lo que otros hacen en otros países, y por qué.
Mis opiniones, en consecuencia, no emergen de la nada. Mis preocupaciones como alguien que se está formando, por tanto, no se deben exclusivamente a la ignorancia o al desconocimiento. Las cosas que digo no son inventos "malintencionados" y "atrevidos" que "únicamente están guiados por la envidia".

Por otro lado, en lo que tiene que ver con el conocimiento, técnicas y métodos en la terapia física, en la entrada a la que me refiero al inicio de ésta ya expliqué que yo no propongo nuevas teorías, ya que es obvio que no tengo la experiencia requerida para hacerlo. Dada mi condición de estudiante, yo me limito a mencionar lo que profesionales reconocidos internacionalmente dicen, con la idea de tener una visión más amplia e informada de las cosas. En diversas ocasiones he notado las diferencias y discrepancias que existen entre el conocimiento y procedimientos que utilizamos acá, y los que provienen de Europa y de Estados Unidos de Norteamérica, y he manifestado en este blog que nos conviene tener una idea de todas ellas. Y no es cierto que en este blog yo no hago más que criticar: quien sostenga eso no ha visto las más de 220 entradas que he dedicado en este espacio a compartir información que me parece interesante y útil.

Uno no necesita ser un jugador profesional de fútbol, y haber jugado en campeonatos nacionales o internacionales, para entender la calidad de los jugadores profesionales. La diferencia que existe entre un Pepito Sánchez, si se lo contrasta con un Ronaldinho, un Messi o un Zidane, es evidente a leguas, hasta para la gente que no ha pateado un balón en toda su vida y que no sabe nada de fútbol. Asimismo, en la terapia física hay tantas cosas que están mal, en la educación y en la profesión (esto no es un secreto: ¡los mismos profesores y profesionales lo reconocen!), y no hay que ser un experto para notarlo. ¡Las cosas tienen que cambiar, para el beneficio de la profesión y de la población, y el primer paso es caer en la cuenta de ello!

miércoles, octubre 07, 2009

Sobre las especialidades en terapia física y los límites de la competencia (Reflexiones en Octavo - Parte II)

Anteriormente he dicho que he caído en la cuenta de que la terapia física es un campo verdaderamente vasto. Ahora sé que el estudiante de terapia física tiene una diversidad de opciones cuando se gradúa de la universidad: puede trabajar con niños o con adultos, con deportistas, con mujeres embarazadas, o con adultos mayores, entre otros, en los ámbitos de la neurología, la ortopedia, la traumatología, la neumología, la cardiología, la ginecología, la urología, la gerontología y demás. Pero lo que yo no he dicho antes es que yo pienso que esta diversidad no significa que el terapeuta físico pueda hacer todas estas cosas al mismo tiempo.

También he dicho previamente que una cosa que me pareció curiosa al ingresar en el mundo de la terapia física fue encontrar profesionales que no tienen problema para saltar de la terapia neurológica a la terapia músculo-esquelética y luego a la terapia ginecológica, o cosas similares. También me llama la atención saber de terapeutas físicos que realizan intervenciones de terapia ocupacional, o de otros que dan recomendaciones sobre nutrición a sus pacientes deportistas. Esto parece ser particularmente común entre los profesionales de las primeras generaciones de terapia física, que son personas que vieron nacer a la profesión en el país y que ejercieron su actividad sin un ámbito definido de competencia.

La amplitud del campo de la terapia física implica que será muy difícil --probablemente imposible-- que alguien pueda conocer todo lo que existe en él, haciéndolo de una forma responsable y ética con el afán de dar el mejor servicio posible a la población. Los médicos estudian, por lo menos, el doble de tiempo que los terapeutas físicos y, por lo general, su ejercicio profesional se restringe a una sola especialidad, la cual obtuvieron mediante estudios formales. El terapeuta físico, con menos tiempo de educación formal en pregrado y en muchas ocasiones sin educación de posgrado, quiere hacerlo todo. Hace poco escuché a una profesional decir que no sabía quién "se inventó eso de las especialidades en terapia física", dando a entender que desde su perspectiva, un terapeuta físico debería poder hacer todo lo que se plantee. El refrán difiere, sin embargo: "El que mucho abarca, poco aprieta". Simultáneamente, quiero reiterar que tampoco estoy a favor de la "hiperespecialización" (reutilizando un término empleado por un profesor en una conversación que mantuvo conmigo hace unos días), que es algo que he expresado anteriormente en el contexto de la rehabilitación neurológica.

