La historia y la evolución de la profesión de la terapia física en los países desarrollados actualmente ubica a esta profesión en una era en la que ha dejado de ser un emprendimiento empírico para empezar a transformarse, paulatinamente, en una ciencia aplicada. Es decir, la terapia física en los países desarrollados actualmente se sitúa en una época en la que la ciencia y la investigación se están empleando, de una forma cada vez más rigurosa, para comprender más acerca del cuerpo humano, y para idear y emplear intervenciones que aprovechen ese conocimiento teórico y práctico. Como una señal de esto, es cada vez más frecuente encontrar, en esas regiones del mundo, a profesionales de la terapia física con títulos académicos avanzados como el doctorado académico* (Ph. D.).
En el Ecuador, la terapia física continúa en una era previa, aquella del conocimiento empírico y de la tradición; de hecho, en esencia se podría equiparar la práctica actual de la terapia física con la artesanía, por el hecho de que el conocimiento, obtenido de forma ancestral mediante la experiencia y el criterio personal individual, se transmite de generación a generación, del venerado "maestro artesano" al dependiente "aprendiz", sin mucha consideración del conocimiento moderno obtenido mediante la investigación científica. En el caso más grave de atraso que yo haya constatado personalmente, desfase que frecuentemente supera los 50 años, se nos solicitaba estudiar un texto cuyas referencias bibliográficas no eran más recientes que 1955, en el cual una parte nuclear de la exposición estaba sustentada en conocimiento publicado en 1911**.
La ciencia de la biomecánica, la cual en mi opinión es uno de los pilares de la terapia física moderna, es una ciencia joven, que surgió formalmente en la década de 1970. Es decir que nuestro atraso de 40 o 50 años implica que recién nos estamos enterando de la biomecánica en nuestro país; esto es precisamente lo que se puede evidenciar con su reciente inclusión, como una materia con peso propio, en los programas de terapia física. En peor situación están la fisiología del ejercicio y el comportamiento motor, otros dos pilares de esta profesión, que aún no se incluyen como tales en casi ningún programa de estudio de terapia física en este país***. En el caso particular del comportamiento motor, los descubrimientos efectuados en décadas recientes obligarían a todo profesional a buscar y explorar alternativas más sintonizadas con el conocimiento actual que las técnicas que se utilizan desde hace cincuenta años como si fueran "lo último"; lo curioso es que incluso esas técnicas (como Bobath y FNP) se han replanteando y modernizando con el paso de los años, pero pocos conocen esos cambios o los aplican, como expliqué anteriormente en este blog.
Afortunadamente, con la ayuda del Internet, que es una herramienta que está ampliamente difundida desde hace por lo menos 10 años en nuestro país, el mismo conocimiento que utilizan los estudiantes y profesionales de países y regiones científicamente desarrollados, como E.U.A., Canadá, Europa y Australia, ahora está disponible para cualquier persona que quiera aprovecharlo, en casi cualquier parte del mundo (en Latinoamérica estamos en una posición favorable en este sentido, ya que no es difícil realizar pedidos internacionales; basta una tarjeta de crédito y un poco de paciencia con el cartero). Por este hecho, pienso que ya no hay pretextos: ya no se puede aludir que nuestro atraso se debe a que no tenemos acceso a la información; en realidad, escapar de nuestro atraso de 40 o 50 años es ahora únicamente una cuestión de compromiso y voluntad personales.
(* En E.U.A., como hemos dicho antes, el terapeuta físico ahora empieza su práctica profesional con el doctorado clínico [DPT], lo que involucra, en total, siete años de estudios, como se explica en esta entrada.)
(** ¿O era 1914? ¿O 1917? Para los propósitos de esta entrada, evidentemente da lo mismo. Personalmente, me llama la atención saber que aún haya gente que cree que no ha pasado nada nuevo en los últimos cien años.)
(*** Hay una sola excepción, hasta donde yo sé.)
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viernes, agosto 26, 2011
martes, julio 26, 2011
Cada día constituye una lección de humildad (La terapia física y yo, Parte I)
(Nota: Esta entrada pertenece a la serie La terapia física y yo.)
Mi postura acerca de lo que sé siempre ha sido la misma: mi ignorancia sobre el cuerpo humano y su movimiento es palpable, y necesito y aspiro saber muchísimo más. Sin embargo, mi amplia curiosidad y mi incesante búsqueda de respuestas han sido mal interpretadas por algunas personas, quienes se han considerado desafiadas y desprestigiadas, o hasta amenazadas e insultadas, por lo que he planteado en algún momento, y que --en ausencia de verdaderos argumentos que contrarresten lo que se dice, en lugar de atacar a quien lo dice-- mantienen y diseminan su opinión de que soy un sabelotodo y que me creo mucho.
En contraste con lo que aquellas personas puedan pensar, la pura verdad es que cada día que pasa constituye una lección de humildad para mí. El conocer y conversar con la profesional extranjera ha sido la oportunidad más reciente y próxima de constatar todo lo que no sé, y del nivel de conocimiento y destrezas que se espera de un terapeuta físico competente, responsable y comprometido. De igual forma, no pasa un día en el que no me maraville con el conocimiento y destrezas acumulados por otros: desde aquellos plasmados en los comentarios que recibo en respuesta a las entradas en este blog (emitidos por estudiantes y profesionales de diferentes nacionalidades), hasta aquellos planteados en la información que encuentro diariamente en los libros, en Internet y en otros recursos, de forma deliberada o incluso por simple casualidad.
Al mismo tiempo que --lamentablemente-- no tengo un mentor en la vida real, y que soy muy selectivo en cuanto a qué y de quién quiero aprender, sí he identificado a un montón de gente (científicos, clínicos y profesionales de la terapia física, la medicina, la kinesiología y el entrenamiento deportivo de diferentes regiones del mundo), de quien aspiro captar todo lo que sea posible acerca del movimiento humano, su optimización y su recuperación. Ante estas personas, la única postura que puedo asumir es aquella de humildad y gratitud. Justamente por este motivo es que me sorprende la actitud de quienes se cierran a todo lo ajeno, convencidos por la certeza y la fe que tienen en su experiencia y su conocimiento individuales (los cuales son, ineludiblemente, limitadas, sin importar cuántos años tengan de experiencia). En realidad, son estas personas las que se creen mucho y que requieren, urgentemente, una buena dosis de humildad.
Mi postura acerca de lo que sé siempre ha sido la misma: mi ignorancia sobre el cuerpo humano y su movimiento es palpable, y necesito y aspiro saber muchísimo más. Sin embargo, mi amplia curiosidad y mi incesante búsqueda de respuestas han sido mal interpretadas por algunas personas, quienes se han considerado desafiadas y desprestigiadas, o hasta amenazadas e insultadas, por lo que he planteado en algún momento, y que --en ausencia de verdaderos argumentos que contrarresten lo que se dice, en lugar de atacar a quien lo dice-- mantienen y diseminan su opinión de que soy un sabelotodo y que me creo mucho.
En contraste con lo que aquellas personas puedan pensar, la pura verdad es que cada día que pasa constituye una lección de humildad para mí. El conocer y conversar con la profesional extranjera ha sido la oportunidad más reciente y próxima de constatar todo lo que no sé, y del nivel de conocimiento y destrezas que se espera de un terapeuta físico competente, responsable y comprometido. De igual forma, no pasa un día en el que no me maraville con el conocimiento y destrezas acumulados por otros: desde aquellos plasmados en los comentarios que recibo en respuesta a las entradas en este blog (emitidos por estudiantes y profesionales de diferentes nacionalidades), hasta aquellos planteados en la información que encuentro diariamente en los libros, en Internet y en otros recursos, de forma deliberada o incluso por simple casualidad.
Al mismo tiempo que --lamentablemente-- no tengo un mentor en la vida real, y que soy muy selectivo en cuanto a qué y de quién quiero aprender, sí he identificado a un montón de gente (científicos, clínicos y profesionales de la terapia física, la medicina, la kinesiología y el entrenamiento deportivo de diferentes regiones del mundo), de quien aspiro captar todo lo que sea posible acerca del movimiento humano, su optimización y su recuperación. Ante estas personas, la única postura que puedo asumir es aquella de humildad y gratitud. Justamente por este motivo es que me sorprende la actitud de quienes se cierran a todo lo ajeno, convencidos por la certeza y la fe que tienen en su experiencia y su conocimiento individuales (los cuales son, ineludiblemente, limitadas, sin importar cuántos años tengan de experiencia). En realidad, son estas personas las que se creen mucho y que requieren, urgentemente, una buena dosis de humildad.
sábado, julio 09, 2011
¿Carcajadas para abdominales más definidos?
Es sorprendente la frecuencia con la que uno se topa --en los medios impresos, en la televisión y en Internet-- con propagandas y anuncios de métodos, programas, productos (lociones, polvos, pastillas), máquinas y "secretos" de ejercicio que prometen al consumidor fiel la obtención de un abdomen plano y firme, tan codiciado actualmente por motivos culturales y sociales.
Entre todos estos productos y servicios, los que tienen cierto grado de sustento fisiológico, metabólico y biomecánico --que son los que, como estudiantes y profesionales, deberíamos acoger-- son pocos, y por lo general no buscan el aspecto estético como resultado primordial, sino que se orientan a la prevención de lesiones y la protección de la salud; al mismo tiempo, son aquellos que requieren el mayor grado de trabajo, disciplina y consistencia de parte de la persona. Por otro lado, la mayoría de los productos y servicios, muchos de los cuales prometen resultados fabulosos en poco tiempo y con poco esfuerzo, podrían clasificarse como fraudulentos, peligrosos (por ahí se comercializan máquinas que deberían considerarse como dispositivos generadores de hernias discales) y hasta ridículos. Dime en qué categoría clasificarías al método promocionado en el siguiente vídeo (yo me inclino por la última alternativa):
Entre todos estos productos y servicios, los que tienen cierto grado de sustento fisiológico, metabólico y biomecánico --que son los que, como estudiantes y profesionales, deberíamos acoger-- son pocos, y por lo general no buscan el aspecto estético como resultado primordial, sino que se orientan a la prevención de lesiones y la protección de la salud; al mismo tiempo, son aquellos que requieren el mayor grado de trabajo, disciplina y consistencia de parte de la persona. Por otro lado, la mayoría de los productos y servicios, muchos de los cuales prometen resultados fabulosos en poco tiempo y con poco esfuerzo, podrían clasificarse como fraudulentos, peligrosos (por ahí se comercializan máquinas que deberían considerarse como dispositivos generadores de hernias discales) y hasta ridículos. Dime en qué categoría clasificarías al método promocionado en el siguiente vídeo (yo me inclino por la última alternativa):
martes, junio 21, 2011
Terapia con movimiento inducido por constreñimientos, y el fomento de lo nuevo
A pesar de que yo no conozco mucho sobre la rehabilitación neurológica, ni tengo el mismo nivel de interés en esta rama de la rehabilitación física que sí tengo en otras, en varios libros modernos relacionados con la terapia física que yo he leído (que, por lo general, han sido publicados en los últimos cinco años), he encontrado referencias a una intervención de rehabilitación neurológica conocida como terapia con movimiento inducido por constreñimientos (TMIC; también conocida como terapia con movimiento inducido por restricciones [TMIR] o, en inglés, constraint-induced movement therapy [CIMT]). En absolutamente todas estas referencias de la TMIC, hayan sido breves o extendidas, he constatado que se la califica como una terapia nueva y prometedora para la recuperación de la función motriz en las personas afectadas por un accidente cerebro-vascular (ACV).
Al ser usada en pacientes que han tenido un ACV, la TMIC consiste en imponer un constreñimiento en el uso de las extremidades del lado del cuerpo menos afectado (el lado "bueno"), mediante el empleo, durante varias horas del día, de implementos como cabestrillos o guantes (cuando se desea restringir el uso la extremidad superior y/o la mano, por ejemplo), de tal forma que el paciente es forzado a utilizar las extremidades del lado más afectado por el ACV (el lado "malo") para llevar a cabo las actividades de la vida diaria. Los estudios efectuados en torno a la TMIC han demostrado resultados favorables y perdurables en la recuperación de la función motriz en pacientes que han tenido un ACV y esto por sí solo es, en mi opinión, motivo suficiente para despertar inmediatamente la curiosidad y el interés de los profesionales que atienden a estos pacientes (si este es tu caso, corre a investigar de qué se trata la TMIC).
Yo leí algo sobre la TMIC por primera vez hace unos pocos años. Sin saber mucho sobre el tema, pero armado con mi habitual curiosidad, me atreví a preguntarle a una profesora qué conocía sobre esta terapia y cuál era su opinión al respecto, con la esperanza de obtener un criterio balanceado de alguien que tiene experiencia en la rehabilitación neurológica. Mi percepción en ese momento fue que la profesora no estaba muy familiarizada con la TMIC, lo cual por sí mismo no representaba un problema; lo que sí me impresionó profundamente en esa ocasión fue la forma directa de la profesora para desechar inmediatamente su utilidad, con una simplísima exclamación (anclada en lo antiguo y cuya validez habría que cuestionar), reforzada por el sumiso asentimiento de los compañeros:
Quisiera saber cómo una terapia nueva cuyos resultados han propiciado que profesionales e investigadores en diferentes partes del mundo la califiquen como prometedora, y cuyo empleo podría resultar muy beneficioso para los pacientes que han tenido un ACV, puede ser rechazada e invalidada de esa forma, sin mayor consideración, argumentación ni justificación. No puedo descartar que el hecho de que la mención de la TMIC haya provenido de mi boca tuviera cierto nivel de influencia en su rechazo instantáneo, pero aún así, esa fue claramente una reacción impropia para un docente universitario. Si un profesor, por cualquier motivo, no planea utilizar una u otra técnica en su práctica profesional particular (incluso cuando la técnica haya demostrado su utilidad), eso no impide concederle un tratamiento justo en el aula, fomentando (como siempre se predica en la educación superior) que los estudiantes desarrollen su curiosidad y su iniciativa propias. En la terapia física, ya es hora de que hagamos espacio para lo nuevo.
Al ser usada en pacientes que han tenido un ACV, la TMIC consiste en imponer un constreñimiento en el uso de las extremidades del lado del cuerpo menos afectado (el lado "bueno"), mediante el empleo, durante varias horas del día, de implementos como cabestrillos o guantes (cuando se desea restringir el uso la extremidad superior y/o la mano, por ejemplo), de tal forma que el paciente es forzado a utilizar las extremidades del lado más afectado por el ACV (el lado "malo") para llevar a cabo las actividades de la vida diaria. Los estudios efectuados en torno a la TMIC han demostrado resultados favorables y perdurables en la recuperación de la función motriz en pacientes que han tenido un ACV y esto por sí solo es, en mi opinión, motivo suficiente para despertar inmediatamente la curiosidad y el interés de los profesionales que atienden a estos pacientes (si este es tu caso, corre a investigar de qué se trata la TMIC).
Yo leí algo sobre la TMIC por primera vez hace unos pocos años. Sin saber mucho sobre el tema, pero armado con mi habitual curiosidad, me atreví a preguntarle a una profesora qué conocía sobre esta terapia y cuál era su opinión al respecto, con la esperanza de obtener un criterio balanceado de alguien que tiene experiencia en la rehabilitación neurológica. Mi percepción en ese momento fue que la profesora no estaba muy familiarizada con la TMIC, lo cual por sí mismo no representaba un problema; lo que sí me impresionó profundamente en esa ocasión fue la forma directa de la profesora para desechar inmediatamente su utilidad, con una simplísima exclamación (anclada en lo antiguo y cuya validez habría que cuestionar), reforzada por el sumiso asentimiento de los compañeros:
Esa terapia no tiene sentido desde el punto de vista de la lateralidad.Punto. Ese fue el fin de la discusión. Yo no insistí.
Quisiera saber cómo una terapia nueva cuyos resultados han propiciado que profesionales e investigadores en diferentes partes del mundo la califiquen como prometedora, y cuyo empleo podría resultar muy beneficioso para los pacientes que han tenido un ACV, puede ser rechazada e invalidada de esa forma, sin mayor consideración, argumentación ni justificación. No puedo descartar que el hecho de que la mención de la TMIC haya provenido de mi boca tuviera cierto nivel de influencia en su rechazo instantáneo, pero aún así, esa fue claramente una reacción impropia para un docente universitario. Si un profesor, por cualquier motivo, no planea utilizar una u otra técnica en su práctica profesional particular (incluso cuando la técnica haya demostrado su utilidad), eso no impide concederle un tratamiento justo en el aula, fomentando (como siempre se predica en la educación superior) que los estudiantes desarrollen su curiosidad y su iniciativa propias. En la terapia física, ya es hora de que hagamos espacio para lo nuevo.
miércoles, mayo 25, 2011
Urgente: se requiere una gran dosis de teoría
Desde que tomé mi primera clase de terapia física, hace más de cinco años, pero principalmente desde que arranqué con este blog, hace casi tres, mi opinión personal ha sido que los terapeutas físicos deben restarle tiempo a la aplicación de pomadas "calientes", masajes y ultrasonido, y dedicarlo en su lugar al estudio de la "teoría" de la terapia física. Es decir, mi opinión es que la nueva generación de terapeutas físicos debe reorientar totalmente su formación y su labor, de tal forma que el hacer lo que visto o lo que me han dicho pierda su sitio definitivamente ante el evaluar y pensar por qué hago lo que hago en primer lugar; para lograr esto, considero que la terapia física debe utilizar a la teoría como su asiento. En otras palabras, la terapia física, desde mi punto de vista, debe iniciar su migración --hasta hoy postergada pero absolutamente necesaria-- de lo técnico a lo profesional, y la teoría es la nave que debe abordar para llegar a su destino.
No han faltado comentarios verbales y escritos que me cuestionan y me critican por mi concentrado empeño en la teoría. Sin embargo, nadie ha conseguido, hasta hoy, lograr que yo cambie de parecer: se requiere una gran dosis de teoría para revitalizar y rejuvenecer a la terapia física. ¿Cómo es que, al parecer, casi nadie ha considerado este tratamiento?
Así como un vehículo cuyo volante está trabado en un solo sentido requiere un fuerte giro en el sentido contrario para centrarse, o una balanza inclinada totalmente hacia un lado necesita un gran contrapeso para nivelarse, mi marcado énfasis en la teoría busca alterar el rumbo que se ha mantenido durante décadas en la práctica de la terapia física en nuestro país, práctica que ha estado basada casi enteramente en el criterio personal y frecuentemente desvinculada de la ciencia y la evidencia, una labor que aún tiene más similitudes con una artesanía que con una ciencia aplicada. Con este objetivo en mente, es claro que un leve empujón (un pequeño giro, un liviano contrapeso) no lograría absolutamente nada.
He exprimido mi cerebro intentando encontrar el sentido de lo que se hace en la terapia física, pero no lo he conseguido; cómo las cosas han permanecido inalteradas por décadas incluso ante la emergencia de toneladas de información nueva que nos urge a reconsiderar lo que hacemos, continúa siendo desconcertante para mí. Simultáneamente, buscar el fundamento que siento que hace falta a esta profesión me significa diariamente un gran y --generalmente-- solitario esfuerzo, y la verdad es que aún estoy muy lejos de donde quiero estar. Sin embargo, la alternativa, seguir la corriente, representa una posibilidad que, aunque muy seductora, cómoda y fácil, sería una gran traición para conmigo mismo (y para la gente a la que pretendo algún día servir). La teoría es la boya que me mantiene a flote al ir contracorriente.
¿Alguien por ahí comparte mis sentimientos sobre esto?
No han faltado comentarios verbales y escritos que me cuestionan y me critican por mi concentrado empeño en la teoría. Sin embargo, nadie ha conseguido, hasta hoy, lograr que yo cambie de parecer: se requiere una gran dosis de teoría para revitalizar y rejuvenecer a la terapia física. ¿Cómo es que, al parecer, casi nadie ha considerado este tratamiento?
Así como un vehículo cuyo volante está trabado en un solo sentido requiere un fuerte giro en el sentido contrario para centrarse, o una balanza inclinada totalmente hacia un lado necesita un gran contrapeso para nivelarse, mi marcado énfasis en la teoría busca alterar el rumbo que se ha mantenido durante décadas en la práctica de la terapia física en nuestro país, práctica que ha estado basada casi enteramente en el criterio personal y frecuentemente desvinculada de la ciencia y la evidencia, una labor que aún tiene más similitudes con una artesanía que con una ciencia aplicada. Con este objetivo en mente, es claro que un leve empujón (un pequeño giro, un liviano contrapeso) no lograría absolutamente nada.
He exprimido mi cerebro intentando encontrar el sentido de lo que se hace en la terapia física, pero no lo he conseguido; cómo las cosas han permanecido inalteradas por décadas incluso ante la emergencia de toneladas de información nueva que nos urge a reconsiderar lo que hacemos, continúa siendo desconcertante para mí. Simultáneamente, buscar el fundamento que siento que hace falta a esta profesión me significa diariamente un gran y --generalmente-- solitario esfuerzo, y la verdad es que aún estoy muy lejos de donde quiero estar. Sin embargo, la alternativa, seguir la corriente, representa una posibilidad que, aunque muy seductora, cómoda y fácil, sería una gran traición para conmigo mismo (y para la gente a la que pretendo algún día servir). La teoría es la boya que me mantiene a flote al ir contracorriente.
¿Alguien por ahí comparte mis sentimientos sobre esto?
viernes, diciembre 03, 2010
Hemisferios cerebrales, respiración, desinformación
Hace unos días vi un programa de televisión; ya no recuerdo con exactitud de qué programa se trataba ni en qué canal. Lo que sí recuerdo, y que fue algo que me dejó boquiabierto, fue uno de los ahora populares intermedios que presentan consejos de salud y bienestar. En este intermedio, una chica sostenía que un hemisferio cerebral tiene propensión por el arte y la creatividad, mientras que el otro hemisferio lo tiene por el razonamiento, y que una buena "oxigenación" produce efectos beneficiosos en el cerebro. Muy guapa y todo, no fue precisamente la chica lo que me dejó asombrado, sino lo que proponía a continuación.
Para conseguir una buena "oxigenación" del cerebro, la chica recomendaba a los televidentes un ejercicio de respiración. Poniéndose en una "posición de loto" (una postura de yoga), la chica sostenía que para maximizar los beneficios de la "oxigenación" en cada hemisferio del cerebro (el artístico por un lado y el lógico por otro), uno podía realizar ejercicios de respiración tapándose alternativamente las fosas nasales. Supongo que con eso el mensaje que se quería transmitir es que al taparse la fosa nasal derecha y permitir el ingreso del aire únicamente por la fosa nasal izquierda, la "oxigenación" llegaría de mejor forma al hemisferio izquierdo; lo inverso sucedería al taparse la fosa nasal izquierda.
Yo me pregunto quién sigue estos consejos, que son transmitidos a millones de personas en toda Latinoamérica. Con toda seguridad será alguien que no puso atención durante las clases de anatomía en la secundaria (ni tomó cursos universitarios de esa materia), ya que alguien que sí lo hizo sin duda sabrá que no hay una vía aérea que vaya directamente desde la nariz al cerebro, sino que el aire --venga de la fosa nasal izquierda o derecha, o de la boca-- pasa por los pulmones antes de que el oxígeno contenido en él se distribuya por todo el cuerpo (la "oxigenación" de la que se habla en términos populares), incluyendo los dos hemisferios cerebrales. No hay forma de que las moléculas de oxígeno recuerden por cuál fosa nasal entraron al cuerpo, y que se dirijan al hemisferio cerebral correspondiente.
Mi punto es que cualquier persona curiosa podría cuestionar el consejo y dudar sobre la validez de la información presentada en el intermedio. Por otro lado, un profesional de la salud debería combatir esta clase de consejos. En una época en que cualquier persona asume el rol de "experto" en ejercicio y salud, y que se toma la libertad de difundir su "conocimiento" libremente a todo el mundo, un profesional de la salud tiene un rol importantísimo en la educación de la población a la que sirve, para que esté en mejor posición para eludir esta clase de desinformación.
Para conseguir una buena "oxigenación" del cerebro, la chica recomendaba a los televidentes un ejercicio de respiración. Poniéndose en una "posición de loto" (una postura de yoga), la chica sostenía que para maximizar los beneficios de la "oxigenación" en cada hemisferio del cerebro (el artístico por un lado y el lógico por otro), uno podía realizar ejercicios de respiración tapándose alternativamente las fosas nasales. Supongo que con eso el mensaje que se quería transmitir es que al taparse la fosa nasal derecha y permitir el ingreso del aire únicamente por la fosa nasal izquierda, la "oxigenación" llegaría de mejor forma al hemisferio izquierdo; lo inverso sucedería al taparse la fosa nasal izquierda.
Yo me pregunto quién sigue estos consejos, que son transmitidos a millones de personas en toda Latinoamérica. Con toda seguridad será alguien que no puso atención durante las clases de anatomía en la secundaria (ni tomó cursos universitarios de esa materia), ya que alguien que sí lo hizo sin duda sabrá que no hay una vía aérea que vaya directamente desde la nariz al cerebro, sino que el aire --venga de la fosa nasal izquierda o derecha, o de la boca-- pasa por los pulmones antes de que el oxígeno contenido en él se distribuya por todo el cuerpo (la "oxigenación" de la que se habla en términos populares), incluyendo los dos hemisferios cerebrales. No hay forma de que las moléculas de oxígeno recuerden por cuál fosa nasal entraron al cuerpo, y que se dirijan al hemisferio cerebral correspondiente.