Que quede claro que yo no estoy diciendo que el terapeuta físico no debe estar informado sobre muchas cosas que influyen en la salud de una persona, para observar a la persona de una forma integral. Sin duda a todo terapeuta físico (yo diría, a todo profesional del sector de la salud) le sirve saber sobre nutrición, por ejemplo, pero en ocasiones la conveniencia de ser un profesional completo y versátil se toma muy a pecho y vemos a terapeutas físicos recomendando estrategias nutricionales y dietas a sus pacientes. También vemos a otros terapeutas físicos efectuando actividades que tienen que ver la cognición, la memoria o el lenguaje del paciente. Si esto ocurre, ¿dónde quedan el nutricionista de profesión, el terapeuta ocupacional, el terapeuta del lenguaje, el psicólogo? Si nos apropiamos de esos roles sin habernos formado específicamente para desempeñarlos, ¿cómo sabemos que estamos haciendo lo que hay que hacer en esos casos, o si, a pesar de las buenas intenciones que podamos tener, en realidad sólo estamos perjudicando al paciente, complicando o retardando su recuperación, o desperdiciando recursos y tiempo (del paciente y nuestros)? Como comúnmente se dice, y como yo quise decir en la serie sobre los estudiantes que atienden pacientes particulares, una cosa es que uno pueda hacer una cosa y otra es que uno deba hacerla.

Como explico, mi intención al decir todo esto no es afirmar que el terapeuta físico sea incapaz de saber muchas cosas, o que deba restringir su curiosidad por aprender o su creatividad para idear intervenciones. Al contrario, lo que quiero decir es que, en la terapia física, el espectro de opciones es tan amplio y el conocimiento tan extenso que llegamos a un punto en el que es necesario "delimitar el territorio", así como un país se divide en provincias (o estados) y ciudades para que pueda ser administrado de la mejor forma posible. En ese sentido, los límites son buenos: uno puede centrarse en algo y explorarlo a profundidad, en lugar de recorrerlo superficialmente, con la idea de prestar el mejor servicio que sea posible a todos sus pacientes.

Yo francamente pienso que parte de la maduración de la profesión de la terapia física consistirá en la demarcación clara de los límites de la competencia de cada terapeuta físico, tanto dentro de su profesión como en lo que les concierne a las profesiones aledañas.

sábado, octubre 03, 2009

"Complejizando" la terapia física (Reflexiones en Octavo - Parte I)

Nota: Por favor lee la introducción de esta serie para que te enteres del contexto.

Yo diría que apenas inicié el segundo año de estudios de terapia física --momento en el cual empezamos a estudiar materias específicas de la carrera-- empecé a notar, gracias a lo que había leído por iniciativa propia en libros y otros recursos, que un montón de cosas esenciales no se discutían en el aula de clases; se trata de una cantidad importantísima de información que haría mucho más compleja a la práctica de la terapia física, pero a la vez más profesional. He llegado ya al último semestre de estudios y ya no tengo esperanzas de que esas cosas se discutan alguna vez en el aula, principalmente para el beneficio de mis compañeros, ya que yo me he enterado de esas cosas por mí mismo y lo continuaré haciendo.

Constantemente se escucha que los profesionales de la terapia física quieren dejar de ser vistos como meros técnicos, "enchufadores" de aparatos, subordinados de otros. Al mismo tiempo, la formación de los terapeutas físicos en Ecuador tradicionalmente ha sido, y actualmente sigue siendo, deficiente en muchos aspectos, por lo que se me hace muy difícil pensar que realmente estemos preparados para asumir un rol profesional independiente de una forma verdaderamente responsable, que nos permita garantizar la efectividad, eficiencia y seguridad de las intervenciones que realizamos con nuestros pacientes/clientes. A continuación algunas de las cosas que he notado como estudiante durante las prácticas en centros de rehabilitación física de mi ciudad.

Si los terapeutas físicos empleamos agentes físicos (frío, calor, electricidad, ultrasonido, etc.), deberíamos entender la física del agente y cómo ésta afecta a la fisiología del cuerpo. Deberíamos entender qué propósito y efecto tiene hasta el último parámetro del aparato que usamos, y qué valores se utilizan en qué casos. Incluso si nos vamos por el camino fácil y escogemos uno de los programas predefinidos que vienen con el dispositivo (en el caso de la electroterapia, por ejemplo), deberíamos ser capaces de interpretar los valores del programa y entender por qué son utilizados. De otra forma, aunque suene feo, somos meros "enchufadores".