Mi punto es que cualquier persona curiosa podría cuestionar el consejo y dudar sobre la validez de la información presentada en el intermedio. Por otro lado, un profesional de la salud debería combatir esta clase de consejos. En una época en que cualquier persona asume el rol de "experto" en ejercicio y salud, y que se toma la libertad de difundir su "conocimiento" libremente a todo el mundo, un profesional de la salud tiene un rol importantísimo en la educación de la población a la que sirve, para que esté en mejor posición para eludir esta clase de desinformación.
viernes, octubre 01, 2010
¿Ser un profesional o ser un técnico?
El siguiente texto que encontré en el libro Therapeutic Exercise for Musculoskeletal Injuries
(Peggy Houglum; 3ra. ed, 2010) refuerza el principal punto que he intentado exponer en este blog: El terapeuta físico, como profesional de la salud, debe conocer y entender, no solo hacer. Como señal de la importancia que quiere otorga a esta noción, la autora expresa lo siguiente en la primerísima página de su libro (la cual puedes ojear en Google Books, o bien conseguir el libro completo en su versión impresa en Amazon o su versión electrónica en Human Kinetics):
(* Según Wikipedia, Diane Ravitch es una figura en el campo de la educación en Estados Unidos de América. La frase que menciona la cita que hago hoy se puede encontrar en este artículo de la revista TIME, entre otros lugares.)
Qué, por qué, cuándo, cómo, dónde y quién son preguntas que se formulan frecuentemente en la medicina. Conocer sus respuestas no siempre es fácil o incluso posible. Entenderlas puede ser aún más difícil. Intentar conocer y entender las respuestas, sin embargo, es la meta de los profesionales del cuidado de la salud. Conocer y entender estos cómo, por qué, cuándo, cómo, dónde y quién del cuidado de la salud define las diferencias entre técnicos y profesionales.Como he intentado demostrar en este blog, el conocimiento que existe en el campo de la terapia física es vasto; aunque encontrarlo es cada vez más fácil, conocerlo y entenderlo puede ser difícil, como nos dice la autora, pero es algo en lo que todo profesional debe empeñarse. En Ecuador, con el salto de la tecnología médica a la licenciatura como punto de entrada a la profesión, la nueva generación de terapeutas físicos debe identificar a esta noción como una de las fuerzas principales que impulsan este progreso.
Una cosa es meramente hacer algo y otra es entender por qué se hace algo. Para ser un verdadero profesional del cuidado de la salud, tú no solo debes saber cómo ejecutar las técnicas y destrezas que son parte de la profesión, sino aún más importante, tú debes tener el conocimiento para apreciar por qué una técnica o destreza es utilizada y entender el impacto de su aplicación. El desafío no consiste en poner un peso en un tobillo sino en entender por qué se lo hace, cuándo debe ser hecho y qué impacto tiene esta acción en el cuerpo. En un discurso impartido en 1985, Diane Ravitch* dijo, "La persona que sabe 'cómo' siempre tendrá un trabajo. La persona que sabe 'por qué' siempre será su jefe". El técnico sabe cómo; el profesional del cuidado de la salud sabe por qué. Un técnico puede aplicar la técnica, pero un profesional conoce, aprecia y entiende la técnica.
(* Según Wikipedia, Diane Ravitch es una figura en el campo de la educación en Estados Unidos de América. La frase que menciona la cita que hago hoy se puede encontrar en este artículo de la revista TIME, entre otros lugares.)
domingo, agosto 29, 2010
Cuerpos desnudos
Durante las clases en la universidad, en ocasiones convenía que los estudiantes nos quitemos la ropa durante ejercicios como el examen físico, la observación de la postura o la práctica de alguna técnica. El recelo de todos nosotros para desnudarnos frente al resto de compañeros era palpable, particularmente en el caso de las mujeres. Yo tuve que mostrar mi humanidad en varias ocasiones* --en una de ellas no tenía puesto nada más que el calzoncillo frente a veinte personas, durante un lapso que, dadas las condiciones, me pareció bastante extendido--, y puedo atestiguar que se trata de una situación ciertamente incómoda.
En las prácticas en hospitales, en muchísimas ocasiones vi pacientes --varones y mujeres de todas las edades-- parcial o totalmente desnudos. Algunos de ellos estaban en una condición de salud delicada y no tenían la posibilidad de exteriorizar su aceptación o rechazo a ser observados por ojos extraños; otras personas, a pesar de estar conscientes (pero aún así en una posición vulnerable o de dependencia), tampoco se expresaban en uno u otro sentido, posiblemente porque asumían que los estudiantes y profesionales de la salud deben observar sus cuerpos como parte de su trabajo, y que lo hacen con seriedad y con el objetivo de brindarles una atención adecuada. En una ocasión una paciente solicitó explícitamente ser atendida por mis compañeras mujeres, y que los estudiantes varones nos alejáramos de ella, algo que era absolutamente comprensible. Igualmente, no fueron raras las ocasiones en las que un paciente desnudo estaba expuesto a la mirada de decenas de personas, entre profesionales (médicos, enfermeras, terapeutas), estudiantes, trabajadores sociales, familiares y compañeros de habitación (y hasta los visitantes de estos últimos).
Como expresé anteriormente, deberíamos preguntarnos si los deseos, las necesidades y las aspiraciones del paciente deberían guiar las intervenciones de terapia física y tener más peso que la conveniencia del profesional. En este sentido, si para realizar alguna intervención de terapia física es necesario exponer alguna parte del cuerpo de una persona, se debería solicitar explicítamente su autorización (claro, siempre que esté en la capacidad de responder), y asimismo efectuar todos los procedimientos necesarios, por laboriosos que sean, para mantener cubiertas aquellas regiones sobre las cuales no sea necesario trabajar.
He visto libros sobre masaje y terapias manuales que dedican capítulos enteros al tema de la exposición y cobertura del cuerpo del paciente según la intervención a realizar. Los procedimientos, que involucran sábanas, toallas, paños, almohadas y otros implementos para cubrir el cuerpo del paciente, al igual que formas específicas de instruirle que coloque o gire su cuerpo y técnicas para evitar el contacto con zonas consideradas delicadas (como el tejido mamario, en el caso de las mujeres), muchas veces no son tan inmediatamente obvios que el estudiante pueda idearlos espontáneamente al momento que le toque intervenir, incluso en el caso de un "simple" masaje. Por tal motivo, cómo respetar la intimidad y el pudor de los pacientes debe ser parte del conocimiento del profesional, y por tanto es un tema que debería enseñarse formalmente en los programas de estudio de terapia física, en lugar de dejar que sea un aspecto que el estudiante deba descubrir por cuenta propia, casualmente, a medida que gane experiencia.
(* Teníamos un compañero que era el modelo designado y que tuvo que ofrecer su cuerpo, "voluntariamente", la mayor parte de las ocasiones.)
En las prácticas en hospitales, en muchísimas ocasiones vi pacientes --varones y mujeres de todas las edades-- parcial o totalmente desnudos. Algunos de ellos estaban en una condición de salud delicada y no tenían la posibilidad de exteriorizar su aceptación o rechazo a ser observados por ojos extraños; otras personas, a pesar de estar conscientes (pero aún así en una posición vulnerable o de dependencia), tampoco se expresaban en uno u otro sentido, posiblemente porque asumían que los estudiantes y profesionales de la salud deben observar sus cuerpos como parte de su trabajo, y que lo hacen con seriedad y con el objetivo de brindarles una atención adecuada. En una ocasión una paciente solicitó explícitamente ser atendida por mis compañeras mujeres, y que los estudiantes varones nos alejáramos de ella, algo que era absolutamente comprensible. Igualmente, no fueron raras las ocasiones en las que un paciente desnudo estaba expuesto a la mirada de decenas de personas, entre profesionales (médicos, enfermeras, terapeutas), estudiantes, trabajadores sociales, familiares y compañeros de habitación (y hasta los visitantes de estos últimos).
Como expresé anteriormente, deberíamos preguntarnos si los deseos, las necesidades y las aspiraciones del paciente deberían guiar las intervenciones de terapia física y tener más peso que la conveniencia del profesional. En este sentido, si para realizar alguna intervención de terapia física es necesario exponer alguna parte del cuerpo de una persona, se debería solicitar explicítamente su autorización (claro, siempre que esté en la capacidad de responder), y asimismo efectuar todos los procedimientos necesarios, por laboriosos que sean, para mantener cubiertas aquellas regiones sobre las cuales no sea necesario trabajar.
He visto libros sobre masaje y terapias manuales que dedican capítulos enteros al tema de la exposición y cobertura del cuerpo del paciente según la intervención a realizar. Los procedimientos, que involucran sábanas, toallas, paños, almohadas y otros implementos para cubrir el cuerpo del paciente, al igual que formas específicas de instruirle que coloque o gire su cuerpo y técnicas para evitar el contacto con zonas consideradas delicadas (como el tejido mamario, en el caso de las mujeres), muchas veces no son tan inmediatamente obvios que el estudiante pueda idearlos espontáneamente al momento que le toque intervenir, incluso en el caso de un "simple" masaje. Por tal motivo, cómo respetar la intimidad y el pudor de los pacientes debe ser parte del conocimiento del profesional, y por tanto es un tema que debería enseñarse formalmente en los programas de estudio de terapia física, en lugar de dejar que sea un aspecto que el estudiante deba descubrir por cuenta propia, casualmente, a medida que gane experiencia.
(* Teníamos un compañero que era el modelo designado y que tuvo que ofrecer su cuerpo, "voluntariamente", la mayor parte de las ocasiones.)
lunes, julio 19, 2010
El respeto a los pioneros
En una ocasión mostré fuertemente mi desacuerdo con lo que sostenía una profesora en clases cuando ella hablaba acerca de la biomecánica de la articulación glenohumeral en relación con las técnicas de Kaltenborn. Algunos meses antes de esa clase, y nuevamente unos pocos días antes de ella, yo había leído que numerosos estudios realizados en épocas recientes sugerían que los movimientos de translación de la cabeza humeral in vivo en realidad son diferentes a aquellos predichos por la regla "convexo-cóncavo". Con la finalidad de plantear que lo que yo decía debía ser considerado a pesar de que contradecía creencias enraizadas profundamente, algunos días después yo presenté esa información a la profesora y a mis compañeros.
En varias ocasiones he constatado la adherencia y fidelidad que profesan algunas personas a lo que propuso alguna personalidad de la terapia física en algún momento de la historia; el suceso relatado es apenas un ejemplo. En unas cuantas oportunidades de discutir productivamente sobre algún tema, no he recibido más argumentos que contestaciones del tipo, "¡Eso es así porque así lo dijo el famosísimo Sr. X!".
Sin ningún afán de menospreciar a los primeros exploradores de esta profesión --al contrario, expresándoles mi admiración y reconociendo que su genialidad, su trabajo, su conocimiento y sus descubrimientos nos han colocado donde estamos en el momento presente--, quiero hacer notar que en la terapia física, que se dice que es una "ciencia aplicada", no hay lugar para la adoración de personajes y sus ideas, particularmente si otras personas --autores, investigadores y profesionales menos famosos pero quizá igual o mejor preparados y experimentados-- han descubierto cosas que desafían lo que se tenía por cierto.
Para ilustrar mi idea de cómo las cosas cambian y de lo extraño que suena aferrarse al pasado, un par de ejemplos. Primero, si yo manifestara un respeto y fidelidad ciegos a los ingeniosos creadores de las primeras televisiones a color, tendría que distanciarme de toda posibilidad de disfrutar la imagen de las modernas televisiones de alta definición en 3D. Asimismo, un respeto y una fidelidad de similar índole no me darían otra opción que guiarme mediante mapas elaborados por los cartógrafos de la época de Colón, en lugar de ubicarme empleando mapas satelitales y GPS.
En la ciencia y en la tecnología las cosas avanzan, se complementan, se modifican, se reconsideran, se desechan, se rediseñan; asimismo, nadie, por prominente que sea, está exento de que alguien le contradiga si tiene fundamento para hacerlo. Así, en la "ciencia aplicada" de la terapia física, francamente no hay justificación para aferrarse, obstinadamente, al conocimiento pasado, simplemente por respeto a los pioneros.
En varias ocasiones he constatado la adherencia y fidelidad que profesan algunas personas a lo que propuso alguna personalidad de la terapia física en algún momento de la historia; el suceso relatado es apenas un ejemplo. En unas cuantas oportunidades de discutir productivamente sobre algún tema, no he recibido más argumentos que contestaciones del tipo, "¡Eso es así porque así lo dijo el famosísimo Sr. X!".
Sin ningún afán de menospreciar a los primeros exploradores de esta profesión --al contrario, expresándoles mi admiración y reconociendo que su genialidad, su trabajo, su conocimiento y sus descubrimientos nos han colocado donde estamos en el momento presente--, quiero hacer notar que en la terapia física, que se dice que es una "ciencia aplicada", no hay lugar para la adoración de personajes y sus ideas, particularmente si otras personas --autores, investigadores y profesionales menos famosos pero quizá igual o mejor preparados y experimentados-- han descubierto cosas que desafían lo que se tenía por cierto.
Para ilustrar mi idea de cómo las cosas cambian y de lo extraño que suena aferrarse al pasado, un par de ejemplos. Primero, si yo manifestara un respeto y fidelidad ciegos a los ingeniosos creadores de las primeras televisiones a color, tendría que distanciarme de toda posibilidad de disfrutar la imagen de las modernas televisiones de alta definición en 3D. Asimismo, un respeto y una fidelidad de similar índole no me darían otra opción que guiarme mediante mapas elaborados por los cartógrafos de la época de Colón, en lugar de ubicarme empleando mapas satelitales y GPS.
En la ciencia y en la tecnología las cosas avanzan, se complementan, se modifican, se reconsideran, se desechan, se rediseñan; asimismo, nadie, por prominente que sea, está exento de que alguien le contradiga si tiene fundamento para hacerlo. Así, en la "ciencia aplicada" de la terapia física, francamente no hay justificación para aferrarse, obstinadamente, al conocimiento pasado, simplemente por respeto a los pioneros.
domingo, julio 04, 2010
La terapia física y la ingeniería, ¿compatibles? (Parte II)
Ahora que he reanudado mi práctica profesional de informática, y me he vuelto a involucrar en la realidad del ejercicio de una profesión, lo que escribí hace algún tiempo en la entrada "La terapia física y la ingeniería, ¿compatibles?" resuena intensamente en mi mente. En la entrada mencionada, yo manifestaba el hecho de que en las ingenierías (informática o cualquier otra), el profesional es quien tiene la responsabilidad de efectuar las cosas exactamente como deben funcionar u operar. Esto es, el profesional es quien diseña, planifica y ejecuta un trabajo según los requerimientos, constreñimientos y recursos disponibles. El profesional debe mantener un nivel de minuciosidad tal que cualquier falta, sea por ignorancia, descuido o negligencia, se manifestará siempre, sin excepción, tarde o temprano, con consecuencias negativas que se ubican en cualquier punto del espectro, de leves a catastróficas.
En la entrada anterior yo resaltaba estos puntos como diferencias entre lo que yo he constatado en la práctica de la ingeniería y la práctica de la terapia física. En la terapia física he notado la propensión de los profesionales a confiar en su criterio, experiencia, preferencias y conocimiento propios, y en la transmisión verbal del conocimiento, más que en lo que proponen otros profesionales, asociaciones e investigadores, y también el rechazo que oponen a la "rigidez" impuesta por la teoría y el conocimiento escrito. Así es como, por ejemplo, al asistir a una persona que se presenta con una necesidad específica, cada terapeuta físico buscará la libertad de emplear la intervención de su predilección, trátese esta de una intervención "ortodoxa", "complementaria", "alternativa", "holística" o "integral" (masaje, ejercicio, medios físicos, relajación, etc.), y tenga o no respaldo en el que se conoce sobre el cuerpo humano. Lo curioso es que los terapeutas físicos reportarán haber tenido éxito con sus diferentes elecciones: parecería, entonces, que cualquier cosa funciona en la terapia física.
¿En realidad cualquier cosa funciona en la terapia física? ¿O es acaso que las cosas funcionan porque, a diferencia de la ingeniería, en la terapia física entra en juego otro participante, la persona (en cuerpo, mente y espíritu), que es capaz de acoger los beneficios de las intervenciones plausibles, enmascarar las intervenciones inútiles y contrarrestrar los efectos de intervenciones inadecuadas? Un éxito en la intervención probablemente se atribuya a la pericia del terapeuta físico, cuando en realidad podría ser causado por otros factores, incluyendo aquellos generados por la propia persona; en contraste, en la ingeniería, lo que no haga el profesional simplemente no ocurrirá, y por tanto el profesional debe conocer, a ciencia cierta, qué es lo que hace y no hace, o atenerse a encontrar problemas más adelante, con toda seguridad. Por otro lado, al enfrentarse a un problema, es facilísimo achacarle al ingeniero las fallas o imperfecciones de su trabajo, mientras que al terapeuta físico se le concede la posibilidad de que el fracaso de su intervención se debe más a la falta de respuesta del paciente que a la inefectividad de la intervención en sí misma. En conjunto, esto podría explicar en parte por qué en la terapia física aparentemente funcionan tantas cosas, y da lugar a que los profesionales puedan seguir haciendo lo que quieran hacer, según sus inclinaciones.
Entiendo bien que cada persona es individual y única, a diferencia de las máquinas y materiales con los que los ingenieros trabajan. Sin embargo, eso no exonera al profesional de la terapia física de la obligación de conocer profundamente sobre el cuerpo humano antes de plantearse cualquier intervención con cada paciente individual, en lugar de simplemente lanzarse a hacer lo que tradicionalmente se ha hecho (la alternativa más cómoda, sin duda). Esto no quiere decir que el terapeuta físico deba prescindir de su criterio, creatividad, ingenio y destrezas individuales, sino que debería existir una plaforma sobre la cual el terapeuta físico pueda basar sus decisiones acerca de lo que es útil y lo que no lo es, así como existe en la ingeniería* (y en otras profesiones). Personalmente, con la búsqueda de información que hago constantemente, me complace y me otorga seguridad el saber que tal plataforma ya se está conformando, pieza a pieza, en la terapia física; queda por ver si los profesionales de la terapia física, guiados por el objetivo primordial de ayudar a las personas, están interesados en asentarse sobre ella, o si continuarán trabajando fuera de sus márgenes.
(* Quien sostenga que la creatividad, la originalidad y el ingenio no existen en la "rígida", "lógica" y "matemática" ingeniería, que explique la existencia de cosas como un automóvil, un iPod, una prótesis articular o un puente de varios kilómetros de longitud sobre el mar.)
En la entrada anterior yo resaltaba estos puntos como diferencias entre lo que yo he constatado en la práctica de la ingeniería y la práctica de la terapia física. En la terapia física he notado la propensión de los profesionales a confiar en su criterio, experiencia, preferencias y conocimiento propios, y en la transmisión verbal del conocimiento, más que en lo que proponen otros profesionales, asociaciones e investigadores, y también el rechazo que oponen a la "rigidez" impuesta por la teoría y el conocimiento escrito. Así es como, por ejemplo, al asistir a una persona que se presenta con una necesidad específica, cada terapeuta físico buscará la libertad de emplear la intervención de su predilección, trátese esta de una intervención "ortodoxa", "complementaria", "alternativa", "holística" o "integral" (masaje, ejercicio, medios físicos, relajación, etc.), y tenga o no respaldo en el que se conoce sobre el cuerpo humano. Lo curioso es que los terapeutas físicos reportarán haber tenido éxito con sus diferentes elecciones: parecería, entonces, que cualquier cosa funciona en la terapia física.
¿En realidad cualquier cosa funciona en la terapia física? ¿O es acaso que las cosas funcionan porque, a diferencia de la ingeniería, en la terapia física entra en juego otro participante, la persona (en cuerpo, mente y espíritu), que es capaz de acoger los beneficios de las intervenciones plausibles, enmascarar las intervenciones inútiles y contrarrestrar los efectos de intervenciones inadecuadas? Un éxito en la intervención probablemente se atribuya a la pericia del terapeuta físico, cuando en realidad podría ser causado por otros factores, incluyendo aquellos generados por la propia persona; en contraste, en la ingeniería, lo que no haga el profesional simplemente no ocurrirá, y por tanto el profesional debe conocer, a ciencia cierta, qué es lo que hace y no hace, o atenerse a encontrar problemas más adelante, con toda seguridad. Por otro lado, al enfrentarse a un problema, es facilísimo achacarle al ingeniero las fallas o imperfecciones de su trabajo, mientras que al terapeuta físico se le concede la posibilidad de que el fracaso de su intervención se debe más a la falta de respuesta del paciente que a la inefectividad de la intervención en sí misma. En conjunto, esto podría explicar en parte por qué en la terapia física aparentemente funcionan tantas cosas, y da lugar a que los profesionales puedan seguir haciendo lo que quieran hacer, según sus inclinaciones.
Entiendo bien que cada persona es individual y única, a diferencia de las máquinas y materiales con los que los ingenieros trabajan. Sin embargo, eso no exonera al profesional de la terapia física de la obligación de conocer profundamente sobre el cuerpo humano antes de plantearse cualquier intervención con cada paciente individual, en lugar de simplemente lanzarse a hacer lo que tradicionalmente se ha hecho (la alternativa más cómoda, sin duda). Esto no quiere decir que el terapeuta físico deba prescindir de su criterio, creatividad, ingenio y destrezas individuales, sino que debería existir una plaforma sobre la cual el terapeuta físico pueda basar sus decisiones acerca de lo que es útil y lo que no lo es, así como existe en la ingeniería* (y en otras profesiones). Personalmente, con la búsqueda de información que hago constantemente, me complace y me otorga seguridad el saber que tal plataforma ya se está conformando, pieza a pieza, en la terapia física; queda por ver si los profesionales de la terapia física, guiados por el objetivo primordial de ayudar a las personas, están interesados en asentarse sobre ella, o si continuarán trabajando fuera de sus márgenes.
(* Quien sostenga que la creatividad, la originalidad y el ingenio no existen en la "rígida", "lógica" y "matemática" ingeniería, que explique la existencia de cosas como un automóvil, un iPod, una prótesis articular o un puente de varios kilómetros de longitud sobre el mar.)
domingo, mayo 02, 2010
La licenciatura en terapia física: apenas el inicio
Durante el último semestre de clases, hubo la oportunidad de conversar y discutir sobre la percepción individual que mis compañeros y yo teníamos sobre la educación que habíamos recibido, y acerca de lo que podíamos esperar de nuestra profesión en el futuro, basándonos en lo que habíamos vivido y presenciado hasta ese momento. En esas ocasiones, mi opinión de que necesitamos un mayor sustento teórico para lo que hacemos y de que tras obtener la licenciatura tendremos que buscar un nivel mayor de formación profesional, no fue bien recibida por muchos; talvez mis argumentos no fueron suficientemente claros y convincentes en ese momento. Sin embargo, apenas unos días atrás (varios meses después de haber egresado), conversé largamente con una compañera nuevamente sobre esto, y ella me dijo, "Recién ahora entiendo a lo que te referías cuando hablábamos de esto en clases; siento que no tengo otra opción que buscar más educación para atender con responsabilidad a mis pacientes".
En la universidad, yo sentía que había una urgencia de parte de muchos compañeros de salir a atender a pacientes; otros, en menor número, tenían como objetivo el procurarse más educación después de graduarse. Mi opinión personal, como digo, es que nuestro enfoque, dado que pertenecemos a una nueva generación de terapeutas físicos que inician su ejercicio profesional con el título de licenciatura, debería centrarse en buscar formación más profunda y especializada.
La transición a los programas de licenciatura en terapia física en el Ecuador, como yo la concibo, no es simplemente una oportunidad para agregar más créditos y asignaturas a los programas de educación existentes; al contrario, es el momento para rediseñar y reestructurar completamente los programas de terapia física para impartir una educación más global que permita a los estudiantes tener más opciones cuando se gradúen. En efecto, esto último es precisamente lo que están haciendo muchos pioneros de la profesión en este país que se dedican a la docencia.
Anteriormente se esperaba que los graduados en terapia física sean personas que hagan cosas; ahora, con la licenciatura, se espera que ellas sean profesionales capaces de tomar, por cuenta propia, decisiones conscientes e informadas. En el pasado, la educación en terapia física culminaba en un punto en el cual los profesionales no tenían otra opción que trabajar; ahora, con la licenciatura, los profesionales pueden aspirar a una infinidad de posibilidades de formación, entre ellas, las certificaciones nacionales e internacionales; los posgrados como los diplomados, las maestrías y las especializaciones; y los doctorados profesionales (como el título de DPT, para aquellos que decidan vivir en Estados Unidos de Norteamérica) y doctorados académicos (el Ph.D., para quienes estén interesados en la investigación científica o en la docencia universitaria). Las membresías en organizaciones profesionales internacionales ahora también son una posibilidad. Como se puede ver, ya no existe un límite en la educación que el terapeuta físico puede conseguir; yo pienso que este nivel de educación podría ser un factor que ayude a la terapia física a obtener el reconocimiento que se merece dentro del ámbito de las profesiones de la salud.
Naturalmente, hay que mencionar que, en la actualidad, para obtener educación avanzada específicamente en terapia física hay que buscar educación en el exterior; sin embargo, en Ecuador ya tenemos profesionales que se dedican a la docencia que han venido del exterior con títulos de posgrado, y otros que están realizando estudios de cuarto nivel en ramas afines en universidades locales. Con suerte, estos profesionales luego instaurarán programas de posgrado de terapia física en Ecuador, para el beneficio de los que vendremos después que ellos.