Si empleamos ejercicio terapéutico, cada sesión, ejercicio, nivel de carga o resistencia, serie, repetición y periodo de descanso debería tener un propósito específico; no bastan las prescripciones genéricas de "tres series de 10", "cuatro series de 20" o "15 minutos en la caminadora". En efecto, deberíamos diseñar los programas de ejercicio o acondicionamiento físico, no simplemente improvisar una rutina cada día. ¡Se supone que somos expertos en el ejercicio! Este punto, y también el anterior, se podría extender para cubrir otros tipos de intervenciones (por ejemplo, las terapias manuales) que realizan los terapeutas físicos.

Deberíamos llevar un registro detallado de todo lo que se le hace al paciente; generalmente dependemos de nuestra memoria o, peor aún, de la memoria del paciente (actualmente es muy común escuchar, "¿Qué estábamos trabajando con usted?" o "¿Qué le hizo mi compañero a usted la última vez?"). Agentes físicos, terapias manuales, ejercicio terapéutico, todo debería estar anotado, minuciosamente, sesión por sesión. Y no sólo qué se hizo y cómo, sino qué se logró con ello: si se obtienen buenos desenlaces, estos registros podrían constituir un sustento para seguir haciendo lo que hacemos, dado que la evidencia científica aún es escasa en nuestra profesión.

Deberíamos adoptar la costumbre de autoformarnos, mediante la lectura de libros, artículos, revistas profesionales, y al mismo tiempo dejar de ver a los cursos y seminarios como la única o la mejor forma de aprender algo nuevo. ¡Basta ya de depender totalmente del aprendizaje de boca en boca! Aunque esta educación autodirigida haga que la formación del terapeuta físico sea un poco más difícil, a medida que el profesional va ganando experiencia debería adquirir concomitantemente la capacidad para buscar, entender y usar el nuevo conocimiento por cuenta propia (a menos que se trate de técnicas que requieran adiestramiento de parte de una persona experimentada, por supuesto). Nuestra formación personal y el interés de nuestros clientes/pacientes deberían pesar infinitamente más que la posibilidad de adjuntar un nuevo diploma a nuestro currículum vítae.

Se supone que cuando una persona acude a un profesional (de cualquier campo) lo hace confiando en que el profesional tiene conocimiento y destrezas que ella misma no posee. Es difícil de creer que, con toda esa discusión de la independización de la terapia física, aún estén ausentes tantas cosas que, como profesionales, se supone que los terapeutas físicos hacen o saben. Como estudiante de una carrera que tiene que ver con el cuidado de la salud de las personas, me asusta la idea de que rutinariamente se dejen tantas cosas al azar en la práctica de la terapia física.

Debe reconocerse que de la mano de la independización de una profesión viene la complejidad, y que la responsabilidad acompaña a la profesionalización. Si rechazamos la complejidad perpetuamos nuestro estatus de técnicos, enchufadores, subordinados a otros.

viernes, octubre 02, 2009

Reflexiones en Octavo: Introducción

Como probablemente ya lo sepas porque lo he dicho en varias entradas anteriores, este será (si todo sale bien) el último semestre de mis estudios de pregrado.

Los sentimientos y las sensaciones que he experimentado durante estos cuatro años de estudios, en lo que se refiere a la profesión, a los profesionales y a mi propio desempeño, han variado desde lo sumamente positivo hasta lo desquiciantemente negativo; en este blog he compartido contigo muchísimas de mis percepciones, impresiones y opiniones sobre todo esto. En las seis semanas que han transcurrido de este semestre --el octavo y último--, algunos de esos sentimientos y sensaciones han alcanzado su mayor intensidad y relevancia.

Durante los siete semestres anteriores he conversado en incontables ocasiones con profesores y profesionales de la terapia física y la medicina, y todos esos intercambios han sido valiosísimos para mí. Recientemente conversé personalmente, como lo he hecho prácticamente todos los semestres, con un profesional de la terapia física a quien estimo y respeto muchísimo, quien siempre se ha mostrado interesado en conocer mis inquietudes sobre la carrera y a ayudarme a resolverlas. A él le he expresado, con regularidad, una buena cantidad de cosas sobre la terapia física que no me he atrevido a exponer a otras personas. Ahora, en este último semestre, quisiera discutir algunas de ellas contigo, estimado lector, y saber qué opinas sobre ellas.

Por ese motivo, a partir de este momento, etiquetadas con "Reflexiones en Octavo" y sin un orden particular, encontrarás varias entradas en las que manifestaré lo que ha estado rondando mi mente en estos días, los cuales, como espero, forman parte del último periodo que pasaré en las aulas como estudiante.