Para nosotros, compañeros, quiero reiterar mi opinión de que la licenciatura es apenas el inicio. Mi reconocimiento y mi agradecimiento a los profesionales pioneros que han trabajado (y luchado) con empeño para que la terapia física pueda dar este, tan necesario e importante, cambio de dirección.
En la universidad, yo sentía que había una urgencia de parte de muchos compañeros de salir a atender a pacientes; otros, en menor número, tenían como objetivo el procurarse más educación después de graduarse. Mi opinión personal, como digo, es que nuestro enfoque, dado que pertenecemos a una nueva generación de terapeutas físicos que inician su ejercicio profesional con el título de licenciatura, debería centrarse en buscar formación más profunda y especializada.
La transición a los programas de licenciatura en terapia física en el Ecuador, como yo la concibo, no es simplemente una oportunidad para agregar más créditos y asignaturas a los programas de educación existentes; al contrario, es el momento para rediseñar y reestructurar completamente los programas de terapia física para impartir una educación más global que permita a los estudiantes tener más opciones cuando se gradúen. En efecto, esto último es precisamente lo que están haciendo muchos pioneros de la profesión en este país que se dedican a la docencia.
Anteriormente se esperaba que los graduados en terapia física sean personas que hagan cosas; ahora, con la licenciatura, se espera que ellas sean profesionales capaces de tomar, por cuenta propia, decisiones conscientes e informadas. En el pasado, la educación en terapia física culminaba en un punto en el cual los profesionales no tenían otra opción que trabajar; ahora, con la licenciatura, los profesionales pueden aspirar a una infinidad de posibilidades de formación, entre ellas, las certificaciones nacionales e internacionales; los posgrados como los diplomados, las maestrías y las especializaciones; y los doctorados profesionales (como el título de DPT, para aquellos que decidan vivir en Estados Unidos de Norteamérica) y doctorados académicos (el Ph.D., para quienes estén interesados en la investigación científica o en la docencia universitaria). Las membresías en organizaciones profesionales internacionales ahora también son una posibilidad. Como se puede ver, ya no existe un límite en la educación que el terapeuta físico puede conseguir; yo pienso que este nivel de educación podría ser un factor que ayude a la terapia física a obtener el reconocimiento que se merece dentro del ámbito de las profesiones de la salud.
Naturalmente, hay que mencionar que, en la actualidad, para obtener educación avanzada específicamente en terapia física hay que buscar educación en el exterior; sin embargo, en Ecuador ya tenemos profesionales que se dedican a la docencia que han venido del exterior con títulos de posgrado, y otros que están realizando estudios de cuarto nivel en ramas afines en universidades locales. Con suerte, estos profesionales luego instaurarán programas de posgrado de terapia física en Ecuador, para el beneficio de los que vendremos después que ellos.
Para nosotros, compañeros, quiero reiterar mi opinión de que la licenciatura es apenas el inicio. Mi reconocimiento y mi agradecimiento a los profesionales pioneros que han trabajado (y luchado) con empeño para que la terapia física pueda dar este, tan necesario e importante, cambio de dirección.
sábado, febrero 20, 2010
El amor y el conocimiento en la terapia física
Yo he estado buscando la complejidad en la terapia física, complejidad que haga de ella una profesión que para mí sea llamativa, estimulante, fundamentada y, más que nada, apasionante, en lugar de ser meramente un oficio. Mi aspiración es, como debe serlo para muchos, ayudar a otras personas pero a la vez alcanzar la satisfacción personal (naturalmente, conseguirlo ya depende de mí en este punto, y aún ni me aproximo a ese objetivo). Algo que dijo una persona en estos días tiene relación con esto, por lo que quiero topar este tema hoy.
En uno de los cursos que seguí (hoy se acabaron todos), el instructor nos dio su impresión sobre la docencia, actividad a la que se ha dedicado durante más de 30 años. Según él, el profesor exitoso es aquel que combina un conocimiento profundo del tema que imparte con una habilidad para relacionarse cordialmente con sus estudiantes ("hay que ponerle el corazón a la docencia", decía él). De esa forma, la complejidad de los temas que se tratan en un aula universitaria puede abordarse de una forma que, además de interesante, resulte trascendente y personal para el estudiante, en lugar de ser aburrida, fría y perecedera. Se procura, entonces, que la educación se materialice con "calidad y calidez" (por trillada que resulte esa descripción en la actualidad); en otras palabras, se habla de "dar amor sobre la base del conocimiento".
Aunque no se refería precisamente a la docencia sino a la práctica de la terapia física, hace algún tiempo una tutora de prácticas parecía tener una opinión que yo pienso que se contrapone a lo dicho por el instructor del curso. Ella decía algo por el estilo:
Cuéntame, ¿qué opinas tú sobre esto? ¿"Dar amor sobre la base del conocimiento", o "el amor como el principal sustento de lo que se hace"?
En uno de los cursos que seguí (hoy se acabaron todos), el instructor nos dio su impresión sobre la docencia, actividad a la que se ha dedicado durante más de 30 años. Según él, el profesor exitoso es aquel que combina un conocimiento profundo del tema que imparte con una habilidad para relacionarse cordialmente con sus estudiantes ("hay que ponerle el corazón a la docencia", decía él). De esa forma, la complejidad de los temas que se tratan en un aula universitaria puede abordarse de una forma que, además de interesante, resulte trascendente y personal para el estudiante, en lugar de ser aburrida, fría y perecedera. Se procura, entonces, que la educación se materialice con "calidad y calidez" (por trillada que resulte esa descripción en la actualidad); en otras palabras, se habla de "dar amor sobre la base del conocimiento".
Aunque no se refería precisamente a la docencia sino a la práctica de la terapia física, hace algún tiempo una tutora de prácticas parecía tener una opinión que yo pienso que se contrapone a lo dicho por el instructor del curso. Ella decía algo por el estilo:
La terapia física no es para nada difícil; no hay por qué complicarse la vida. Solo se trata de poner mucho amor en lo que se hace.Las personas, con todo derecho, tienen diferentes formas de ver la vida, siendo la profesión que han escogido un componente de ella. Sin embargo, que la tutora haya dicho que la terapia física no es compleja francamente me llamó la atención, porque yo he constatado --y he sentido, muchas veces con impotencia-- que sin duda lo es. De igual forma, su criterio de que basta el amor para dar una buena atención a los pacientes, es decir, que "dando amor, el resto fluye" y que "el amor prima sobre el conocimiento", no me cuadra, ya que yo no planeo enamorarme de mis pacientes sino utilizar el conocimiento disponible, y mis destrezas para aplicarlo, con el objetivo de ayudarles a recuperar su salud, sin descontar, obviamente, que pueda hacerlo cordialmente, con dedicación, respeto y seriedad.
Cuéntame, ¿qué opinas tú sobre esto? ¿"Dar amor sobre la base del conocimiento", o "el amor como el principal sustento de lo que se hace"?
viernes, enero 08, 2010
Artículo: "Trátame, pero sin trucos, por favor"
Mediante el blog MyPhysicalTherapySpace.com me entero de un artículo publicado hace un par de días en The New York Times, titulado Treat Me, but No Tricks Please, el cual replica algunos de mis sentimientos sobre lo que he observado en la profesión de la terapia física, y que he expresado recurrentemente en este blog y en conversaciones personales con un sinnúmero de profesores, profesionales y compañeros.
Este artículo, escrito desde la perspectiva de una consumidora de la terapia física, plantea la siguiente pregunta: ¿Cuánto de lo que se hace en la terapia física realmente funciona, y cuánto no es más que un truco de magia (de "vudú", como se dice en el artículo)?
Yo ya sé que la evidencia no lo es todo (uno, dos, tres, etc.); eso ya entiendo. Sin embargo, lo que me muero por saber es: ¿Por qué no se actualiza la práctica de la terapia física para incluir aquello que tiene un respaldo fuerte en la evidencia disponible, y para abandonar aquello que contradice a la evidencia contundente o bien a la física, la anatomía y la fisiología? ¿Por qué se siguen haciendo cosas que se hacían 20, 30 o 50 años atrás y que ahora se han quedado sin fundamento (algunas de las cuales han sido abandonadas incluso por sus mismos proponentes)?
Hay consumidores, como la autora del artículo, que están empezando a caer en la cuenta de estas falencias en la terapia física y que, sin llegar a negar la utilidad de la terapia física, se inquietan por la calidad de los tratamientos y de la información que están recibiendo y animan a otros a escoger cuidadosamente a qué profesionales acuden. Yo, como consumidor, tendría la misma preocupación. Como estudiante, esto representa una advertencia que deberé tomar como un desafío a enfrentar diariamente.
Este artículo, escrito desde la perspectiva de una consumidora de la terapia física, plantea la siguiente pregunta: ¿Cuánto de lo que se hace en la terapia física realmente funciona, y cuánto no es más que un truco de magia (de "vudú", como se dice en el artículo)?
Yo ya sé que la evidencia no lo es todo (uno, dos, tres, etc.); eso ya entiendo. Sin embargo, lo que me muero por saber es: ¿Por qué no se actualiza la práctica de la terapia física para incluir aquello que tiene un respaldo fuerte en la evidencia disponible, y para abandonar aquello que contradice a la evidencia contundente o bien a la física, la anatomía y la fisiología? ¿Por qué se siguen haciendo cosas que se hacían 20, 30 o 50 años atrás y que ahora se han quedado sin fundamento (algunas de las cuales han sido abandonadas incluso por sus mismos proponentes)?
Hay consumidores, como la autora del artículo, que están empezando a caer en la cuenta de estas falencias en la terapia física y que, sin llegar a negar la utilidad de la terapia física, se inquietan por la calidad de los tratamientos y de la información que están recibiendo y animan a otros a escoger cuidadosamente a qué profesionales acuden. Yo, como consumidor, tendría la misma preocupación. Como estudiante, esto representa una advertencia que deberé tomar como un desafío a enfrentar diariamente.
domingo, octubre 25, 2009
Yo no digo que la teoría lo sea todo (Reflexiones en Octavo - Parte V)
Dado que mis compañeros y yo estamos en el último semestre de la carrera, casi todos los profesores en este semestre nos han dicho que, como estamos "a punto de graduarnos" y "a un paso de convertirnos en profesionales", los estudiantes ahora "tenemos que aplicar lo que hemos aprendido durante todos estos años" y que debemos "salir a atender pacientes para aplicar la teoría a la práctica" y de esa forma "ir ganando independencia", y otras cosas por el estilo.
Durante los semestres anteriores, en clases y en este blog yo he expresado mi percepción personal (la cual ha sido corroborada por muchos profesionales) de que en la terapia física se hacen muchísimas cosas sin realmente entender el porqué: he dicho que muy frecuentemente nos lanzamos a la práctica sin conocer la teoría, o bien que lo hacemos basándonos en una teoría obsoleta y hasta errónea, y que eso me parece inconcebible en cualquier profesión, pero especialmente en un oficio cuya razón de ser es la salud y el bienestar de las personas. Ahora noto que lo que he manifestado ha sido malinterpretado por algunos, quienes creen que yo sostengo que la terapia física es una disciplina primordialmente teórica y que los terapeutas físicos debemos poner nuestras manos más sobre los libros que sobre los pacientes.
En este semestre he tenido varias oportunidades de plantear mi preocupación nuevamente en clases y en prácticas. Yo me inclino a creer que mis comentarios han circulado entre los profesores, ya que ellos ahora topan el tema prácticamente a diario. Posiblemente aludiendo a la interpretación incorrecta de lo que yo he dicho, que se toma como que yo sostuviera que los terapeutas físicos debemos concentrarnos en lo teórico, hace unos días una profesora decía en clases algo así: "Hasta ahora no se ha oído de un cirujano que opere pacientes basándose únicamente en lo que ha visto en los libros". Yo entiendo el punto de vista de la profesora, pero concuerdo con ella solo hasta cierto punto. Lo que yo preguntaría a la profesora sería: "¿Acaso un cirujano, en la época moderna, puede operar improvisando, sin entender la función y la disfunción de los órganos, sin conocer las diferentes intervenciones posibles y sus efectos, o hacerlo basándose en la teoría que tiene varias décadas de antigüedad, época en la cual el conocimiento de las funciones del cuerpo y de las intervenciones era muy diferente al que se posee hoy?"
Adicionalmente, también hay quienes piensan que yo me ubico en un extremo junto a quienes piensan que "nada funciona si no hay evidencia", cuando en realidad yo he expresado mis dudas sobre esa visión anteriormente, en conversaciones personales y en este blog (aquí una serie completa sobre el tema, acá una cita de lo dicho por un autor).
Quiero que quede claro que yo no estoy diciendo que la terapia física es una disciplina principalmente teórica; sostener eso sería absolutamente absurdo. Lo que digo es que sin la teoría, o con teoría caduca, lo que sea que hagamos en la práctica en realidad no tiene sentido. Si no entendemos el porqué de las cosas, aunque estemos convencidos de que estamos realizando tratamientos, en realidad lo que estamos haciendo es mandando mano a los pacientes. En mi opinión, sin la teoría, los "buenos resultados" que obtenemos no son producto de un proceso deliberado de aplicación del mejor conocimiento disponible y de toma consciente de decisiones clínicas --un proceso que todo profesional de la salud debería llevar a cabo con cada paciente particular--, sino que son fruto, simplemente, de la casualidad.
Espero que esto aclare mi punto de vista.
Durante los semestres anteriores, en clases y en este blog yo he expresado mi percepción personal (la cual ha sido corroborada por muchos profesionales) de que en la terapia física se hacen muchísimas cosas sin realmente entender el porqué: he dicho que muy frecuentemente nos lanzamos a la práctica sin conocer la teoría, o bien que lo hacemos basándonos en una teoría obsoleta y hasta errónea, y que eso me parece inconcebible en cualquier profesión, pero especialmente en un oficio cuya razón de ser es la salud y el bienestar de las personas. Ahora noto que lo que he manifestado ha sido malinterpretado por algunos, quienes creen que yo sostengo que la terapia física es una disciplina primordialmente teórica y que los terapeutas físicos debemos poner nuestras manos más sobre los libros que sobre los pacientes.
En este semestre he tenido varias oportunidades de plantear mi preocupación nuevamente en clases y en prácticas. Yo me inclino a creer que mis comentarios han circulado entre los profesores, ya que ellos ahora topan el tema prácticamente a diario. Posiblemente aludiendo a la interpretación incorrecta de lo que yo he dicho, que se toma como que yo sostuviera que los terapeutas físicos debemos concentrarnos en lo teórico, hace unos días una profesora decía en clases algo así: "Hasta ahora no se ha oído de un cirujano que opere pacientes basándose únicamente en lo que ha visto en los libros". Yo entiendo el punto de vista de la profesora, pero concuerdo con ella solo hasta cierto punto. Lo que yo preguntaría a la profesora sería: "¿Acaso un cirujano, en la época moderna, puede operar improvisando, sin entender la función y la disfunción de los órganos, sin conocer las diferentes intervenciones posibles y sus efectos, o hacerlo basándose en la teoría que tiene varias décadas de antigüedad, época en la cual el conocimiento de las funciones del cuerpo y de las intervenciones era muy diferente al que se posee hoy?"
Adicionalmente, también hay quienes piensan que yo me ubico en un extremo junto a quienes piensan que "nada funciona si no hay evidencia", cuando en realidad yo he expresado mis dudas sobre esa visión anteriormente, en conversaciones personales y en este blog (aquí una serie completa sobre el tema, acá una cita de lo dicho por un autor).
Quiero que quede claro que yo no estoy diciendo que la terapia física es una disciplina principalmente teórica; sostener eso sería absolutamente absurdo. Lo que digo es que sin la teoría, o con teoría caduca, lo que sea que hagamos en la práctica en realidad no tiene sentido. Si no entendemos el porqué de las cosas, aunque estemos convencidos de que estamos realizando tratamientos, en realidad lo que estamos haciendo es mandando mano a los pacientes. En mi opinión, sin la teoría, los "buenos resultados" que obtenemos no son producto de un proceso deliberado de aplicación del mejor conocimiento disponible y de toma consciente de decisiones clínicas --un proceso que todo profesional de la salud debería llevar a cabo con cada paciente particular--, sino que son fruto, simplemente, de la casualidad.
Espero que esto aclare mi punto de vista.
sábado, octubre 10, 2009
Pero si soy un mero estudiante sin experiencia (Reflexiones en Octavo - Parte III)
Últimamente algunas personas me han hecho saber que opinan que mis críticas a la profesión no son constructivas y que son infundadas, y que yo, como un estudiante con nula experiencia tratando pacientes, no puedo tener razón alguna para sostener lo que expongo acerca de la práctica de la terapia física en mi país. De igual forma, como he dicho anteriormente, algunos profesionales se preguntan cómo un estudiante como yo, que no tiene experiencia (lo cual no tengo problema en reconocer), puede atreverse a cuestionar o contradecir lo que conocen o hacen los profesionales que tienen 10, 20 o 30 años de ejercicio en el oficio de la terapia física.
Al mismo tiempo, un número mucho mayor de personas (principalmente profesionales con experiencia, pero también profesionales recién graduados y estudiantes), a quienes conozco personalmente y otros a quienes no he tenido la oportunidad de conocer, compatriotas y de otras nacionalidades, haciéndolo a través de este blog y en conversaciones personales, aplauden mis cuestionamientos, me animan a combatir el conformismo y la ingenuidad, reconocen que tengo la razón en muchas cosas, y me expresan que lo que digo, por lo menos, les "deja pensando" acerca de lo que sucede en esta profesión.
¿Por qué creo que mis criterios, a pesar de que yo sea apenas un simple estudiante, deben tener al menos algo de valor? Porque:
Por otro lado, en lo que tiene que ver con el conocimiento, técnicas y métodos en la terapia física, en la entrada a la que me refiero al inicio de ésta ya expliqué que yo no propongo nuevas teorías, ya que es obvio que no tengo la experiencia requerida para hacerlo. Dada mi condición de estudiante, yo me limito a mencionar lo que profesionales reconocidos internacionalmente dicen, con la idea de tener una visión más amplia e informada de las cosas. En diversas ocasiones he notado las diferencias y discrepancias que existen entre el conocimiento y procedimientos que utilizamos acá, y los que provienen de Europa y de Estados Unidos de Norteamérica, y he manifestado en este blog que nos conviene tener una idea de todas ellas. Y no es cierto que en este blog yo no hago más que criticar: quien sostenga eso no ha visto las más de 220 entradas que he dedicado en este espacio a compartir información que me parece interesante y útil.
Uno no necesita ser un jugador profesional de fútbol, y haber jugado en campeonatos nacionales o internacionales, para entender la calidad de los jugadores profesionales. La diferencia que existe entre un Pepito Sánchez, si se lo contrasta con un Ronaldinho, un Messi o un Zidane, es evidente a leguas, hasta para la gente que no ha pateado un balón en toda su vida y que no sabe nada de fútbol. Asimismo, en la terapia física hay tantas cosas que están mal, en la educación y en la profesión (esto no es un secreto: ¡los mismos profesores y profesionales lo reconocen!), y no hay que ser un experto para notarlo. ¡Las cosas tienen que cambiar, para el beneficio de la profesión y de la población, y el primer paso es caer en la cuenta de ello!
Al mismo tiempo, un número mucho mayor de personas (principalmente profesionales con experiencia, pero también profesionales recién graduados y estudiantes), a quienes conozco personalmente y otros a quienes no he tenido la oportunidad de conocer, compatriotas y de otras nacionalidades, haciéndolo a través de este blog y en conversaciones personales, aplauden mis cuestionamientos, me animan a combatir el conformismo y la ingenuidad, reconocen que tengo la razón en muchas cosas, y me expresan que lo que digo, por lo menos, les "deja pensando" acerca de lo que sucede en esta profesión.
¿Por qué creo que mis criterios, a pesar de que yo sea apenas un simple estudiante, deben tener al menos algo de valor? Porque:
- Tengo formación universitaria previa en otra profesión (fuera del ámbito del cuidado de la salud) y algunos años de ejercicio de ese oficio. La actual, por tanto, no es mi primera vivencia en los entornos educativo y profesional.
- Tengo la influencia de mi padre, un médico de reconocida trayectoria profesional y académica, quien me ha hecho ver que el cuidado de la salud de las personas es un asunto serio y complejo.
- Durante casi 4 años he vivido el día a día en las aulas y en los lugares de práctica. He visto con mis propios ojos lo que se hace y lo que no se hace.
- He conversado en incontables ocasiones con líderes, docentes, profesionales y estudiantes de la terapia física, pero también de la medicina y de ramas afines.
- Me empeño en enterarme, mediante la lectura de libros y de recursos disponibles en Internet, de lo que otros hacen en otros países, y por qué.
Por otro lado, en lo que tiene que ver con el conocimiento, técnicas y métodos en la terapia física, en la entrada a la que me refiero al inicio de ésta ya expliqué que yo no propongo nuevas teorías, ya que es obvio que no tengo la experiencia requerida para hacerlo. Dada mi condición de estudiante, yo me limito a mencionar lo que profesionales reconocidos internacionalmente dicen, con la idea de tener una visión más amplia e informada de las cosas. En diversas ocasiones he notado las diferencias y discrepancias que existen entre el conocimiento y procedimientos que utilizamos acá, y los que provienen de Europa y de Estados Unidos de Norteamérica, y he manifestado en este blog que nos conviene tener una idea de todas ellas. Y no es cierto que en este blog yo no hago más que criticar: quien sostenga eso no ha visto las más de 220 entradas que he dedicado en este espacio a compartir información que me parece interesante y útil.
Uno no necesita ser un jugador profesional de fútbol, y haber jugado en campeonatos nacionales o internacionales, para entender la calidad de los jugadores profesionales. La diferencia que existe entre un Pepito Sánchez, si se lo contrasta con un Ronaldinho, un Messi o un Zidane, es evidente a leguas, hasta para la gente que no ha pateado un balón en toda su vida y que no sabe nada de fútbol. Asimismo, en la terapia física hay tantas cosas que están mal, en la educación y en la profesión (esto no es un secreto: ¡los mismos profesores y profesionales lo reconocen!), y no hay que ser un experto para notarlo. ¡Las cosas tienen que cambiar, para el beneficio de la profesión y de la población, y el primer paso es caer en la cuenta de ello!
miércoles, octubre 07, 2009
Sobre las especialidades en terapia física y los límites de la competencia (Reflexiones en Octavo - Parte II)
Anteriormente he dicho que he caído en la cuenta de que la terapia física es un campo verdaderamente vasto. Ahora sé que el estudiante de terapia física tiene una diversidad de opciones cuando se gradúa de la universidad: puede trabajar con niños o con adultos, con deportistas, con mujeres embarazadas, o con adultos mayores, entre otros, en los ámbitos de la neurología, la ortopedia, la traumatología, la neumología, la cardiología, la ginecología, la urología, la gerontología y demás. Pero lo que yo no he dicho antes es que yo pienso que esta diversidad no significa que el terapeuta físico pueda hacer todas estas cosas al mismo tiempo.
También he dicho previamente que una cosa que me pareció curiosa al ingresar en el mundo de la terapia física fue encontrar profesionales que no tienen problema para saltar de la terapia neurológica a la terapia músculo-esquelética y luego a la terapia ginecológica, o cosas similares. También me llama la atención saber de terapeutas físicos que realizan intervenciones de terapia ocupacional, o de otros que dan recomendaciones sobre nutrición a sus pacientes deportistas. Esto parece ser particularmente común entre los profesionales de las primeras generaciones de terapia física, que son personas que vieron nacer a la profesión en el país y que ejercieron su actividad sin un ámbito definido de competencia.
La amplitud del campo de la terapia física implica que será muy difícil --probablemente imposible-- que alguien pueda conocer todo lo que existe en él, haciéndolo de una forma responsable y ética con el afán de dar el mejor servicio posible a la población. Los médicos estudian, por lo menos, el doble de tiempo que los terapeutas físicos y, por lo general, su ejercicio profesional se restringe a una sola especialidad, la cual obtuvieron mediante estudios formales. El terapeuta físico, con menos tiempo de educación formal en pregrado y en muchas ocasiones sin educación de posgrado, quiere hacerlo todo. Hace poco escuché a una profesional decir que no sabía quién "se inventó eso de las especialidades en terapia física", dando a entender que desde su perspectiva, un terapeuta físico debería poder hacer todo lo que se plantee. El refrán difiere, sin embargo: "El que mucho abarca, poco aprieta". Simultáneamente, quiero reiterar que tampoco estoy a favor de la "hiperespecialización" (reutilizando un término empleado por un profesor en una conversación que mantuvo conmigo hace unos días), que es algo que he expresado anteriormente en el contexto de la rehabilitación neurológica.
Que quede claro que yo no estoy diciendo que el terapeuta físico no debe estar informado sobre muchas cosas que influyen en la salud de una persona, para observar a la persona de una forma integral. Sin duda a todo terapeuta físico (yo diría, a todo profesional del sector de la salud) le sirve saber sobre nutrición, por ejemplo, pero en ocasiones la conveniencia de ser un profesional completo y versátil se toma muy a pecho y vemos a terapeutas físicos recomendando estrategias nutricionales y dietas a sus pacientes. También vemos a otros terapeutas físicos efectuando actividades que tienen que ver la cognición, la memoria o el lenguaje del paciente. Si esto ocurre, ¿dónde quedan el nutricionista de profesión, el terapeuta ocupacional, el terapeuta del lenguaje, el psicólogo? Si nos apropiamos de esos roles sin habernos formado específicamente para desempeñarlos, ¿cómo sabemos que estamos haciendo lo que hay que hacer en esos casos, o si, a pesar de las buenas intenciones que podamos tener, en realidad sólo estamos perjudicando al paciente, complicando o retardando su recuperación, o desperdiciando recursos y tiempo (del paciente y nuestros)? Como comúnmente se dice, y como yo quise decir en la serie sobre los estudiantes que atienden pacientes particulares, una cosa es que uno pueda hacer una cosa y otra es que uno deba hacerla.
Como explico, mi intención al decir todo esto no es afirmar que el terapeuta físico sea incapaz de saber muchas cosas, o que deba restringir su curiosidad por aprender o su creatividad para idear intervenciones. Al contrario, lo que quiero decir es que, en la terapia física, el espectro de opciones es tan amplio y el conocimiento tan extenso que llegamos a un punto en el que es necesario "delimitar el territorio", así como un país se divide en provincias (o estados) y ciudades para que pueda ser administrado de la mejor forma posible. En ese sentido, los límites son buenos: uno puede centrarse en algo y explorarlo a profundidad, en lugar de recorrerlo superficialmente, con la idea de prestar el mejor servicio que sea posible a todos sus pacientes.
Yo francamente pienso que parte de la maduración de la profesión de la terapia física consistirá en la demarcación clara de los límites de la competencia de cada terapeuta físico, tanto dentro de su profesión como en lo que les concierne a las profesiones aledañas.
También he dicho previamente que una cosa que me pareció curiosa al ingresar en el mundo de la terapia física fue encontrar profesionales que no tienen problema para saltar de la terapia neurológica a la terapia músculo-esquelética y luego a la terapia ginecológica, o cosas similares. También me llama la atención saber de terapeutas físicos que realizan intervenciones de terapia ocupacional, o de otros que dan recomendaciones sobre nutrición a sus pacientes deportistas. Esto parece ser particularmente común entre los profesionales de las primeras generaciones de terapia física, que son personas que vieron nacer a la profesión en el país y que ejercieron su actividad sin un ámbito definido de competencia.
La amplitud del campo de la terapia física implica que será muy difícil --probablemente imposible-- que alguien pueda conocer todo lo que existe en él, haciéndolo de una forma responsable y ética con el afán de dar el mejor servicio posible a la población. Los médicos estudian, por lo menos, el doble de tiempo que los terapeutas físicos y, por lo general, su ejercicio profesional se restringe a una sola especialidad, la cual obtuvieron mediante estudios formales. El terapeuta físico, con menos tiempo de educación formal en pregrado y en muchas ocasiones sin educación de posgrado, quiere hacerlo todo. Hace poco escuché a una profesional decir que no sabía quién "se inventó eso de las especialidades en terapia física", dando a entender que desde su perspectiva, un terapeuta físico debería poder hacer todo lo que se plantee. El refrán difiere, sin embargo: "El que mucho abarca, poco aprieta". Simultáneamente, quiero reiterar que tampoco estoy a favor de la "hiperespecialización" (reutilizando un término empleado por un profesor en una conversación que mantuvo conmigo hace unos días), que es algo que he expresado anteriormente en el contexto de la rehabilitación neurológica.
Que quede claro que yo no estoy diciendo que el terapeuta físico no debe estar informado sobre muchas cosas que influyen en la salud de una persona, para observar a la persona de una forma integral. Sin duda a todo terapeuta físico (yo diría, a todo profesional del sector de la salud) le sirve saber sobre nutrición, por ejemplo, pero en ocasiones la conveniencia de ser un profesional completo y versátil se toma muy a pecho y vemos a terapeutas físicos recomendando estrategias nutricionales y dietas a sus pacientes. También vemos a otros terapeutas físicos efectuando actividades que tienen que ver la cognición, la memoria o el lenguaje del paciente. Si esto ocurre, ¿dónde quedan el nutricionista de profesión, el terapeuta ocupacional, el terapeuta del lenguaje, el psicólogo? Si nos apropiamos de esos roles sin habernos formado específicamente para desempeñarlos, ¿cómo sabemos que estamos haciendo lo que hay que hacer en esos casos, o si, a pesar de las buenas intenciones que podamos tener, en realidad sólo estamos perjudicando al paciente, complicando o retardando su recuperación, o desperdiciando recursos y tiempo (del paciente y nuestros)? Como comúnmente se dice, y como yo quise decir en la serie sobre los estudiantes que atienden pacientes particulares, una cosa es que uno pueda hacer una cosa y otra es que uno deba hacerla.
Como explico, mi intención al decir todo esto no es afirmar que el terapeuta físico sea incapaz de saber muchas cosas, o que deba restringir su curiosidad por aprender o su creatividad para idear intervenciones. Al contrario, lo que quiero decir es que, en la terapia física, el espectro de opciones es tan amplio y el conocimiento tan extenso que llegamos a un punto en el que es necesario "delimitar el territorio", así como un país se divide en provincias (o estados) y ciudades para que pueda ser administrado de la mejor forma posible. En ese sentido, los límites son buenos: uno puede centrarse en algo y explorarlo a profundidad, en lugar de recorrerlo superficialmente, con la idea de prestar el mejor servicio que sea posible a todos sus pacientes.
Yo francamente pienso que parte de la maduración de la profesión de la terapia física consistirá en la demarcación clara de los límites de la competencia de cada terapeuta físico, tanto dentro de su profesión como en lo que les concierne a las profesiones aledañas.
sábado, octubre 03, 2009
"Complejizando" la terapia física (Reflexiones en Octavo - Parte I)
Nota: Por favor lee la introducción de esta serie para que te enteres del contexto.
Yo diría que apenas inicié el segundo año de estudios de terapia física --momento en el cual empezamos a estudiar materias específicas de la carrera-- empecé a notar, gracias a lo que había leído por iniciativa propia en libros y otros recursos, que un montón de cosas esenciales no se discutían en el aula de clases; se trata de una cantidad importantísima de información que haría mucho más compleja a la práctica de la terapia física, pero a la vez más profesional. He llegado ya al último semestre de estudios y ya no tengo esperanzas de que esas cosas se discutan alguna vez en el aula, principalmente para el beneficio de mis compañeros, ya que yo me he enterado de esas cosas por mí mismo y lo continuaré haciendo.
Constantemente se escucha que los profesionales de la terapia física quieren dejar de ser vistos como meros técnicos, "enchufadores" de aparatos, subordinados de otros. Al mismo tiempo, la formación de los terapeutas físicos en Ecuador tradicionalmente ha sido, y actualmente sigue siendo, deficiente en muchos aspectos, por lo que se me hace muy difícil pensar que realmente estemos preparados para asumir un rol profesional independiente de una forma verdaderamente responsable, que nos permita garantizar la efectividad, eficiencia y seguridad de las intervenciones que realizamos con nuestros pacientes/clientes. A continuación algunas de las cosas que he notado como estudiante durante las prácticas en centros de rehabilitación física de mi ciudad.
Si los terapeutas físicos empleamos agentes físicos (frío, calor, electricidad, ultrasonido, etc.), deberíamos entender la física del agente y cómo ésta afecta a la fisiología del cuerpo. Deberíamos entender qué propósito y efecto tiene hasta el último parámetro del aparato que usamos, y qué valores se utilizan en qué casos. Incluso si nos vamos por el camino fácil y escogemos uno de los programas predefinidos que vienen con el dispositivo (en el caso de la electroterapia, por ejemplo), deberíamos ser capaces de interpretar los valores del programa y entender por qué son utilizados. De otra forma, aunque suene feo, somos meros "enchufadores".
Si empleamos ejercicio terapéutico, cada sesión, ejercicio, nivel de carga o resistencia, serie, repetición y periodo de descanso debería tener un propósito específico; no bastan las prescripciones genéricas de "tres series de 10", "cuatro series de 20" o "15 minutos en la caminadora". En efecto, deberíamos diseñar los programas de ejercicio o acondicionamiento físico, no simplemente improvisar una rutina cada día. ¡Se supone que somos expertos en el ejercicio! Este punto, y también el anterior, se podría extender para cubrir otros tipos de intervenciones (por ejemplo, las terapias manuales) que realizan los terapeutas físicos.
Deberíamos llevar un registro detallado de todo lo que se le hace al paciente; generalmente dependemos de nuestra memoria o, peor aún, de la memoria del paciente (actualmente es muy común escuchar, "¿Qué estábamos trabajando con usted?" o "¿Qué le hizo mi compañero a usted la última vez?"). Agentes físicos, terapias manuales, ejercicio terapéutico, todo debería estar anotado, minuciosamente, sesión por sesión. Y no sólo qué se hizo y cómo, sino qué se logró con ello: si se obtienen buenos desenlaces, estos registros podrían constituir un sustento para seguir haciendo lo que hacemos, dado que la evidencia científica aún es escasa en nuestra profesión.
Deberíamos adoptar la costumbre de autoformarnos, mediante la lectura de libros, artículos, revistas profesionales, y al mismo tiempo dejar de ver a los cursos y seminarios como la única o la mejor forma de aprender algo nuevo. ¡Basta ya de depender totalmente del aprendizaje de boca en boca! Aunque esta educación autodirigida haga que la formación del terapeuta físico sea un poco más difícil, a medida que el profesional va ganando experiencia debería adquirir concomitantemente la capacidad para buscar, entender y usar el nuevo conocimiento por cuenta propia (a menos que se trate de técnicas que requieran adiestramiento de parte de una persona experimentada, por supuesto). Nuestra formación personal y el interés de nuestros clientes/pacientes deberían pesar infinitamente más que la posibilidad de adjuntar un nuevo diploma a nuestro currículum vítae.
Se supone que cuando una persona acude a un profesional (de cualquier campo) lo hace confiando en que el profesional tiene conocimiento y destrezas que ella misma no posee. Es difícil de creer que, con toda esa discusión de la independización de la terapia física, aún estén ausentes tantas cosas que, como profesionales, se supone que los terapeutas físicos hacen o saben. Como estudiante de una carrera que tiene que ver con el cuidado de la salud de las personas, me asusta la idea de que rutinariamente se dejen tantas cosas al azar en la práctica de la terapia física.
Debe reconocerse que de la mano de la independización de una profesión viene la complejidad, y que la responsabilidad acompaña a la profesionalización. Si rechazamos la complejidad perpetuamos nuestro estatus de técnicos, enchufadores, subordinados a otros.
Yo diría que apenas inicié el segundo año de estudios de terapia física --momento en el cual empezamos a estudiar materias específicas de la carrera-- empecé a notar, gracias a lo que había leído por iniciativa propia en libros y otros recursos, que un montón de cosas esenciales no se discutían en el aula de clases; se trata de una cantidad importantísima de información que haría mucho más compleja a la práctica de la terapia física, pero a la vez más profesional. He llegado ya al último semestre de estudios y ya no tengo esperanzas de que esas cosas se discutan alguna vez en el aula, principalmente para el beneficio de mis compañeros, ya que yo me he enterado de esas cosas por mí mismo y lo continuaré haciendo.
Constantemente se escucha que los profesionales de la terapia física quieren dejar de ser vistos como meros técnicos, "enchufadores" de aparatos, subordinados de otros. Al mismo tiempo, la formación de los terapeutas físicos en Ecuador tradicionalmente ha sido, y actualmente sigue siendo, deficiente en muchos aspectos, por lo que se me hace muy difícil pensar que realmente estemos preparados para asumir un rol profesional independiente de una forma verdaderamente responsable, que nos permita garantizar la efectividad, eficiencia y seguridad de las intervenciones que realizamos con nuestros pacientes/clientes. A continuación algunas de las cosas que he notado como estudiante durante las prácticas en centros de rehabilitación física de mi ciudad.
Si los terapeutas físicos empleamos agentes físicos (frío, calor, electricidad, ultrasonido, etc.), deberíamos entender la física del agente y cómo ésta afecta a la fisiología del cuerpo. Deberíamos entender qué propósito y efecto tiene hasta el último parámetro del aparato que usamos, y qué valores se utilizan en qué casos. Incluso si nos vamos por el camino fácil y escogemos uno de los programas predefinidos que vienen con el dispositivo (en el caso de la electroterapia, por ejemplo), deberíamos ser capaces de interpretar los valores del programa y entender por qué son utilizados. De otra forma, aunque suene feo, somos meros "enchufadores".
Si empleamos ejercicio terapéutico, cada sesión, ejercicio, nivel de carga o resistencia, serie, repetición y periodo de descanso debería tener un propósito específico; no bastan las prescripciones genéricas de "tres series de 10", "cuatro series de 20" o "15 minutos en la caminadora". En efecto, deberíamos diseñar los programas de ejercicio o acondicionamiento físico, no simplemente improvisar una rutina cada día. ¡Se supone que somos expertos en el ejercicio! Este punto, y también el anterior, se podría extender para cubrir otros tipos de intervenciones (por ejemplo, las terapias manuales) que realizan los terapeutas físicos.
Deberíamos llevar un registro detallado de todo lo que se le hace al paciente; generalmente dependemos de nuestra memoria o, peor aún, de la memoria del paciente (actualmente es muy común escuchar, "¿Qué estábamos trabajando con usted?" o "¿Qué le hizo mi compañero a usted la última vez?"). Agentes físicos, terapias manuales, ejercicio terapéutico, todo debería estar anotado, minuciosamente, sesión por sesión. Y no sólo qué se hizo y cómo, sino qué se logró con ello: si se obtienen buenos desenlaces, estos registros podrían constituir un sustento para seguir haciendo lo que hacemos, dado que la evidencia científica aún es escasa en nuestra profesión.
Deberíamos adoptar la costumbre de autoformarnos, mediante la lectura de libros, artículos, revistas profesionales, y al mismo tiempo dejar de ver a los cursos y seminarios como la única o la mejor forma de aprender algo nuevo. ¡Basta ya de depender totalmente del aprendizaje de boca en boca! Aunque esta educación autodirigida haga que la formación del terapeuta físico sea un poco más difícil, a medida que el profesional va ganando experiencia debería adquirir concomitantemente la capacidad para buscar, entender y usar el nuevo conocimiento por cuenta propia (a menos que se trate de técnicas que requieran adiestramiento de parte de una persona experimentada, por supuesto). Nuestra formación personal y el interés de nuestros clientes/pacientes deberían pesar infinitamente más que la posibilidad de adjuntar un nuevo diploma a nuestro currículum vítae.
Se supone que cuando una persona acude a un profesional (de cualquier campo) lo hace confiando en que el profesional tiene conocimiento y destrezas que ella misma no posee. Es difícil de creer que, con toda esa discusión de la independización de la terapia física, aún estén ausentes tantas cosas que, como profesionales, se supone que los terapeutas físicos hacen o saben. Como estudiante de una carrera que tiene que ver con el cuidado de la salud de las personas, me asusta la idea de que rutinariamente se dejen tantas cosas al azar en la práctica de la terapia física.
Debe reconocerse que de la mano de la independización de una profesión viene la complejidad, y que la responsabilidad acompaña a la profesionalización. Si rechazamos la complejidad perpetuamos nuestro estatus de técnicos, enchufadores, subordinados a otros.
viernes, octubre 02, 2009
Reflexiones en Octavo: Introducción
Como probablemente ya lo sepas porque lo he dicho en varias entradas anteriores, este será (si todo sale bien) el último semestre de mis estudios de pregrado.
Los sentimientos y las sensaciones que he experimentado durante estos cuatro años de estudios, en lo que se refiere a la profesión, a los profesionales y a mi propio desempeño, han variado desde lo sumamente positivo hasta lo desquiciantemente negativo; en este blog he compartido contigo muchísimas de mis percepciones, impresiones y opiniones sobre todo esto. En las seis semanas que han transcurrido de este semestre --el octavo y último--, algunos de esos sentimientos y sensaciones han alcanzado su mayor intensidad y relevancia.
Durante los siete semestres anteriores he conversado en incontables ocasiones con profesores y profesionales de la terapia física y la medicina, y todos esos intercambios han sido valiosísimos para mí. Recientemente conversé personalmente, como lo he hecho prácticamente todos los semestres, con un profesional de la terapia física a quien estimo y respeto muchísimo, quien siempre se ha mostrado interesado en conocer mis inquietudes sobre la carrera y a ayudarme a resolverlas. A él le he expresado, con regularidad, una buena cantidad de cosas sobre la terapia física que no me he atrevido a exponer a otras personas. Ahora, en este último semestre, quisiera discutir algunas de ellas contigo, estimado lector, y saber qué opinas sobre ellas.
Por ese motivo, a partir de este momento, etiquetadas con "Reflexiones en Octavo" y sin un orden particular, encontrarás varias entradas en las que manifestaré lo que ha estado rondando mi mente en estos días, los cuales, como espero, forman parte del último periodo que pasaré en las aulas como estudiante.
Los sentimientos y las sensaciones que he experimentado durante estos cuatro años de estudios, en lo que se refiere a la profesión, a los profesionales y a mi propio desempeño, han variado desde lo sumamente positivo hasta lo desquiciantemente negativo; en este blog he compartido contigo muchísimas de mis percepciones, impresiones y opiniones sobre todo esto. En las seis semanas que han transcurrido de este semestre --el octavo y último--, algunos de esos sentimientos y sensaciones han alcanzado su mayor intensidad y relevancia.
Durante los siete semestres anteriores he conversado en incontables ocasiones con profesores y profesionales de la terapia física y la medicina, y todos esos intercambios han sido valiosísimos para mí. Recientemente conversé personalmente, como lo he hecho prácticamente todos los semestres, con un profesional de la terapia física a quien estimo y respeto muchísimo, quien siempre se ha mostrado interesado en conocer mis inquietudes sobre la carrera y a ayudarme a resolverlas. A él le he expresado, con regularidad, una buena cantidad de cosas sobre la terapia física que no me he atrevido a exponer a otras personas. Ahora, en este último semestre, quisiera discutir algunas de ellas contigo, estimado lector, y saber qué opinas sobre ellas.
Por ese motivo, a partir de este momento, etiquetadas con "Reflexiones en Octavo" y sin un orden particular, encontrarás varias entradas en las que manifestaré lo que ha estado rondando mi mente en estos días, los cuales, como espero, forman parte del último periodo que pasaré en las aulas como estudiante.
jueves, septiembre 24, 2009
Cuando la experiencia se vuelve una muralla
Yo soy el primero en reconocer que tengo virtualmente cero experiencia tratando pacientes. En contraste, conozco profesionales que tienen muchos años de experiencia en el oficio de la terapia física; algunos de ellos tienen más años de ejercicio profesional que yo de vida. Obviamente, estos profesionales han atendido miles de pacientes más que yo, tienen muchas historias de éxito en sus registros, y han logrado sobreponerse a los errores y fracasos con los que se han topado en el camino.
Naturalmente, la experiencia que estos profesionales han amontonado les ha permitido desarrollar un criterio mucho más refinado que el mío para juzgar la utilidad de cualquier cosa, y esa capacidad les distancia claramente de mí en el ámbito profesional. Sin embargo, como un estudiante interesado en aprender todo lo que esté a su alcance, y que ve a los profesores y profesionales como guías, me llama la atención notar que hay profesionales que en lugar de utilizar su experiencia personal como un mapa para seguir explorando, descubriendo y aprendiendo, la utilizan como un ancla para establecerse y mantenerse en la posición en la que están.
La experiencia es algo que todos queremos acumular porque la consideramos en todo momento positiva: lo que hemos vivido, bueno o malo, siempre nos ayuda a mejorar. Pero la experiencia, desde mi punto de vista, se vuelve contraproducente cuando uno la emplea para construir una muralla que repele todo aquello que no esté en sintonía con lo que uno ha vivido y que ha logrado conocer. En mi opinión, la experiencia se transforma en un problema cuando, creyendo que lo ha visto todo, que lo sabe todo y que lo ha probado todo, uno llega a pensar que es imposible que exista algo que modifique, desafíe o contradiga lo que su propia experiencia personal le ha mostrado. Cuando uno utiliza su experiencia personal como un cerco, toda novedad, alternativa, propuesta o descubrimiento es menospreciado automáticamente si no coincide con lo que uno ha llegado a creer, moldeado por sus vivencias particulares. En este escenario, la experiencia propia pesa más que cualquier conocimiento foráneo, y ciertamente más que la experiencia de otros.
En contraste, lo que yo me propongo, ahora como estudiante y posteriormente como profesional, es usar la experiencia que acumule como material para construir nuevas edificaciones en mi conocimiento, pero también para tender rutas y puentes que lo conecten con el conocimiento de otros, en lugar de invertir mi experiencia para erigir murallas impenetrables que me aíslen.
Naturalmente, la experiencia que estos profesionales han amontonado les ha permitido desarrollar un criterio mucho más refinado que el mío para juzgar la utilidad de cualquier cosa, y esa capacidad les distancia claramente de mí en el ámbito profesional. Sin embargo, como un estudiante interesado en aprender todo lo que esté a su alcance, y que ve a los profesores y profesionales como guías, me llama la atención notar que hay profesionales que en lugar de utilizar su experiencia personal como un mapa para seguir explorando, descubriendo y aprendiendo, la utilizan como un ancla para establecerse y mantenerse en la posición en la que están.
La experiencia es algo que todos queremos acumular porque la consideramos en todo momento positiva: lo que hemos vivido, bueno o malo, siempre nos ayuda a mejorar. Pero la experiencia, desde mi punto de vista, se vuelve contraproducente cuando uno la emplea para construir una muralla que repele todo aquello que no esté en sintonía con lo que uno ha vivido y que ha logrado conocer. En mi opinión, la experiencia se transforma en un problema cuando, creyendo que lo ha visto todo, que lo sabe todo y que lo ha probado todo, uno llega a pensar que es imposible que exista algo que modifique, desafíe o contradiga lo que su propia experiencia personal le ha mostrado. Cuando uno utiliza su experiencia personal como un cerco, toda novedad, alternativa, propuesta o descubrimiento es menospreciado automáticamente si no coincide con lo que uno ha llegado a creer, moldeado por sus vivencias particulares. En este escenario, la experiencia propia pesa más que cualquier conocimiento foráneo, y ciertamente más que la experiencia de otros.
En contraste, lo que yo me propongo, ahora como estudiante y posteriormente como profesional, es usar la experiencia que acumule como material para construir nuevas edificaciones en mi conocimiento, pero también para tender rutas y puentes que lo conecten con el conocimiento de otros, en lugar de invertir mi experiencia para erigir murallas impenetrables que me aíslen.
sábado, septiembre 12, 2009
Estudiantes atendiendo pacientes particulares: ¡Es que la terapia física es fácil!
Nota: Lo que escribo hoy es la quinta parte de una serie de entradas que empieza con la introducción; por favor lee las entradas anteriores para que te ubiques en el contexto de esta discusión.
Desde que empecé esta serie, he conversado sobre este tema con unos cuantos profesores y ellos han coincidido conmigo al formular que un factor para que este fenómeno ocurra es el siguiente:
Si crees que la terapia física es fácil, es porque ignoras todas sus dimensiones. ¿Conoces realmente bien la física, la anatomía, la fisiología, la biomecánica, el comportamiento motor? ¿El desarrollo físico del ser humano? ¿La semiología, la patología? ¿La administración de pruebas ortopédicas y de pruebas estandarizadas de función, incluyendo su confiabilidad, especificidad, sensibilidad? ¿Todas las alternativas de intervención fisioterapéutica y las intervenciones médicas relacionadas? ¿Las mediciones de desenlaces (outcomes measurement)? ¿Los aspectos individuales, familiares y sociales de un paciente en condición de discapacidad? ¿La ley que rige el trabajo de los profesionales de la salud?
En definitiva, a todo estudiante, pero particularmente al estudiante que atiende pacientes independientemente, le pregunto:
Desde que empecé esta serie, he conversado sobre este tema con unos cuantos profesores y ellos han coincidido conmigo al formular que un factor para que este fenómeno ocurra es el siguiente:
Los estudiantes se lanzan a atender pacientes particulares porque piensan que la terapia física es fácil.Un profesor me decía que en la mentalidad de muchos terapeutas físicos, su trabajo es tan sencillo como el "1 + 1 = 2": Si el paciente presenta una molestia X, aplica el agente físico Y, y listo; no es necesario que pienses ni hagas nada más. Y no solo que piensan que el trabajo del terapeuta físico es fácil, sino que también piensan que es seguro e inofensivo: según ellos, difícilmente las intervenciones de terapia física podrán hacer algún daño en el paciente, así que pueden hacer lo que sea con confianza. Como he dicho anteriormente en otras entradas, esta mentalidad se ha arraigado también en los estudiantes, quienes confían desmesuradamente en lo que ven que otros hacen y lo duplican sin preguntarse si estará bien o mal: "No importa lo que se haga, lo importante es hacer algo" es el lema.
Si crees que la terapia física es fácil, es porque ignoras todas sus dimensiones. ¿Conoces realmente bien la física, la anatomía, la fisiología, la biomecánica, el comportamiento motor? ¿El desarrollo físico del ser humano? ¿La semiología, la patología? ¿La administración de pruebas ortopédicas y de pruebas estandarizadas de función, incluyendo su confiabilidad, especificidad, sensibilidad? ¿Todas las alternativas de intervención fisioterapéutica y las intervenciones médicas relacionadas? ¿Las mediciones de desenlaces (outcomes measurement)? ¿Los aspectos individuales, familiares y sociales de un paciente en condición de discapacidad? ¿La ley que rige el trabajo de los profesionales de la salud?
En definitiva, a todo estudiante, pero particularmente al estudiante que atiende pacientes independientemente, le pregunto:
¿HAS CAÍDO EN LA CUENTA DE QUE ESTÁS TRATANDO CON LA SALUD DE UNA PERSONA?
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